Invitan a una jornada de autoconocimiento - Mañana en el Teatro Verdi

“¿Quién soy y qué puedo hacer?”

Leonor Inés Pissanchi, una de las disertantes, se refirió a su ponencia y destacó la necesidad de mirar hacia el interior para poder así proyectar la existencia
viernes, 12 de agosto de 2022 · 08:49

Mañana en el Teatro Verdi (Hipólito Yrigoyen 318) se llevará adelante una “jornada intensiva de autoconocimiento” -según designaron desde la organización- denominada “Me estoy dando cuenta”.

Allí, especialistas en medicina, coaches y docentes, entre otros actores, llevarán adelante una serie de charlas apuntadas al autoconocimiento.

La actividad, que será presencial, iniciará a las 14.30 y se extenderá a lo largo del día.

En tal oportunidad estarán presentes Angel Adrián Fernández, coach ontológico, que brindará su disertación “El legado de mamá y papá”; Roberto Pérez con “La dimensión espiritual de la condición humana”; el doctor Fabián Santiago Meich con “Tu síntoma te delata” y Leonor Inés Pissanchi, que hablará de la psicogenealogía en su alocución apuntada a “Herederos de guiones”, entre otras intervenciones.

Las iniciativas también puede seguirse a través de la web y las entradas están a la venta.

Parte de lo recaudado será destinado a la Asociación Civil marplatense “Poniendo el Alma” (un hogar especializado en la primera infancia para bebes, niñas y niños) y Río de Luna, una comunidad educativa de Escuela Waldorf.

“La idea es que la persona salga del teatro siendo otra”, expresó Fernández, destacando la intervención que intentará hacerse sobre cada espectador.

Por su parte, Pissanchi, que es terapeuta transpersonal, dialogó con El Diario y brindó un adelanto de lo que presentará: “Voy a hablar de la memoria legado-familiar”, inició, y explicó: “(Esto) tiene relación con lo transgeneracional que -en el caso de todos los humanos- se transmite a través del óvulo: esto quiere decir que en cada generación tenemos la oportunidad de vivir las situaciones pasadas, por lo que repetimos patrones y conductas: entre ellas la violencia, el miedo al abandono, el miedo a la enfermedad”, entre otros.

La oradora ejemplificó: “Cuando te bautizan con el nombre de un ancestro, como tu abuelo (que sin dudas en un acto de amor), podemos pensar en qué se espera de vos y la carga emotiva que eso tiene”.

“Me toca la mejor parte porque voy a presentar el tema y después responder las preguntas de los presentes”, agregó.

 

- Hay una frase muy conocida que dice que el hombre nace libre, vive alienado y busca volver a la libertad... ¿Esto se relaciona?

-Eso es más filosófico, y tiene mucho que ver con arquetipos y conceptos culturales que hemos heredado.

Es algo que está bien desde la mirada sistémica, pero nosotros también lo tomamos desde la mirada biológica, no solo heredas un nombre y un apellido, sino también los miedos y los talentos de la familia.

 

-¿Cómo es la experiencia en el caso de los argentinos? ¿Es fácil dejar de repetir patrones?... Sabemos que hay una mirada por momentos pesimista

-El argentino nace desde el concepto de desvaloración más profundo. Hemos creado un país pensando en volver al origen. Ningún extranjero (referido a nuestros abuelos) vino a la Argentina para quedarse. Este no fue un lugar elegido para permanecer o dejar nuestros hijos. Eso hace que estemos atraídos por volver al origen, miramos mucho afuera y nos cuesta enraizarnos.

En este momento, los adolescentes, estarían siendo la primera generación que comienza a tener una mirada propia.

Nuestros ancestros vinieron corridos de las guerras, de una  situación de violencia, pero (el hecho de mudarse) no significa sublimar esa violencia ni que desaparezca, existen en las experiencias del inconsciente.

Cuando conciben hijos, ese escenario se vuelve a manifestar porque es transitivo, que  cambie de localidad no significa que deje de existir.

Esta generación, de chicos que están en la escuela, no tienen memoria de signos de violencia. (N. de la R.: la entrevistada se refiere a experiencias vividas por los mayores, tales como la crisis de 2001 y la dictadura cívico-militar, por ejemplo).

 

-En ese sentido, el país se puede pensar como un “no lugar”.

-Los chicos ya tienen una nueva información, que no es mejor ni peor, pero esta es para crear una realidad con una rutina de paz. Ellos no tienen memoria de violencia como tuvimos nosotros.

 

-De igual manera, mirar hacia adentro no es cómodo.

-Nadie llega hacia el autoconocimiento si no es por una desilusión o por una angustia, pero cuando llevás mucho tiempo que te duele algo, empezás a preguntarte si lo que te pasa no le pasó a alguien más. Ahí te das cuenta de que a tu papá le pasó, y también a tu abuelo, y durante generaciones llevamos el mismo miedo.

Nuestros hijos no han visto lo que hemos visto nosotros, por eso empezamos a poner nueva información. El día de mañana nuestro hijo mirará para atrás y se preguntará si el abuelo fue feliz, se enamoró o si trabajó de lo que le gusta. ¿Qué heredé, qué puedo hacer y qué voy a transmitir?