En barrio Los Olmos, las mujeres de la Biblioteca Eva Perón y de otras organizaciones se unieron para dar respuesta y lucha a las graves problemáticas
“Esto ya no es una crisis socioeconómica, es integral”
Lo expresó Inés Rigaldo, una de las referentes del sector. Señaló que hay familias diezmadas por la droga. En el espacio se brinda alimento y contención a muchas personas
En Los Olmos, las mujeres de diversas organizaciones están unidas. La misión principal es sacar a los chicos y adolescentes de los peligros de la calle. También brindan contención y ayuda ante las distintas problemáticas que atraviesa la comunidad, que son muchas, y graves.
La Biblioteca Eva Perón está desde hace 26 años (en calle Aluminé 250). Inés Rigaldo es parte desde hace 23 años.
“Esto ya no es solo una crisis socioeconómica, es integral: hay ausencia de familias, que están diezmadas por el consumo problemático de drogas. Hay falta de empleo, de vivienda”, dijo Rigaldo, al recibir a El Diario junto a Patricia y Priscila, voluntarias del espacio (ver recuadro) desde el cual se realizan diversas actividades y que, en su momento, fue la casa de Los Dragones, conocida batucada de la ciudad.
“Por ahí, lográs contener a un chico, pero cuando llega a la casa se encuentra con una situación difícil. Y no hay laburo, la crisis laboral es muy importante”, confió.
Ante la “enorme demanda de viviendas, te encontrás con que no hay planes”. Sí hay programas provinciales, “como el Vida Digna o el Banco de la Gente, con créditos, pero es para emprendedores. El que no tiene nada, porque no trabaja, no porque no quiere, sino porque está atravesado por un montón de problemáticas, no tiene respuesta estatal”.
“Acá hay chicas atravesadas por la problemática de drogas, yo apuesto a ellas. Mi sueño no es tener una comunidad terapéutica; mi sueño es acompañar desde la educación, trabajo y vivienda”, declaró Inés.
Valoró el programa Acompañar -dirigido a mujeres y LGBTI+ en situación de violencia de género-, “pero dura 6 meses, y qué pasa después. Si tienen trabajo y quieren alquilar, te piden tres garantías, que ni la clase media obrera las tiene, o 100 mil pesos de recibo de sueldo, y muchas no tienen recibo”. Mencionó a las mujeres de más de 50 años que no tienen laburo, ni ningún ingreso fijo, lo que las lleva a seguir o a retornar a la casa donde sufren violencia.
“Se ha roto el entramado social, la articulación, la comunicación. No hablamos entre nosotros”, dijo.
¿Qué hacen cuando llega un caso de consumo problemático de drogas?
“Nos contactamos con comunidades de Buenos Aires y la Red Asistencial de las Adicciones de Córdoba (RAAC) de Villa Nueva, porque en este camino en el que estamos, encontramos a una chica de allí. Trabajamos muy bien con la gente de Villa Nueva, a diferencia de lo que sucede en Villa María. Una de las comunidades de Buenos Aires, La Razón de vivir, abrió sus puertas en Bialet Massé; es un programa que a muchos les salvó la vida, pero si no tenés plata, no accedés. En Florencio Varela está Elección de vida, en donde nos saben dar becas”, especificó.
¿Y Nazareth? La Casa Esperanza tiene un convenio con la Municipalidad, presenta centro de día en la ciudad y centro de noche en Villa Nueva, pero “este programa no es útil para todas las personas, como a no todos les resultan las comunidades de Buenos Aires”.
Por eso, Inés considera que se debe pensar, entre todos, cómo abrir el abanico y que funcione la derivación correcta hacia la institución adecuada para cada caso. “En Santa María de Punilla y San Francisco hay centros que dependen de la Provincia, pero no sirven para todos”, aseguró.
En este marco, resaltó que al Estado le cuesta más un pibe en la calle, que pagarle una beca para un tratamiento para recuperarse.
No titubeó en decir que “el Consejo Municipal de Adicciones de Villa María no existe, es un nombre nomás, con presupuesto”.
“Nosotros articulamos con el grupo No bajaremos los brazos, con familias autoconvocadas, y derivamos a los chicos. Y se traba con el RACC de Villa Nueva por no tener respuestas locales. Mientras que allá (en la vecina ciudad) la respuesta es inmediata, acá tenemos que esperar 15 días ante una situación de crisis”, reflejó.
Todos somos uno
Más allá de todo este contexto tan triste y alarmante -que se repite en numerosos barrios de la ciudad, tal como quedó expuesto en nuestra edición dominical del domingo sobre La Calera-, hay entusiasmo por la unión popular entre organizaciones.
A instancias de la directora del Centro de Promoción Familiar “Ana María Solís”, nació el proyecto Todos somos uno.
En este marco, resurgió la demanda de la batucada. Para esto, Inés se contactó con Sebastián Picatto (de música) y Vanesa Rodríguez (arte terapia), y se sumó la Escuela Folclórica Sueño de Tradición. “Hay que generar una comunidad unida, participativa, organizada, levantando la voz, para derribar, reducir o prevenir algunas situaciones”, sostuvo la referente barrial.
Apuntes. En la larga nota, quedaron resonando frases como estas:
- “Necesito que alguien tome a un chico que recibió tratamiento, para que pueda trabajar. Nosotros lo acompañamos en todo el resto, pero no hay estructura, no hay base sólida, no hay programa de responsabilidad empresarial. Le falta el empleo”.
- (Sobre otro joven) “Está en tratamiento, pero va a poder volver a boxear. Son chicos con potencial, deberían tener becas deportivas, pero no tienen trabajo ni asistencia alimentaria. Hay que implementar políticas para ayudarlos”.
Talleres, apoyo escolar, y el deseo de jugar al fútbol
Patricia Arce y Priscilla Barrera -joven expasista de Los Dragones- son voluntarias en la Eva Perón.
Junto a Rigaldo, hablaron del retorno de la batucada, ahora denominada Ave Fénix, tras el proyecto que presentaron en Extensión Universitaria y fue aprobado.
La comparsa (por entonces, Los Dragones) dejó de funcionar en 2015. “En vez de comprar un parche para un bombo, necesitábamos comprar para un plato de comida”, resumió Inés, sobre la razón principal que le puso puntos suspensivos a un proyecto de alegría y color que encandiló al barrio durante muchos años.
Priscila brinda el apoyo escolar a niños, niñas y adolescentes del sector, los lunes, miércoles y viernes por la mañana (van 15 personas) y por la tarde (asiste una treintena), con desayuno y merienda. También hacen cine, juegos didácticos y van a la cancha.
En el espacio, los lunes, miércoles y viernes se entregan viandas. En pandemia, llegaron a brindar 280 raciones, alcanzando a 85 familias.
Mejorada la situación sanitaria, “pero no la social”, empezaron a servir la comida en el lugar, pero han retornado a las viandas, de a 150 cada vez.
En la sede se brindan talleres de arte terapia, para educar en emociones, y hay talleres con las mamás: “Es importante educarlos para poder enfrentarnos a la vida. Cuando tenés a un niño preparado, es más fácil que pueda abrirse a contar lo que le pasa y que pueda tener más herramientas”.
Ahora se viene el taller de muñequería, y también hay capacitación en oficios de mujeres.
Fútbol. Este año, no han podido llevar adelante el proyecto de fútbol por falta de dinero para pagarle a un profesor.
