Lo que la pandemia dejó en niños, niñas y adolescentes, según lo que ve una especialista

Por el aislamiento, a púberes “se les hizo muy difícil volver a poner el cuerpo”

domingo, 17 de julio de 2022 · 09:21

Natalia Piraino es licenciada en Pedagogía (matrícula 325220), especialista en orientación vocacional, docente de procesos de inclusión educativa, y realiza atención a la discapacidad en INEDI. Con el retorno a las aulas tras el aislamiento por la pandemia observó distintas cuestiones que la preocuparon y la ocupan.

Sobre todo eso dialogó con El Diario.

-¿Con qué te encontraste en el retorno a clases presenciales?

-En los niveles iniciales lo que se puede ver principalmente es la no aparición o la escasa aparición del lenguaje hablado, esto es, niños que tienen 3 o 4 años y no utilizan el vocabulario para representar y representarse, sino que lo hacen a través de otras conductas y, también, por ejemplo, niños que llegan a los 4 o 5 años usando pañales.

Esto quiere decir que hay procesos psíquicos que tempranamente no llegan a desarrollarse y que ponen en cuestión el crecimiento mismo. Habla de dificultades que no son menores, al contrario.

-¿Qué se observa en la primaria?

-En general, lo que se observa es que se han incrementado las dificultades en el desarrollo de los procesos de alfabetización, tanto en la lectura como en la escritura. Hay muchos chicos que están cursando tercer grado y que todavía no se han “alfabetizado”, también los hay, pero en menor frecuencia, en sexto grado con dificultades más marcadas para el desarrollo de la lectura específicamente y menos dificultades para la escritura.

Entre los púberes que están en los últimos años de la primaria y los primeros de la secundaria, las dificultades se relacionan específicamente con la salida al mundo externo, es decir, con la pandemia hubo un gran repliegue hacia adentro y hace unos meses lo que veíamos era que a los púberes se les hacía muy difícil volver a poner el cuerpo por miedo, por vergüenza, etcétera. De hecho, en secundaria es en donde más deserción ha habido, un cuerpo que encima había cambiado y que se encuentra con irrupciones hormonales constantes, en donde hay que hacer algo con todo eso y que en lugar de compartirlo, de poder estar con otros en este momento, eso se ha vuelto un poco encima de uno mismo. Las afectaciones se han dado en ese nivel, en el reconocimiento del cuerpo propio y de sí mismo.

En este aspecto es fundamental trabajar sobre todas estas “modificaciones”, el bullying siempre estuvo, reconocer los cambios del cuerpo en algunos casos lleva a burlarse de otros como una manera defensiva de procesar las irrupciones en el cuerpo propio. Estas formas de operar de las personas se profundizan o acentúan más cuando la conducta social tiende en forma generalizada a fijar la mirada en las características y los cuerpos de otros a partir de ideales totalmente ilusorios e inalcanzables. Es una cultura que se volvió mucho más visual que auditiva y, por ejemplo, ya no escuchamos tanto al otro y como sociedad no estamos dando lugar a las diferencias.

-¿Qué se hace frente al bullying de acuerdo a lo que ves?

-En las escuelas lo niegan mucho. Debería haber programas de convivencia con seguimiento, que la temática atraviese todas las currículas, con programas de abordaje específicos y una implementación muy seria. Tiene que haber una decisión institucional y un seguimiento ministerial sostenido.

Como adultos tenemos que poder ser receptivos a lo que les sucede a los chicos y no hacer de cuenta que no pasa nada. Es importante que los adultos tomemos cartas en el asunto.

En los últimos años de la secundaria vemos esto mismo con más apariciones de episodios que se relacionan a trastornos de ansiedad, alimenticios y lo más preocupante es la recurrencia de los adolescentes hacia el alcohol para poder vincularse con otros.

-¿Cómo debiera actuar la escuela ante estas realidades?

-Me parece que el papel de la escuela debería abocarse sobre todo en poder desarrollar y potenciar las posibilidades que da el trabajo grupal, porque a los chicos les está costando trabajar en grupo. Poder enfrentarse a la opinión de otro sin que eso sea algo disruptivo, aprender a esperar, a escuchar, a delegar…

El otro punto se relaciona con la importancia que cobra la investigación y cuáles son las distintas formas de investigar,  ya que los chicos suponen que el conocimiento está en Internet y cuando quieren saber algo lo buscan en Google. Hay que desarrollar un pensamiento crítico, enseñar a descartar cosas, a que no todo ingrese.

Percibo que en la mayoría de las escuelas lo que se hizo fue suponer que no había pasado nada, es decir, no bajaron el nivel de exigencia y no solo eso, sino que supusieron que había que dar más. Como si se pudiera recuperar el “tiempo perdido”, como si el haber soportado estar adentro de sus casas cuando el mundo colapsaba no hubiera significado un gran aprendizaje, pero de otras cuestiones que tuvieron que ser incorporadas en donde la vida se ponía en juego con más relevancia.

Creo que no se dieron espacios para que pudieran hablar de lo que les había pasado, de cómo se sentían y de cómo se sienten, para que puedan poner en juego las angustias, las dificultades y tramitar duelos. Esto no tiene que ver con docentes y con las escuelas en particular, sino que es algo cultural, mucho más general, que se relaciona con los valores con relación a la productividad típicos de esta época y esto aplasta la creatividad en cuanto a capacidad para historiarizarse y construir proyectos de vida.