10 de octubre - Día de la Salud Mental
Para que una persona llamada “loca” tenga derecho a vivir en comunidad
Psiquiatra y consultor permanente de la Organización Panamericana de la Salud, el doctor Hugo Cohen es referente ineludible de la Salud Mental en América Latina. Habló de la actualidad de la Ley 26.657 y el desafío de la “desmanicomialización”Hace cien días, cuando se lanzaba oficialmente por Zoom el Foro Federal para la Aplicación de la Ley 26.657, Hugo Cohen pronunciaba estas palabras: “Cuando el año pasado nos reunimos, lo hicimos con la preocupación de que la ley no se cumplía, que existía un riesgo real de ser modificada o derogada. Y que, por lo tanto, debíamos juntarnos quienes la defendíamos”.
De hecho, el foro se inauguró con participantes de 16 provincias y se diseñó un “nuevo pañuelo verde”, solo que este lleva logo. Se trata de una flor multicolor compuesta por ocho personas tomadas de la mano; pétalos de una nueva margarita de inclusión y derechos. Sin embargo, en el mes de septiembre en Tecnópolis, la ministra de Salud Carla Vizzotti afirmaba que “la Nueva Ley de Salud Mental se aplica como nunca antes en Argentina” (Télam).
-¿Qué está pasando entonces? ¿Se aplica o no una de las leyes más importantes que supimos conseguir? Con esta pregunta, arranca la entrevista telefónica al doctor Hugo Cohen.
-Dentro de lo constatable, la ley no se está aplicando. Y tengo datos que lo confirman. Primero, en casi catorce años no se ha cerrado un solo manicomio en la Argentina. Segundo, el presupuesto de Salud Mental hasta 2023 del Ministerio de Salud fue del 1,6%, cuando en 2013 debió haber llegado al 10%, esto significa que tenemos un retraso de diez años y 9 puntos de presupuesto. Tercero, la ley establecía que el Censo nacional de salud mental debía hacerse cada dos años, y solo se ha realizado uno en 2019. O sea que nos faltan seis censos. Por último, hay un gran problema con los datos estadísticos.
-¿Qué significa?
-Significa que no se sabe a ciencia cierta cuántos centros comunitarios o de rehabilitación se abrieron o cerraron en todos estos años ni cuánta gente trabaja allí. Si querés información sobre camas ocupadas para personas con padecimientos mentales en hospitales generales, ese número tampoco existe. Y es imposible saber cuánta gente padece de depresión, trastorno bipolar o psicosis en Argentina. Sencillamente, no hay registro oficial del ministerio por ningún lado.
-Sin embargo, hay trabajadores que se han tomado la Nueva Ley como una cruzada…
-No tengas dudas. De hecho, conozco a mucha gente que trabaja muy bien a lo largo del país. Pero no lo hace por una política nacional, sino movidos por la vocación y el entusiasmo. Y eso está muy bien. Pero si ese fervor no se acompaña con una decisión política, se corre el riesgo de frustrar a los profesionales de la salud y que terminen abandonando. El componente fundamental es la decisión política. Y en estos 14 años, no la ha habido.
-¿Por eso surgió el foro?
-Totalmente. Nunca nadie lo planteó ni lo promovió así, como un espacio en donde no nos importan tus ideas políticas ni tu religión. Acá nos juntamos para defender la ley y que se ayude en su transformación. Porque los cambios de paradigmas no vienen solos. Eso fue lo que pasó con el HIV (sida), por ejemplo, donde hubo legislación, protocolo y mucha participación de vecinos, amigos, compañeros de trabajo y familiares de los padecientes. Ojalá pase esto también en Salud Mental tras este foro.
-Amén de la falta de presupuesto ¿qué otros puntos deben mejorarse?
-Sin dudas, la formación de profesionales. Hay que estar preparados para aprender cosas nuevas. Cuando fue lo del HIV había pánico, del mismo modo que si hoy entra una persona psicótica en un hospital. Pero hay que aprender a abordar una crisis de excitación psicomotriz como si fuera un paro cardiorrespiratorio.
Desmanicomialización y después
-¿De qué hablamos cuando hablamos de “desmanicomialización”?
-A ese neologismo lo creamos en Río Negro hace casi cuarenta años; y yo fui el autor del anteproyecto de la Ley 2.440 de la provincia, la primera en Argentina y en América con este enfoque. Y es muy importante no solo el “ahora”, sino también el “después”. Porque no se trata solamente de cerrar manicomios, se trata de un nuevo dispositivo conformado por visitas domiciliarias y apoyo a las familias. Y para eso, es necesario tener más centros de atención primaria con gente capacitada, disponer de más psicofármacos y personal que atienda en las urgencias, pero también de más camas en hospitales generales. Solamente construyendo este nuevo sistema, la desmanicomialización va a ser una realidad. Y ese es el mayor cambio cultural que una persona llamada “loca” pueda y tenga el derecho a vivir en comunidad. Pero no librada al azar sino atendida y apoyada con los recursos necesarios.
-¿Cómo incidió la pandemia en los padecimientos mentales?
-Los datos de la OMS demuestran que hubo un incremento de casos muy significativos en la pospandemia. Se incrementaron en un 25% los problemas depresivos, pero también aumentaron los intentos de suicidio, los suicidios consumados, los cuadros de angustia y los trastornos de ansiedad. Paradójicamente, el sector más afectado ha sido el de los trabajadores de la salud.
-¿Cómo está Argentina en el concierto americano de la salud mental?
-Trabajé quince años en la Organización Panamericana de la Salud, viví cuatro años en México, dos en El Salvador y casi un año en Washington. Y puedo decirte que, de acuerdo a las estimaciones, Argentina está mal. Pero hete aquí la paradoja: la ley que tiene nuestro país es una ley modelo en el mundo. Es avanzada. Pero cuando uno va a los números concretos, es decir cuántas personas padecen y cuántas han recibido atención, no existen de manera oficial o son muy malos. Se estima que hay un 70% u 80% de personas con algún problema de salud mental que no recibe atención en un año. Debe ser una de las áreas menos atendidas en salud pública. Pero hay una segunda paradoja.
-¿Cuál?
-Que nuestro país es uno de los que más psicólogos y psiquiatras tiene en el mundo. Tenemos más de 130 psicólogos y 13 psiquiatras cada 100 mil habitantes. A esto lo podemos comparar con los alimentos. Somos un país capaz de producir alimento para 400 mil personas y, sin embargo, tenemos chicos con severos problemas de nutrición. Es dramático.
Iván Wielikosielek, especial, para el Colegio de Psicólogos de Villa María
