Opinión - Abogada especializada escribe sobre las familias ensambladas
“Los tuyos, los míos y a veces también los nuestros”
Las bases de una buena convivencia entre padre y madre afín, se fundan en el amor y el respeto a los tiempos de los más chicosEscribe Laura Pedernera (*)
La sociedad va evolucionando y con ella las normas se actualizan para brindarle protección y oportunidades de progreso que exige por su propia naturaleza.
Por muchos años el ordenamiento jurídico se concentró en regular un modelo de familia tradicional formado por una madre y un padre e hijos/as; modelo que era el admitido social, cultural, moral y religiosamente. Sin embargo, la institución de la familia no fue ajena a los cambios evolutivos del siglo XXI, y hoy nos encontramos con que no solo hay familias creadas por una mujer y un varón unidos matrimonialmente, sino que también existen nuevos modelos familiares, como por ejemplo: personas en uniones convivenciales con hijos/as, hogares formados por una sola madre o padre, hogares formados por parejas del mismo sexo, cónyuges unidos matrimonialmente o de manera convivencial en los que uno o los dos tiene hijos/as fruto de una unión anterior que incorporan al hogar, conviviendo como una familia. Este último modelo es lo que se llama: “Familias ensambladas” y a ella me voy a referir.
La familia ensamblada es la conocida como: “Los míos, los tuyos y a veces también los nuestros”. Este tipo de familia tiene sus propias reglas. Por empezar, hay que saber que la madre y padre se convierten en madre afín y padre afín de los/as hijos/as de su pareja, por lo que estos hijos/as se denominan hijo o hija afín. Es lo que se denominaba “madrastra o padrastro”, calificativo que ha sido modificado por su connotación negativa; seguramente por los cuentos infantiles en donde la mayoría de las veces las madrastras son malvadas.
Así, este padre o madre afín deberá cooperar en el cuidado, educación, crianza en general y deber de alimentos en favor de los niños, niñas o adolescentes de su cónyuge o conviviente, teniendo en cuenta que es un deber subsidiario, ya que los principales responsables son su padre y madre biológicos.
La relación entre las madres o padres afín y el niño, niña o adolescente, se va afirmando poquito a poco a medida que se va estableciendo un vínculo de afecto y confianza. Ahora bien, hay que tener, fundamentalmente en cuenta, que para que esta relación sea buena y funcione, es esencial que el progenitor o progenitora intervenga para lograrlo; ayudando en la adaptación de los cambios, sin la ansiedad de querer que todo se “dé ya”, sino respetando los tiempos de la o el menor.
Por ende, el papá o mamá afín también deberá tener la paciencia de ir adecuándose a esta nueva familia para no crear rechazo en el niño, niña o adolescente, lo que podría generar el desmoronamiento de la familia ensamblada. La madre o padre afín, siempre debe tener presente que en definitiva, quienes tienen que superar sentimientos de miedo, tristeza o incertidumbre ante los cambios que implica la conformación de una nueva familia son los hijos o hijas. Por ello, una de las premisas para que la familia ensamblada funcione, es respetar los tiempos y trabajar las emociones a la hora de tener algún “chisporroteo” familiar.
No debemos idealizar con la familia perfecta, que todo será color de rosa. Hay que reflexionar que asumir el compromiso de formar una familia ensamblada implica un proceso de construcción que tendrá sus dificultades y crisis como parte fundamental de su evolución. Por eso, es importante acercarse a los hijos o hijas de la pareja paulatinamente, dándoles el tiempo que necesiten para entablar esta nueva relación.
En este tipo de familia es primordial el diálogo en la pareja para establecer reglas referidas a su funcionamiento. Hay que tener en cuenta que cada persona que integrará el grupo familiar viene con sus propias pautas; con lo cual es de suma importancia consensuar nuevas pautas que definan los límites. Es decir, establecer normas familiares, ya que ello le hará saber a la o el menor cómo puede desarrollarse en la vida cotidiana, lo que le otorgará sin lugar a dudas seguridad en su desenvolvimiento familiar.
Las reuniones familiares es otro factor indispensable. Debe buscarse un espacio en el que las personas que integran la familia ensamblada puedan dialogar, expresar sus inquietudes, sentimientos o contar sus vivencias diarias. Este espacio, que la madre y padre pueden organizar, por ejemplo; mediante una cena especial una vez a la semana, como “quien no quiere la cosa”; ayuda a mantener el diálogo, a expresarse, a dar explicaciones ante las preguntas que surjan, intentando formar un ambiente sin peleas o reprimendas, pero sí de reflexión y respeto ante las diferencias que puedan llegar a surgir. ¿Que si es fácil cuando estas diferencias surgen?, claro que no, pero está en las personas adultas respirar hondo y hacer bajar las revoluciones… ¿Compremos helado? ¡Es una de mis frases preferidas!
Al mismo tiempo, es indispensable que la pareja busque el momento de estar a solas, lo cual ayudará al fortalecimiento de la propia pareja y por ende el de toda la familia.
Es importante no hablar mal de la o el excónyuge o conviviente de tu pareja al frente de los niños, niñas o adolescentes. Bajo ningún punto de vista, es necesario expresar comentarios negativos sobre la mamá o papá biológico de los hijos/as de tu pareja. En todo caso, lo correcto es dialogarlo con la pareja en privado; de lo contrario, es muy factible que el niño, niña o adolescente sienta rechazo y lejos de sentir cariño por la nueva pareja de su madre o padre, le pierda todo respeto. Por lo tanto, si la o el menor de edad se manifiesta en contra de su madre o padre biológico o tiene que decidir algún asunto con respecto a él o ella, que lo determine por su propio motivo y reflexión.
En este mismo sentido, tampoco el padre o madre biológico debe hablarle mal a su hijo/a de la nueva pareja de su padre o madre. En este caso, lo único que conseguirá es crear malestar, angustia y confusión en el niño, niña o adolescente que con el paso del tiempo puede acarrear negativas consecuencias.
Dentro de una familia ensamblada es necesario diagramar dos tipos de actividades: una que involucre momentos de intimidad entre los hijos/as con su padre o madre biológica; y otra; en la que se incluya a todas las personas que integran la familia ensamblada para crear y fortalecer el afecto y cariño entre las mismas.
No manifestar preferencia por los hijos/as propios por sobre los hijos/as afín es otro de los tips recomendados. El amor y atención debe ser equilibrada para fomentar e impulsar la unión o amistad entre ellos/as.
¿Que si es sencillo formar una familia ensamblada? Y… habrá tanto momentos difíciles como maravillosos. La adaptación a la nueva familia depende de muchos factores, entre ellos, la edad de las hijas o hijos. Pero lo importante es mantener la comprensión, reflexión y paciencia para encaminar la familia ensamblada. Estoy convencida de que esos son los condimentos claves para lograrlo y darle a nuestros niños, niñas o adolescentes ejemplos de perseverancia, valores y principios que se forman siempre desde un único motor: “El amor”.
(*) Abogada especializada en Derecho de Familia, Niñez y Adolescencia, en Derecho Civil y Sucesorio
