Conflicto Hamás - Israel - Patricia Quirelli de Ferreyra, vecina de nuestra ciudad, le tocó en pleno viaje estar allá
Entrar y salir de Israel en plena guerra
Conocida bioquímica y referente de un gym local, contó lo que fue vivir el ataque terrorista durante una visita a una familia amiga, también villamariense, viviendo días de mucho miedo, pero con la suerte de salir bien de ahíPatricia y su marido, Víctor, viajaron hace unas semanas a Madrid, donde él tiene familia. Ella siguió viaje a Israel para encontrarse con su amiga, Adriana, esposa del conocido Eduardo “Gordo” Cabral (que falleció hace casi dos años), y la familia de ella. Era la tercera vez en poco más de 30 años, desde que los Cabral se fueron a vivir allá, que los visitaba.
Jerusalén
“La idea fue hacer un crucero con mi amiga, que es como una hermana -y sus hijos y nietos, como los míos-, algo que planeamos desde hace mucho tiempo. Antes, viajé con su hijo Ariel (nota de redacción: les hicimos una nota publicada ayer) y dos hijos suyos a visitar Jerusalén. Nos tocó un día que estaba especialmente lleno de gente, porque era el Sucot, una tradicional festividad judía. Había un desfile de la alegría, con bandera de todos los países. Cómo son las cosas que algo presentí, porque en un momento pensé, y le dije a Ariel, que estaba nervioso, ‘imaginate si hacen un atentado acá’. Y mirá lo que pasó después”, expresó Patricia.
Señaló que, después de esos primeros dos o tres días en Israeal, tomó el barco con Adriana, su amiga, y todo muy bien. Hasta que, navegando por Grecia, se enteraron del ataque de Hamás, y a partir de ahí todo lo lindo y placentero del viaje se esfumó…, por completo.
Viaje en barco
“El barco estaba lleno de israelíes, así que se podrán imaginar la angustia, incertidumbre y el terror que ahí había. Se respiraba un aire de miedo indescriptible. Todos mirando en las pantallas de televisión y sus celulares esa matanza terrible, que para mí fue un genocidio. Las escenas me dejaron sin habla. Luego seguimos viaje. Teníamos que ir al puerto de Kusadasi, en Turquía, y de ahí a Haifa, en Israel. Hasta que anunciaron que los que teníamos como destino Haifa debíamos cambiar de barco, sin tener idea cómo era, para que el resto de pasajeros que no iba a Israel siguiera el crucero. No sabés el nerviosismo. Yo tenía que decidir si seguía el crucero o me iba con mi amiga de regreso a Israel, sin saber si luego podría salir del país o no. Obvio que me quedé con ella, hasta la muerte. Luego cambiamos de barco, que era más chico, donde nos recibieron muy bien y de ahí, a Haifa. Fue una angustia tremenda, no te lo puedo explicar lo que vivimos esos días, y toda esa noche navegando de regreso”, expresó.
Es importante contar que Patricia, cuando compró sus pasajes en Villa María, viajó hacia allá en Iberia, pero el regreso de Israel a España se los dieron por El Al, la empresa de bandera israelí. Y aunque en un momento dudó, porque no conocía la aerolínea bien, lo aceptó. Esto hizo que, más adelante, pudiera salir del país, que igualmente no fue fácil; quizá, de haber viajado en otra aerolínea, seguiría ahí. Incluso intentó en vano cambiar de vuelo para regresar antes y hasta pensó en ver si regresaba en uno de los vuelos de repatriados de Aerolíneas Argentinas, pero finalmente eso no ocurrió.
Otra vez Israel
“Llegamos a Haifa y todo en orden. Aunque después nos enteramos que al día siguiente hubo un importante atentado. Ya empecé con miedo. Después tomamos el tren para viajar a Modiin, donde viven los Cabral. Yo, con el corazón en la boca. Aunque no vi en el trayecto nada fuera de lo normal, sí vi mucha gente armada, porque allá muchos están armados por el mismo tema y porque todos tienen permiso de portación, ya que todos han hecho el servicio militar por obligación”, detalló.
Ruido de misiles
Una vez en Moddin, Patricia se quedó ahí con los Cabral, quienes le dijeron que mejor se quedara con ellos hasta que saliera su vuelo (aún tenía días para pasear, pero ya no daba por seguridad hacerlo, obviamente), y fueron tres o cuatro días. En vano intentó cambiar el vuelo para salir antes, pero lo bueno es que si una línea área salía y entraba del país era la israelí, que incluso trabajó el sábado (ella viajó el domingo), en el Shabat, el día en el que ninguno de los judíos trabaja.
“Todos me decían que buscara otros vuelos, pero fue imposible. Así que me armé de paciencia. Esos días fueron muy duros, se escuchaban todo el tiempo los misiles caer, impresionante, se oían como si cayeran muy cerca. Todo el tiempo esperando que sonara la alarma, y si llegaba a sonar, había que ir a los refugios. Me la pasé llorando, angustiada, y cuando me acostaba escuchaba los aviones de combate en dirección a la Franja de Gaza”, contó Patricia muy sensibilizada y aún con la angustia a flor de piel.
Expresó que estuvo siempre en contacto con toda su familia, con su marido y la familia que vive en España, y con su hijo Nicolás (el Fefe, crack e histórico jugador de rugby del Jockey Club) y Emilia, que lloraba mucho por el miedo, en Villa María. Incluso una sobrina que trabaja en Arabia Saudita estuvo a punto de ir a buscarla, “pero yo no me quería mover de ahí, yo no quería irme y abandonar a los Cabral”.
Por fin salir
El día de su vuelo de regreso, Ariel la llevó hasta Tel Aviv en auto. Contó que el viaje fue tranquilo, pero que el infierno llegó en el aeropuerto, “lleno a reventar, gente desesperada queriendo viajar, mucha angustia en el ambiente y yo con el corazón en la mano, con mucho miedo, queriendo irme de ahí, pero al mismo tiempo me quería llevar a mi amiga y toda su familia conmigo, porque no puedo concebir que sigan allá, pero allá es su casa”.
“Una vez que el avión despegó, que también había miedo y angustia de que nos impactara un misil o un atentado, porque era un avión israelí, miré por la ventana: ya caía la noche y se veían las luces de Israel atrás. De pronto, ¿viste como cuando vez las luces artificiales en el cielo? Pues eso vi. Pero era el escudo antimisiles (la cúpula de hierro) haciendo su trabajo, atajando los misiles de Hamás, ahí nomás lo vi, hasta el último momento, el peligro estuvo latente”, detalló.
Afortunada
Patricia sabe que tuvo suerte que no le pasó nada. Está consciente del peligro que vivió. Piensa que por una razón le tocó vivir lo que vivió y acompañar a sus amigos, los Cabral. Ha sido para ella una experiencia de vida extrema, para reflexionar y entender muchas cosas, sobre todo, “que lo más importante es la familia; en Argentina estamos mal, pero aunque hay muchas cosas que no nos gustan, tenemos paz, es muy diferente cómo se vive acá que ahí, en Medio Oriente. Somos afortunados”.
Para ella, el conflicto no es de la gente israelí y la palestina, sino que “ambos son víctimas de un grupo de terroristas que no quiere la paz. No sé. Es muy complicado entender esto, donde también está metida cierta política, pero existe. Eso sí, lo que yo vi, aunque sea en imágenes, y las sensaciones que viví allá, al ver las escenas de terror de este grupo sobre gente inocente, es algo inconcebible”.
“Ahora ya estoy tranquila con mi marido. Estaremos unos días más acá y luego regresamos a la Argentina. Quiero estar con mi familia. Esto que viví me ha hecho entender aún más el valor que tienen nuestros seres queridos. Quiero abrazar a mis hijos y a mis nietos”, concluyó.
