Guillermo Roldán - La calle ocupa 2 cuadras de Villa Albertina, su nombre fue impuesto con fecha 8-7-1997, por Ordenanza 3987.
El mito se detuvo en una calle
Los propios vecinos del sector pidieron que una arteria de su barrio llevara el nombre de esta gloria del atletismo localHabía nacido el 25 de septiembre de 1919 en Villa Nueva; a los 6 años se vino a vivir a Villa María, pero a los 32 volvió a su ciudad de origen.
Gustavo Ferradans (de nuestra Redacción) lo recordaba oportunamente de la siguiente manera: “Para todos, era Guillermo Roldán, y pocos conocían que su verdadero nombre era Ramón Servando Torres, aunque ese era solo para los trámites de rigor, porque para todos era simplemente “Don Guillermo”, o “El Negro”, según el grado de confianza.”

El Negro fue atleta y dirigente, uno de los fundadores de la Asociación Villamariense de Atletismo y también su presidente, desde 1982 (remplazó a Guillermo Evans) hasta su fallecimiento. Durante 63 temporadas se dedicó con pasión a ese deporte, recorriendo distintas provincias y varios países sudamericanos, que lo transformaron en una figura querida y respetada, apoyado en su particular humor.
También fue trabajador en la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos, durante 35 años, desempeñándose como técnico químico.
Además de dedicarse al atletismo, jugó al fútbol en Central Argentino y al básquetbol en el ya desaparecido Relámpago Basket Club. El atletismo lo atrapó con apenas 13 años y fueron innumerables las pruebas de pista y calle en las que participó, ganando, subiendo al podio o simplemente, llegando.
El Negro tuvo sus inicios en pista, en pruebas de medio fondo (800 y 1.500 metros) y luego pasó a las carreras de calle, donde se mantuvo hasta 1996, cuando le detectaron la enfermedad que derivó en su muerte.
En sus principios fue guiado por otra figura del atletismo de la ciudad: Juan Chiavassa, y compitió en esos tiempos con otros destacados como Pedro Requena o el craikense Tomás Palomeque.
Con 17 años, por el año 1936, participó de la Maratón de El Gráfico y, entre 800 atletas, llegó sexto, para sorpresas de muchos. En 1939, en Santa Fe, le ganó a otros atletas de renombre como Delfor Cabrera, Eugenio Guiñez y Armando Senzini, (representantes olímpicos en Londres 1948). En 1940 ganó las pruebas de 800 y 1.500 metros en Montevideo, corriendo para Gimnasia y Esgrima de Rosario.
Como veterano, fue campeón provincial, argentino y sudamericano, en las distancias de 3.000, 5.000 y 10.000 metros. Además, participó en competencias en Uruguay, Chile, Brasil, Paraguay y Venezuela. Pero sus logros fueron muchos más, quizás el más importante haya sido que fue amigo de todos. “Yo no tengo rivales, todos somos compañeros de sufrimiento” solía comentar.
Cuando alguien le preguntaba cómo era eso de su doble nombre (en los documentos era Ramón Torres y en cada carrera figuraba como Guillermo Roldán), ahí aparecía su chispa para responder: “Es que los negros famosos usamos dos nombres”. La historia real la descubrió al momento de enrolarse al servicio militar. Guillermo Roldán no aparecía en ningún registro y fue allí donde empezó a encontrarse con su verdadera historia, su real identidad.
Con un trabajo silencioso sembró atletismo, y los entrenadores y dirigentes de la actualidad son frutos de esa cosecha.
Entrar a su casa era encontrarse con trofeos repartidos por todos los rincones: “Ya no tengo más lugar, algunos los regalo, y otros, los menos importantes, tuve que tirarlos”, comentó alguna vez
Es que las copas y trofeos invadían repisas, alacenas, roperos y se los podía encontrar hasta arriba de un aparador o una heladera, de todas las formas y todos los tamaños.
Su memoria era privilegiada, recordaba marcas y registros de casi todos, sin importar si era conocido o un atleta casi ignoto, o un torneo local o internacional.
Su pasión por el atletismo fue tan enorme que muchos recuerdan que hasta los 31 de diciembre se iba a correr la prueba de “Los dos años”, en Río Cuarto, y empezaba el año corriendo, lejos de su familia.
Su humor era también una de sus mejores cualidades. “Esta noche hay fiesta negra”, señalaba con una sonrisa cuando invitaba a su cumpleaños.
Su última carrera fue el 9 de junio de 1996, en Marcos Juárez, en la 6ta maratón de los bomberos de esa ciudad. Fue cuarto, en la categoría Veteranos “E”, de más de 60 años.
Falleció el 25 de octubre de 1996.
Otra calle apropiada
Si bien los mapas de relevamientos catastrales indican que la calle en cuestión tiene algo más de 200 metros, al comenzar la segunda cuadra, su recorrido se ve interrumpido por una tranquera donde posteriormente se advierte una playa con numerosos camiones
