Rosa Santiano de Calderón apagó una velita más
Rodeada de afectos, Rosita festejó sus 101 años
Amigas y familiares se reunieron para agasajar a la cumpleañera, que se mostró sumamente emocionada por la celebración, los abrazos y el cariño que recibióGlobos, velitas, música, chocolate, masas y, por supuesto, una torta, fueron preparados ayer para una celebración especial: los 101 años de Rosa Santiano de Calderón, o Rosita, como la llaman todos los que la conocen.
Amigas y familiares se reunieron en el barrio Ramón Carrillo, en la casa de una de sus nietas, Fabiana, donde se organizó el festejo, para agasajar a la cumpleañera.
Fabiana contó que la celebración se hizo en su casa porque, en parte, era una sorpresa para Rosita, quien vive en el barrio Parque General Paz.
“Si lo hubiéramos hecho ahí, habría mucha más gente”, afirmó.
“Hoy cumplo 101 años, ¡qué les parece!”, exclamó Rosita, cuando recibió a El Diario en medio del festejo.
Cuando le preguntamos cuál había sido el mejor regalo que le habían hecho en este aniversario tan especial, respondió: “Todo lo que han hecho, que me hayan venido a ver, me gusta que se acuerden de mí”.
Después, todos le cantaron el feliz cumpleaños, mientras Rosita acompañaba haciendo palmas.
“Tengo la dicha de que en mis 101 años no hay una sola persona que no me haya querido, tengo la dicha de que soy querida por todos”, remarcó, con una emoción que la llevó al borde de las lágrimas.
Después, aseguró que se acuerda de todas sus amigas queridas, y prometió: “También me voy a acordar de ellas en el otro mundo”.
“Estas personas son todo para mí, es como si fueran hijos míos”, dijo señalando a los presentes, y les pidió: “Acuérdense siempre de mí, no me olviden”.
¿Quién podría olvidarse de Rosita? Si ella se acuerda de todos, de los que están y de los que ya se fueron.
Después de vivir más de 70 años en el barrio Parque General Paz recuerda los apellidos de sus vecinos, y a los hijos de los antiguos residentes, que quedaron viviendo en el barrio.
Pero también se acuerda de algunas características de ese sector de la ciudad que la cobijó en su llegada a la ciudad, luego de pasar su infancia entre Arroyo Cabral y Ausonia. Dice que, entonces, era un descampado con unas pocas casas, donde se organizaban campeonatos de fútbol, bochas y bailes.
Hoy, a pesar de los cambios, asegura que no cambiaría por ningún otro y ahí desea terminar sus días, en su casa de la calle Bolivia.
Tal como lo hizo el año pasado ante El Diario, Rosita reiteró que “no hay que olvidarse de los orígenes”, y que hay que “ser humildes, honrados, agradecidos y valorar la vida”.
También insistió en que hay que esforzarse en tener un arraigo, como una casa propia, un trabajo y el amor de una familia.
A pesar de haber perdido a su esposo y a su único hijo, a esta hija de inmigrantes italianos, que sostiene que no se arrepiente de nada de lo vivido, la acompaña una gran familia formada por sus dos nietos, Fabiana y Javier, su nuera, bisnietos y tataranietos.
“Agradezco a todos los que me conocen, mis sobrinos y cuñadas, muchas no están y me gustaría haber brindado con ellas. La vida me dio todo, soy muy feliz. Gracias a mi hermosa familia, que amo, y a mi vecindario, que adoro. ¡Vamos por más!”, enfatizó Rosita.
