En los barrios - San Martín

Aquella Villa Venecia

Sus límites son: bulevar Sarmiento, Porfirio Seppey, Buenos Aires, Monteagudo, San Luis, Gorriti, Santiago del Estero y Espora
viernes, 19 de agosto de 2022 · 13:41

La popular barriada, en su etapa fundacional, era llamada Villa Venecia, en alusión a la ciudad italiana, aunque los mayores espejos de agua no eran más que los mismos charcos que quedaban como resultado de la extracción y movimientos de tierra, producto de los asentamientos iniciales.

Uno de sus principales centros de recreación y esparcimiento es el de la plazoleta Gran San Martín

 En los años 30, comenzaron a desarrollarse los primeros intentos de urbanización. 

Los terrenos eran mayoritariamente propiedad de Francisco Acosta Olmos, adquiridos a doña Sofía Barrionuevo de González. 

El Jardín Maternal Municipal  “Las Ranitas Saltadoras”

La zona que iban a urbanizar constaba de nueve hectáreas, distante a unos 1.200 metros del actual bulevar Alvear y, aproximadamente, a 500 metros de Porfirio Seppey.

La Escuela Abraham Juárez, detrás de la Nicolás Avellaneda

El cordobés Acosta Olmos hizo una presentación ante la Municipalidad de Villa María en el año 1957, fijando su domicilio en el del escribano Rafael Quiroga y manifestando que, en el año 1930, había solicitado la aprobación de su loteo en "Villa Venecia", según plano aprobado en septiembre de 1930.

Ingreso al sector por la calle Mendoza desde Porfirio Seppey, la principal arteria de ingreso y egreso del barrio

La comuna, sin embargo, respondió: “No existe acta de aprobación del referido loteo”, plano que entonces habían firmado el ingeniero Branco, de Obras Públicas, y Santucho Peña como secretario municipal.

Otro espacio verde en el corazón del barrio: la plazoleta Paulo Freire

Según consta en el libro sobre la historia de la ciudad, de Bernardino Calvo, hubo una disputa entre la comuna y Acosta Olmos, propietario de casi todo el sector.

El barrio quedó conformado después de que Acosta Olmos pagara lo reclamado por la Municipalidad, que, a su vez, le exigió que dejara el espacio para calles y arbolado. Y?así, todo quedaría comprendido dentro de la zona más económica en materia impositiva.

Su centro vecinal, al lado de la plaza que lleva su nombre

Es un sector donde abundan los potreros utilizados por los chicos para la práctica de fútbol, donde las organizaciones avanzan para mejorar el sector y donde funcionan, para paliar algunas de las necesidades, entidades solidarias como comedores.

Un símbolo ineludible del San Martín: la Escuela Nacional 296, Nicolás Avellaneda, en la calle Buenos Aires

Jesús Chirino, historiador y vecino de ese mismo barrio, escribió, en su momento, en nuestras páginas, al recordar la historia: “Pensando la historia que conocí del San Martín, no puedo disociarla del nombre de muchos vecinos y vecinas (algunos ya no están) que sumaron sus aportes a la construcción de lo barrial. Luciano, con su almacén y bar en una esquina de la calle Tucumán, cerca del almacén de Oviedo; Goroso y su jardinera, tirada por un caballo, partiendo de su casa en la calle Mendoza para vender panes caseros; el gaucho Soria, con sus corrales y la carreta que sabía llevar a los desfiles; el Lito Carriazo, con su guitarra y sus inmejorables punteos; María Chirino y sus compañeros viajando a caballo hasta Luján; la pista para carreras de motos a la vera de la Mendoza; los Maldonado; los Oviedo, junto a los Lozano,  del San Martín Norte; don Rioja con su negocio cerca del Hospital; el Bocha Mazzini, por nombrar alguno de nuestros futbolistas; la querida Ema García, por hablar de alguien con gran sensibilidad social; el pibito Arancibia, con su andar tranquilo en la bicicleta; la quinta de los García; los Suárez; la querida Pirucha; la familia Delgado, que vivía al lado de los Molina, que, a su vez, estaban pegados a la placita que tiene un busto del Libertador; Arévalo, que, montado en su bicicleta con canasto, recorría el barrio vendiendo pescados; la Guicha, que vendía, a precio módico, la ropa que le regalaban; al Loro Guzmán, el agente de tránsito que enseñaba a manejar automóviles; Luis López, en cuya casa poníamos la música a todo volumen para que toda la cuadra pudiera escuchar (cómo olvidar la paciencia de doña Hortensia y la Negrita); Bracamonte, el boxeador; la carnicería de Avaca, la verdulería de los Scarponi, las familias Reinoso, López, Britos, Mangano y tantas otras.”