La declaratoria para que sea Monumento Nacional aún está en trámite
El Matadero y la necesidad de su patrimonialización
Como una de las joyas arquitectónicas villamarienses, diseñada por Salamone, es interesante detenerse y entender al patrimonio como un proceso cultural, como una construcción social en la que haya una valorización de la comunidad y no solo de la academiaEn la primera mitad del siglo XX, un hombre que se llamaba Carlos Urquijo permutó un lote con el Municipio, en cercanías de las playas de gravitación del Ferrocarril Central Argentino, en donde actualmente se encuentra el barrio Industrial. En 1933, el arquitecto ítalo-argentino Francisco Salomone había presentado un proyecto para que, entre otras cosas, se construyera un matadero. El 16 de febrero de 1936, el proyecto pasó a ser realidad: se inauguró el Matadero Municipal, con una ceremonia en la que participó el intendente de aquel entonces, Eugenio Parajón Ortiz.
El Matadero, como la Plaza Centenario -obra también de Salamone- serán, en breve, Monumentos Nacionales -la declaratoria, se estima, saldrá este año-. Ese es solo uno de los motivos para seguir hablando del Matadero, para seguir hablando de Salamone.
El primer matadero, el “fundamental”
Francisco Griotto, un arquitecto cordobés de 31 años, habló sobre este edificio y de su importancia por ser el primero de una serie que, después, Salamone realizó, principalmente en?el interior de Buenos Aires -como lo son el de Azul, el de Coronel Pringles, el de Guaminí y el de Villa Epecuén-.
Luego recordó que en 2014, la Comisión Nacional de Monumentos, con sede en Buenos Aires, estableció por decreto un listado con los mataderos, palacios municipales y portales de cementerios -sobre todo, las tipologías que Salamone trabajaba- de esa provincia y los declaró monumentos históricos nacionales. “Recientemente, ha resurgido el tema con una mirada más federal y se ha decidido incluir a las primeras obras; de alguna forma, las más importantes”, señaló. En este sentido, mencionó que, “lamentablemente”, la declaratoria -junto con la de la Plaza Centenario- llega “un poco tarde”. Y no es poco. Porque una declaratoria es una forma de patrimonializar: de generar procesos de producción cultural por los que elementos culturales o naturales son seleccionados y reelaborados para nuevos usos sociales.
Su valor arquitectónico
En otro punto de la charla, Griotto contó que en la década del 30 la ganadería creció de manera significativa y la tecnificación fue muy alta. Además, el matadero, al ser municipal, “debía responder al contexto de poderío económico que había”. A nivel arquitectónico, entonces, eso tenía que mostrarse de alguna forma: el art déco era la corriente.
En esta dirección, el profesional comentó que se trata de un movimiento de diseño -popular a partir de 1920 y hasta 1939- “futurista, de avanzada” que iba un poco más allá de los estilos canónicos de la época, como el neoclásico -un ejemplo de neoclacismo en Villa María es la Catedral-. Lo neoclásico, remarcó, “responde a órdenes de clásicos de la Antigua Grecia y de Roma y es un estilo que a la clase conservadora le gustaba”.
En tanto, el Art Déco tuvo su origen en Paris, y fue un movimiento que se expandió por toda Europa y las Américas, llegando a Argentina principalmente a través de las revistas de arquitectura y el cine de Estados Unidos, país en donde el Art Déco tuvo una gran influencia, principalmente en sus rascacielos, símbolos de lujo y modernidad.
Al respecto, rememoró que Salamone había ofrecido dos “vestidos” para el matadero. Uno era neocolonial, que remite, justamente, a la colonia. Y es “neo” porque está fuera de su tiempo, es anacrónico, está en el siglo XX y no en el XVII. “Tuvo mucho éxito en la década de 1910, porque representaba nuestros valores como argentinos; había una necesidad de buscar nuestra identidad en ese momento. Muchos críticos estaban investigando sobre ese tema y lo que buscaban era remitirse a la colonia, a lo español”, describió.
El restante era el art déco, que fue el elegido. Seguidamente, destacó que este movimiento de diseño hace un juego de escalonamiento de los elementos. “Es muy plástico; entonces engaña mucho a la vista. Parece, el edificio, más alto de lo que realmente es, porque tiende siempre hacia la verticalidad el art déco”, resaltó.
Este valor arquitectónico, junto con su valor histórico, tipológico y técnico, es lo que hace necesario su proceso de patrimonialización, entendiendo el patrimonio como un proceso cultural que se asiente en la construcción social.
