La mujer que fue llevada a un geriátrico contra su voluntad, firmó un acuerdo para cerrar la etapa judicial
Con sabor amargo, Clarita Zárate le puso un punto final al conflicto
Después de casi tres años de conflicto, la mujer que casi pierde todo, hasta la libertad, firmó un acuerdo para cerrar la disputa con su hijo y con su nieta. En esta nota, nos cuenta detalles del convenio y las sensaciones que le dejó haber vivido “una pesadilla”“Quiero que todo esto termine para sentirme libre”, había dicho Clara Zárate (85) en una nota que publicamos en El Diario en julio de este año. “Todo esto” no era ni más ni menos que el conflicto judicial con su hijo y su nieta, quienes la llevaron a un geriátrico contra su voluntad. Clarita, como le dicen sus vecinos, estuvo internada y sin posibilidad ni de hablar por teléfono con nadie desde enero de 2021 hasta mayo de ese mismo año. Pudo salir de ese encierro gracias a la Justicia, que actuó por la denuncia de su hermana y los vecinos, quienes manifestaron la situación de la mujer.
Tras investigar y comprobar que no había ninguna razón de salud que justificara que Clarita estuviera en el geriátrico, la fiscal Silvia Maldonado ordenó que si era su voluntad, pudiera volver a su casa. Paralelamente, dispuso que la nieta y su pareja, desalojaran la vivienda del barrio Trinitarios a la que se habían mudado, aprovechando la estancia obligada de Clarita en el hogar para la tercera edad.
Esa fue una primera victoria de la abuela. Pero no pudo evitar sentir todo el peso de la derrota cuando entró a su casa y vio que los objetos que atesoraba ya no estaban. Desde vajilla a muebles, pasando por fotos y ropa.
Comenzó entonces una ardua tarea para que le fueran devolviendo sus pertenencias y al final, con algunos de los bienes recuperados, Clarita firmó un acuerdo para poner punto final al conflicto familiar que la dejó enfrentada con su único hijo y su nieta.
“Yo firmé y terminamos esto que lleva casi tres años, pero si me preguntás cómo me quedo después de toda esta historia, te digo que me quedo burlada, con un peso en el corazón que se me va a pasar el día que me muera. Se burló mi hijo y mi nieta, por quienes con mi marido, pobrecito, que en paz descanse, nos desvivimos para darles todo”.
“Le dije cuando firmamos que me hiciera una llamadita cada tanto. ¿Me llamaste vos? Él tampoco”, agregó.
“Siento, más allá de las cosas que perdí, que para ellos no valgo nada, para mis vecinos y hasta para los vecinos de mi hijo que me conocen, sí valgo, siempre me dan palabras de aliento. Pero para ellos, nada. Me hicieron pasar lo más horrible que le puede pasar a una persona”, dijo.
Las cosas y su historia
Clarita enumera cada cosa que tenía antes de que toda la pesadilla ocurriera. Al final, antes del acuerdo, faltaba que le devolvieran 17 objetos. “Me trajeron cosas, pero por ejemplo, me habían dejado sin vasos y me devolvieron vasos, obviamente que no los míos; pero los que me dieron eran juegos a los que les faltaba uno. Cinco copas, cinco vasos. Lo que sí me regresaron fue el farol y el calentador a gas, esos sí eran míos”.
Va repasando cada cosa que le faltó, comparando con lo que le devolvieron y contando la historia de esos preciados objetos, como una medalla de plata con la imagen del Sagrado Corazón en relieve que le había regalado su marido, o un cuadro que tenía un marco que a ella le gustaba mucho.
También habló de dinero, un dinero que tiene su historia. “Cuando me retiré de OCA, donde trabajé mucho tiempo, cobré unos pesos y en esa época compré 7.600 dólares. Costaba 3 pesos el dólar”, recordó.
Ese dinero fue usado por sus descendientes -sin su autorización- y en compensación le entregaron, al firmar un acuerdo, 100 mil pesos y se comprometieron a pagar seis cuotas de 25 mil pesos por mes.
Clarita seguirá adelante. Cose o teje cuando puede, lee y mira sus programas de televisión. “Radio no puedo escuchar porque me la llevaron. Una vecina me trajo una, pero no anda bien”, dijo.
Cuando la entrevistamos en julio, en el mes que anhelaba poner el punto final a la disputa judicial, dijo que quería terminar todo para avanzar con su vida: “Quiero visitar a mi hermana y a la familia de mi marido, pero para eso me tengo que sentir libre, poder cerrar todo esto”. Ahora cerró ese capítulo, aunque no pueda dejar de sentir el sabor amargo que le quedó después de vivir una pesadilla.
