LUGARES - PASEOS - CALLES - HOY: DR CARBÓ
Honrar la vida...
La calle de solo cien metros está situada entre avenida Centenario y avenida Granaderos Argentinos, en barrio La Calera. Su nombre fue impuesto por Ordenanza 2.348, sancionada el 18 de diciembre de 1986Sebastián Carbó fue el primer médico estable que tuvo nuestra incipiente Villa, allá por 1886. Era oriundo de Barcelona (España), donde nació el 11 de septiembre de 1854.
Allí cursó sus estudios universitarios, graduándose como licenciado en Medicina y Cirugía en 1881, según un diploma otorgado por el Ministerio de Fomento de España, revalidando en la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Se radicó en Villa María en un momento muy especial: cuando la epidemia del cólera morbos causaba estragos aquí y en la vecina Villa Nueva. Fue por ello que tuvo la humanitaria tarea de luchar contra dicha epidemia que se sufrió por estas tierras entre los años 1886 y 1887.
Participó como un vecino más activamente en la vida social y comunitaria de la ciudad, alcanzando la vicepresidencia del club El Progreso.
Y fue él quien determinó las mejores condiciones de funcionamiento e higiene del lazareto y clarificó y asesoró al intendente de entonces, don Pedro Viñas, sobre la terrible enfermedad que sembraba dudas en el ámbito médico de la época. Su actuación en tan penosa circunstancia fue verdaderamente abnegada, sin discriminaciones y sin percibir remuneración alguna durante todo el tiempo en que se dedicó a ello. El otro médico que lo secundó en semejante tarea fue el portugués Dionicio Vaz y Elena.
Al concluir la epidemia, las autoridades destacaron su arduo trabajo profesional en la asistencia a los pacientes afectados.
Horacio Cabezas, en su “Nomenclatura ponderada de calles, espacios públicos y monumentos” lo recuerda de la siguiente manera:
“La Municipalidad, en nombre de la comunidad le entregó como presente un libro con placa de bronce grabada, con un centenar de firmas de los vecinos quienes suscribían un elocuente mensaje: “Los pueblos se dignifican rindiendo justo homenaje de gratitud a sus benefactores.
Las ofrendas sin valor real se justiprecian por el móvil que las determina, por su significado y su destino; esta importa a la justicia a que os habéis hecho acreedor con vuestra abnegación y filantropía. La gratitud, adhesión y simpatía que os dedican a dos pueblos que conservarán imperecedera vuestra memoria, expresión muy sincera de su reconocimiento por vuestro heroico y honroso proceder”.
Se lo designó ad honorem, médico municipal el 15 de junio de 1887. Posteriormente, se trasladó a la ciudad de Rosario donde falleció en el año 1922.
El cólera y el primer lazareto de la villa
En el año 1886 el pequeño villorrio, con menos de mil habitantes, sufría los lacerantes efectos de la cruel epidemia, la tercera que se registraba en el país. Alarmada por la inminente presencia del flagelo, que procedía, aparentemente, del puerto de Rosario y se propagaba al interior por medio de los movimientos del ferrocarril, la población, a instancias de las autoridades municipales, procedieron a blanquear con cal las casas, ranchos y edificios públicos y particulares, prohibiéndose expresamente arrojar a la calle basura o aguas servidas.
El 23 de noviembre de 1886, precisamente, la intendencia municipal convocó de urgencia al vecindario, y se dispuso el cierre de las escuelas y la fumigación de la estación ferroviaria y de los trenes que arribaran, en una jornada agitada que puso de relieve la justificada preocupación de las autoridades. Días después se dispuso la construcción de un lazareto, ubicado sobre la actual avenida Dante Alighieri al 281 (foto), para alojar a los enfermos.
Fue en ese marco que cobra gran protagonismo la acción profesional de Sebastián Carbó. Recién en el mes de abril del año siguiente, al cabo de cinco fatídicos meses, se dió por superada la cruel epidemia.
El ingreso del virus
Los primeros casos que se dieron en Rosario hicieron pensar que el flagelo había ingresado vía Paraguay, pero no fue así. Se comprobó que el mismo ingresó a través del transporte brasileño "Teseira da Freitas" que con 200 soldados para el Ejército aliado zarpó a fines de febrero de 1867 de Río de Janeiro y llegó a Goya a principios de marzo. Y desde la ciudad correntina, el mal se difundió por la costa mesopotánica. El primer intendente de Villa María, don Pedro Viñas, exigió ante la epidemia la fumigación de la estación ferroviaria y de los trenes que aquí se detenían, ante la férrea oposición de los funcionarios de la empresa británica propietaria del ferrocarril.
Si estas medidas de higiene no se realizan, advertía por entonces el intendente Viñas, “el vulgo (pueblo) pagará el tributo de sangre y quedará triunfante el cólera y los ingleses...”.
