A través de cámaras de seguridad se observa que dos hombres la cargan y continúan su trayecto

Tiene parálisis cerebral y le llevaron la “mesita” de su silla de ruedas

Angie tiene 13 años y cada vez que sale del Centro Educativo Terapéutico al que asiste es retirada por un remisero que la lleva a Ticino, donde vive. El martes pasado olvidaron cargar la mesa y desde entonces no la encuentran
domingo, 29 de octubre de 2023 · 08:40

“Estamos desesperándonos”, dice.

Ella se llama Juliana, tiene 31 años, vive en Ticino y durante la mañana de ayer habló de lo que ocurrió hace unos días, cuando una de sus hijas salió de la escuela.

Angie tiene 13 años y parálisis cerebral: de lunes a viernes, viaja 40 kilómetros desde Ticino hacia Villa María, donde asiste al Centro Educativo Terapéutico con Integración Escolar “Fundación El Principito”, en calle José Ingenieros al 559. En realidad, la traslada un remisero con el que tienen contacto desde hace siete años (y que, en ocasiones, también traslada a compañeros de Angie que viajan desde otras localidades).

 

El hecho y los aspectos de la mesa

El martes pasado, él la trajo a las 8 y media de la mañana y la vino a buscar a las 12. Subió a Angie en el auto y cargó la silla de ruedas. Cuando llegaron a Ticino, una hora después, él se dio cuenta de que no había cargado la mesa que se adapta a la silla de ruedas.

La mesa, de unos 60x70  centímetros, es de poliuretano reforzado y se adapta al tronco de Angie, que tiene escoliosis. Le sirve, entonces, de soporte para apoyar sus brazos, para comer y, sobre todo, para mantenerse erguida. “Ella continuamente lo está usando mientras está en la silla de ruedas porque si no se caería de frente. Sí o sí, la necesitamos”, explica su madre y añade que su hija la usa desde que tiene 11 y que, en principio, la seguiría usando por tres años más.

Y destaca que, aparte, se le incorporó un soporte “para un brazo articulado que es un panel de comunicación alternativa”, que le permite en sus terapias de fonoaudiología expresarse a través de pictogramas.

El remisero regresó a Villa María y, por la tarde, volvió a Fundación El Principito donde, creía, estaba la mesa. En el Centro Educativo Terapéutico no la encontraron. Decidieron revisar las cámaras de seguridad de la institución y en las imágenes vieron lo que había ocurrido: la mesa, apoyada sobre una planta, a menos de un metro de la entrada, había sido levantada y llevada por dos hombres que pasaron por la vereda, apenas minutos después del mediodía.

Los hombres, dice ella, son mayores y tendrían, por lo que vio, entre 30 y 40 años.

Por eso, en ese momento, Juliana no formuló la denuncia: pensó que, tal vez, quienes la llevaron lo hicieron pensando en que alguien la había dejado porque ya no le daba uso.

Pasaron los días, ella difundió videos en los que cuenta lo que pasó y todavía no ha recibido respuestas.

Desde el martes, cuenta, los días son difíciles. “Ella se ladea mucho. Está muy molesta sin la mesita”, comenta.

La mesa no tiene remplazo.?Sin embargo, por ahora, se las arreglan así: la sientan en la cama o en la silla de ruedas con muchas almohadas. De todos modos,?Juliana se preocupa porque Angie, al ladearse, se lastima con los costados de la silla, donde están los fierros a los que engancha la mesa.

“Se le van generando hematomas y eso puede que edematice”, menciona la madre.

Adquirir otro no parece ser una opción: no solo por el valor, sino porque, principalmente, la mesa ya está adaptada a la postura de Angie. “Adaptar una nueva es adaptar una silla completa”, expone.

Igualmente, si se habla del precio, aunque Juliana no sabe el precio actual, sí recuerda que hace alrededor de tres años, todo el juego costaba aproximadamente unos cuatrocientos mil pesos.

 

Formulará la denuncia

“Como no soy acá y no tengo un medio para movilizarme, después de la difusión esperé que le llegara la noticia de una manera u otra a estas personas para no generar la denuncia”, dice Juliana, que a la vez, cuenta que estudia Enfermería en Villa María y viaja a dedo.

Ella, agrega, habló con el remisero y él le contó del centro de monitoreo local. “Para poder acceder tenemos que hacer sí o sí la denuncia”, expresa luego.

Por lo pronto, de no haber novedades hoy, mañana formulará la denuncia en la Policía.

Por lo pronto, quedará a la espera y, quizás, la posibilidad de que los hombres le devuelvan la mesa. En realidad, mucho más: la posibilidad de sus días, esos a los que estaba acostumbrada. 

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