“Veo que estamos en un declive”, dijo el sacerdote Lucchese.. “¿Cómo puede ser que existan problemas para comer?” en un país rico, planteó

El cura Pedro cree que hay que hacer un gran pacto social

Cuestionó el hábito de la dirigencia política de echar culpas a otros. Resaltó la falta de trabajo y de educación. Se mostró alarmado por el desastre ambiental
miércoles, 14 de septiembre de 2022 · 07:58

Preocupado y buscando tener esperanza. Así se lo vio ayer al sacerdote Pedro Lucchese a lo largo de más de 40 minutos de diálogo con El Diario, en la iglesia Catedral.

El cura observa una grave crisis nacional que no es solo económica e hizo foco en la educación y en la falta de trabajo.

Consideró que tendría que darse un pacto social grande y que hay que pensar en refundar el país. Dijo que la dirigencia política habla para “echarse culpas”, en vez de resolver los problemas del pueblo.

- ¿Qué es lo que está viendo?

- Veo una gran crisis, que no es solo económica y financiera. Es más profunda. Es cultural, moral; política, si se quiere.

“Se ven grandes inundaciones, grandes sequías; fuego, que algunos son intencionales, pero otros no. Hay derretimiento de glaciares. Surge claramente que no estamos haciendo bien las cosas”, expresó

Si uno lo mira desde una perspectiva meramente humana, es como decir “no tengo esperanza de cambios”.

Ves peleas entre dirigentes sobre quién tiene la culpa; hablan para echarse culpas, no para resolver los problemas.

Aquel que detenta un cargo público tiene que resolver problemas, no están allí para echarse culpas entre unos y otros.

Echan la culpa a quien gobernó antes; el que estuvo antes hizo lo mismo, hablando de las herencias recibidas.

Un político que quiere ser gobierno tiene que saber las situaciones que tendrá que asumir. Tenés que tener en claro el escenario. Lo sabe cualquier ciudadano, cómo no lo va a saber quien va a gobernar. Siempre estamos en estas coyunturas.

- ¿Qué cuestiones le preocupan?

- Que haya un avance sobre la libertad de pensar, aparecen cosas amenazantes en ese sentido. Esto de que quien piensa distinto es el enemigo.

Me preocupa la falta de trabajo, la inseguridad, la educación (se agarra la cabeza). Hacen pasar de año a los chicos sin que tengan los conocimientos necesarios. Lo que sucede en lo educativo deja a la persona en un estado de vulnerabilidad y de pobreza.

Muchas personas casi no saben leer ni escribir.

Pienso en la gran crisis de 2001 y siento que algo no se ha resuelto. No se genera trabajo genuino, tan necesario para que la persona pueda, por sí misma, resolver sus problemas, conseguir su casa, que no dependa de un plan y de punteros barriales.

- ¿Qué le expresan las personas que vienen a hablar con usted?

- He hablado con personas que dicen que pueden dar fuentes de trabajo, pero plantean que hay muchas leyes en contra.

En algún momento, el sindicalismo hizo mucho bien y amparó a las personas contra las grandes empresas, pero hoy habría que barajar y dar de nuevo. Las dos partes están como necesitadas: quien busca un trabajo, por un lado; y quien quiere darlo, pero quiere otras condiciones. Creo que hay que escuchar a todos y generar las condiciones para que se concrete esa intención.

Que este no lo jorobe al empleado, que no se abuse del trabajador, en la cantidad de horas y pagos; y que el trabajador no se aproveche con excusas para sacar carpeta médica.

Yo veo angustias por las situaciones laborales, por la precariedad.

- ¿Ve salidas?

- Habría que generar un pacto social, de encuentro, un pacto para que se refunde, no sé si es la palabra, el país. Así como están las cosas, ya no da.

En la crisis de 2001 surgió una oración por la Patria, que la rezamos siempre, y que tiene un contenido enorme.

Hace 20 años de esa gran crisis. No es poco: pasaron dos décadas.  No quiero ser pesimista, pero no veo que la cosa sea mejor. Veo que estamos en un declive.

Con el potencial de Argentina, tendríamos que estar en otra situación.

Pienso en las materias primas: leche, carne, trigo, se puede dar de comer a 400 millones de personas y no somos capaces de darle a 45 millones.

¿Cómo puede ser que existan problemas para comer, que haya entrega de bolsones de alimentos, comedores comunitarios? Son herramientas para un tiempo, no pueden ser eternas.

- ¿Tiene diálogo personal con dirigentes políticos?

- Nos conocemos, pero no hay injerencias. 

- ¿Por qué motivos viene la gente a hablarle?

- Vienen muchas personas con problemas de salud, que las desestabilizan emocionalmente. Piden la bendición, sentirse escuchados.

Por la pandemia, noté que mucha gente grande que estuvo sola quedó muy dañada. He notado ese deterioro que produjo el encierro.

- Ya que mencionó la pandemia... ¿Qué pensó ante el COVID?

- No creo que haya sido algo planificado, como creen muchos. Sucedió como ha sucedido, a lo largo de la historia, con otras pandemias. Me pareció muy bueno lo que se logró con las vacunas, porque a dos años de llegado el virus se está en una situación mucho más tranquila.

Los primeros tiempos fueron muy duros, lastimosos, con personas que no pudieron despedirse de sus seres queridos.

- ¿Qué siente ante el desastre ambiental?

- Es muy serio y grave. Hay que atender el planeta, es nuestra casa, es donde vivimos. Se ven grandes inundaciones, grandes sequías; fuego, que algunos son intencionales, pero otros no. Hay derretimiento de glaciares.

Surge claramente que no estamos haciendo bien las cosas.

Hagamos todo lo mejor para el planeta, para que sea habitable.

- ¿Ve que los gobernantes en el mundo estén haciendo cosas para detener el deterioro?

- Hay muchos intereses de los cuales les cuesta desprenderse. Normalmente, son económicos. Ojalá se llegue a tener políticas rápidas, concretas y enérgicas.

 

Rumbo a Santiago de Compostela

Junto con 25 personas de la comunidad, el padre Pedro se apresta a iniciar el camino hacia el Santuario de Santiago de Compostela, tercer lugar en importancia para el cristianismo después del Vaticano y Tierra Santa. 

“Ahora haremos el camino portugués”, explicó el cura ayer a El Diario.

En 2018, peregrinos de la Parroquia Inmaculada Concepción salieron hacia Compostela, España, realizando el trayecto de los 120 últimos kilómetros del camino francés.

“El camino francés es por el norte de España, de este a oeste. Ahora, el camino portugués es de sur a norte, y termina en Santiago de Compostela”, precisó el párroco.

 

Casi 30 años en la Catedral

Pedro Lucchese tiene 63 años y lleva 37 años como sacerdote de la Iglesia católica.

Hace 27 años que es el párroco de la Catedral, el templo mayor del catolicismo en la ciudad.

Previamente, estuvo tres años en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, en barrio Ameghino. También estuvo cuatro años en la zona de James Craik, Colazo, Pampayasta y en el hospital Vidal Abal, de Oliva; y tres años en pueblos como Ausonia, La Laguna, Pasco, Ticino, Las Perdices, Arroyo Cabral y Dalmacio Vélez.

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