La construcción de la identidad, un eje imprescindible

Una jueza, una carta y un niño

martes, 30 de agosto de 2022 · 07:00

Claudia Mondino y su pareja adoptaron. Ellos, cuando se desarrolló la audiencia de adopción, le pidieron a la magistrada que incluyera en la resolución un párrafo dedicado a su hijo, en el que le explicara lo que estaba ocurriendo. Si bien en el juicio eso no pasó, el texto llegó algunos meses después

 

Era 2012 cuando Claudia Andrea Mondino y su marido, que vivían en la provincia de Buenos Aires, de donde es oriunda ella, se inscribieron por primera vez para adoptar. Tres años después, por cuestiones que no vienen al caso, se vinieron a vivir a Villa María y tuvieron que volver a hacer los trámites: esta vez se inscribieron en el Registro Único de Adoptantes, en la delegación correspondiente a la Cuarta Circunscripción (de las diez), que es la local.

La pareja ya había sido evaluada en?Buenos Aires para determinar si eran aptos o no de convertirse en familia por adopción. El equipo técnico que hace las evaluaciones en la provincia de Córdoba, y que está ubicado en la capital, no les aceptó aquella evaluación: consideraron que tenía que hacerse una nueva y que la tenían que hacer ellos.

Entonces, hubo que esperar.

“Córdoba tiene una forma muy particular y atrasada en las prácticas respecto a la evaluación. Es la única provincia en el país que tiene centralizado el cuerpo técnico en la capital. La gente pasa años esperando a ser llamada porque el cuerpo técnico no da abasto: tienen que acompañar en los procesos, tienen que hacer controles cuando llega la etapa del juicio, tienen que hacer audiencias”, contó Mondino.

Recién en 2018 los llamaron.

Obtuvieron el apto y siguieron esperando: su expediente, entre tantos postulantes, se carga en una red federal (llamada Red del Registro?Nacional), a la que tienen acceso jueces de todo el país. Esto tiene una explicación: a veces, en las provincias no hay postulantes para todos los niños que están en adoptabilidad.

Después, si en la red nacional no hay postulantes, se hacen convocatorias públicas.

En fin: en 2019, un juez cordobés le dijo a Mondino y su marido que sí, que era posible ser padres.

Cuando un juez elige un legajo, como les sucedió a ellos, se puede conocer al chico o adolescente: se lo conoce durante cierto período y, si el niño se adapta, se les otorga la guarda por seis meses.

Así, llega -tras dos informes de los equipos técnicos- el juicio de adopción.

Mondino, su pareja y el niño -que está por cumplir 6 años y que llegó a ellos desde una familia de acogimiento cuando tenía 2 años y medio- participaron de la audiencia el viernes 29 de abril.

La sentencia quedó firme hace poco tiempo y hace unos quince días pudieron ir al Registro Civil a inscribir al pequeño como su hijo.

Ahora, mientras, esperan la partida de nacimiento para hacerle el Documento Nacional de Identidad (DNI).

“El eje de la adopción son los niños y ellos necesitan saber con palabras simples qué está pasando, porque eso hace a la construcción de su identidad”, dijo Mondino.

Lo dijo porque en esta historia hay otra: antes de que se desarrollara la audiencia, le solicitaron a la jueza que, en la resolución, dedicara un párrafo al niño, que le contara lo que estaba ocurriendo.

En el juicio no se leyó ese párrafo.

En cambio, el miércoles 3 de agosto, les llegó una carta de la jueza que dice así:?“Mi nombre es Mariana Herce y soy la jueza que decidió sobre tu familia y sobre tu nombre. Te cuento que, en mi trabajo, tengo que decidir cosas sobre la vida de los niños y sus familias. Y que para hacer ese trabajo siempre me tengo que acordar que todos los niños como vos tienen derecho a vivir con una familia que los quiera y los cuide muchísimo. Pero a veces pasa que los papás que los tuvieron, no los pueden cuidar. Y entonces tengo que buscar a otra familia que sí lo haga. Por eso te cuento que, para poder hacer mi trabajo, tuve que conocer sobre vos. Así que leí todos los papeles que tengo de tu vida. En esos papeles, estaba escrito que cuando tenías 2 años, Claudia y Alejandro te recibieron en su casa y que desde ese día son felices, te quieren mucho y te cuidan. También hay otro papel, del día que viniste a Tribunales con ellos. Ese día contaste que tu nombre es “B”, y que Claudia y Alejandro son tu mamá y tu papá. Además, cuando ellos hablaron de vos, dijeron que te gusta mucho jugar, ir al parque y juntarte con amigos. Que te gusta ver a tus primos y a tus abuelos. También dijeron que vos sos su hijo, y que quieren que haya un papel que diga eso.

En mi trabajo, todo eso que nos contaron es muy importante, porque significa que vos los elegiste a ellos como mamá y papá y que ellos te eligieron a vos como hijo; y que todos están muy felices viviendo juntos. Por eso decidí que esto tiene que salir en un papel y en tu documento de identidad también, para que todo el mundo lo sepa. Ese papel ya lo escribí. Bueno, “B”, ahora sí me despido. Nos vemos!”.

Por lo demás, se podría pensar en esto que dijo el escritor argentino Ricardo Piglia:?“Escribir una carta es enviar un mensaje al futuro; hablar desde el presente con un destinatario que no está ahí, del que no se sabe cómo ha de estar (en qué ánimo, con quién) mientras le escribimos y, sobre todo, después: al leernos. La correspondencia es la forma utópica de la conversación porque anula el presente y hace del futuro el único lugar posible del diálogo”.

Mondino y Alejandro se la leyeron a su hijo. “En ese momento no dijo nada. Pero siempre, internamente, a él le pasan cosas”, comentó.

Quizá lo interesante siga siendo que la carta, aunque “B” ya la haya oído mientras su padre y madre se la leían, no dejará de estar más allá, en algún lugar del futuro al que podrá llegar, siempre que quiera recordarse: siempre que quiera preguntarse por qué, cómo, de dónde vengo, cómo es que estoy acá.

El pasado, por qué no, un lugar seguro.

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