Día del Escribano - María Cristina Reale, medio siglo de escribana

“Si naciera otra vez, elegiría ser lo mismo”

La hija del escribano y vicegobernador de Córdoba, Ángel Reale, además de festejar este día, recibirá esta semana la Medalla de Oro por sus 50 años ejerciendo la profesión que heredó de su padre, su inspiración, y quien también llegó a esa cifra
lunes, 2 de octubre de 2023 · 09:57

María Cristina Reale, Milagritos, como le dicen desde el día que nació por ser sietemesina en tiempos en que nacer así era un verdadero milagro sobrevivir, es una mujer que proyecta amabilidad, educación, seriedad, tranquilidad, rectitud y a su vez... mucha buena onda.

Se recibió de escribana en septiembre de 1973. Desde ese momento comenzó a ejercer la misma profesión que su padre, quien además de ser su gigante mental, su adoración, le enseñó prácticamente desde niña lo que significa llevar a cabo con verdadero orgullo, transparencia y rectitud la escribanía, la misma que sigue ejerciendo hasta el día de hoy, a solo días de recibir un reconocimiento por sus 50 años haciendo lo que “de nacer otra vez, seguro elegiría ser lo mismo”, afirma convencida María Cristina.

 

De tal padre

“Soy escribana como mi padre, y mi hija es escribana como yo. Uno de mis más grandes deseos fue llegar a la misma cifra que él ejerciendo esta maravillosa profesión, y lo he logrado, y eso me hace muy feliz. Siento una gran satisfacción y orgullo de serlo. Mi madre por su parte fue abogada, así que tuve ambas visiones. Sin embargo, yo elegí el notariado”, expresó.

Estudió la primaria en la José Ingenieros y el secundario en el Rivadavia. La carrera la hizo en la Universidad de Córdoba, donde además de recibirse como notaria y abogada, conoció a Osvaldo, su pareja y esposo de toda la vida, con quien ha estado 51 años casada, y “quien siempre me ha apoyado con todo, y con quien he tenido un matrimonio maravilloso”.

Tuvieron dos hijos (contadores) y una hija, Cristina. Ella, quien con su juventud y dedicación introdujo la tecnología a la escribanía, es parte de la misma desde hace 14 años como escribana adscripta “y me pone contenta trabajar junto a ella”.

Es importante recordar que Ángel Reale, su padre, quien fuera dos veces vicegobernador de la provincia de Córdoba, fue el fundador de la escribanía, que el año entrante cumplirá 85 años de existencia.

“He vivido toda mi vida en la escribanía. Jugué de niña en ella, crecí en ella, viví y crié a mis hijos, y he trabajado toda la vida en ella. Nunca dudé en estudiar escribanía, yo tenía una gran adoración por mi padre, quien fue el ser más bueno que pisó la Tierra, y alguien muy respetado como escribano. Y todo ese afecto que sus clientes le tenían me emocionaba, y me inspiró a ser como él”, destacó.

María Cristina se emociona hablando de su progenitor, y confesó que “siento mucha emoción de cumplir los 50 años como escribana, y recibir la Medalla de Oro al igual que mi padre”, quien la recibió en 1989.

“Ese día fue muy jubiloso para él y toda la familia. Al poco tiempo murió de un infarto, pero falleció trabajando hasta el último día, brindando en una reunión de amigos, feliz de ser quien fue y hacer lo que hizo”, destacó.

María Cristina Reale trabaja feliz, orgullosa y con ímpetu en su estudio de la calle San Juan

Medalla de Oro

Este 6 de octubre María Cristina Reale recibirá su propia medalla. Medio siglo trabajando como escribana. Medio siglo “de una profesión hermosa, porque el escribano es un moderador, es el medio en un conflicto, ni defiende a uno ni defiende al otro, porque no toma parte y es totalmente imparcial. Y hay que esforzarse para lograrlo, sin favorecer a nadie. A mí me llena de satisfacción ser justa, estar justo en el medio, ser el equilibrio de la balanza”.

Explicó que, además de esta función, como escribana siempre ha tratado de mostrarle a ambas partes los pro y los contra de una situación, “siempre con evidencias. Yo he sido muy feliz trabajando como escribana, aunque ha cambiado mucho la profesión con el tema de la tecnología a partir de la pandemia, pero igual hemos tratado de adaptarnos. No ha sido fácil, pero ahí vamos”.

 

Nuevos tiempos

“En 50 años viví cuanto cambio de la economía hubo, y los infinitos cambios de la moneda. Pero, por ejemplo, cuando mi padre fue escribano el único cambio tecnológico importante que hubo fue pasar de una máquina de escribir Continental a una eléctrica. En cambio a mí me tocó el ‘desagio’, los cambios de moneda, la firma electrónica y ahora la digitalización. Y esto ha mejorado muchísimo nuestra labor, sobre todo porque se han agilizado los trámites”, detalló.

Expresó, sin embargo, que la tecnología tiene sus pro y sus contra, porque también se ha perdido el contacto humano, “y no siempre es ‘Juan le vende a Pedro’, ya que a veces necesitamos solucionar las cosas frente a frente con las personas”, expresó Milagritos, que precisamente una de las cosas que más le gusta de su profesión es hablar con sus clientes, y sobre todo escucharlos.

“La digitalización fue muy abrupta, casi salvaje. Todo ocurrió con la pandemia. Era un cambio que ya se venía dando, pero esa situación lo aceleró todo. No ha sido fácil cambiar, pero esto es irreversible, la máquina remplazó casi definitivamente a lo humano”, dijo.

 

Seguir trabajando

Hoy María Cristina Reale sigue trabajando, y disfrutando al mismo tiempo de sus nietos. Y seguirá haciéndolo hasta que pueda. Y ante la pregunta de qué es lo que más le gusta de su profesión, afirma que “lo que  más me gusta es el trato con el ser humano, no me gusta la parte comercial, sino más el derecho civil. Me encanta escuchar a la gente, hablar con ella. En mi casa se ríen y me dicen que por qué no pongo mi consultorio, porque somos un poco psicólogos los escribanos. Me gusta que la gente se abra y me diga lo que siente, porque así puedo ayudarla mejor. Esa parte me encanta”.

“Como escribana busco ayudar a la gente, darle una solución lo más justa posible” y, para finalizar, envió un mensaje a las nuevas generaciones de escribanos: “Les diría que sean honestos, que respeten a la gente y a sus colegas. Jamás pasen por sobre los demás, y menos por dinero. El respeto entre los seres humanos es muy importante. No hay que olvidar que el escribano es el depositario de la fe pública, y eso es un honor. Por eso debemos tener una conducta muy recta, porque ‘el doy fe’ es algo muy delicado”.