Asentamiento Santa Clara, detrás del barrio Las Acacias - Más de 40 familias avanzan en la construcción de sus viviendas - No tienen servicios
Relatos del barrio popular que nació de la necesidad y la unión vecinal
A mediados de 2019 se inició el asentamiento en tierras “en donde no había nada”, al fondo de la ciudad. Hoy es un barrio ya registrado ante NaciónAtrás del barrio Las Acacias, ya crece a ritmo vertiginoso el sector que denominaron Santa Clara, en homenaje a Clara Ochoa, una mujer que falleció en octubre de 2019, a los 60 años, y que residía ahí cerca, en la calle Las Violetas al 400.
Ochoa era una militante peronista del sector, que veía cómo estas tierras se encontraban totalmente abandonadas, al final de la ciudad, en parte con basura, mientras muchísima gente renegaba y sufría por no tener dónde vivir.
Es así que a mediados de 2019 se desencadenó la ocupación de estos terrenos, por entonces a nombre de la Provincia - cedidos luego al municipio- pero con el uso, el control y el goce del predio en manos de Aguas de Villa María, la Cooperativa 15 de Mayo, que tiene en sus inmediaciones la planta potabilizadora.
Esa toma quedó luego suspendida porque en el sector hay perforaciones de agua, y la cooperativa prestataria de servicios habló de riesgos.
“Es un peligro. Hay normas legales que explicitan la distancia que tiene que haber entre perforaciones y asentamientos urbanos”, dijo Jorge Costa, el por entonces presidente de Aguas Villa María, a El Diario el 9 de agosto de 2019.
“Ya está todo ocupado, cada uno con su vivienda, avanzando lo que se puede. Estamos contentos, queriendo prosperar, si el municipio no da una mano sería buenísimo”.
Pasaron casi tres años desde ese momento, y hoy el sector está poblado. Se construyeron un montón de casas y otras están en ese proceso. Residen decenas de niños y niñas, que ayer caminaban por los caminos de tierra. Numerosos perros dormían tranquilos bajo el sol.
Cerca de dos semanas atrás, más de 40 familias concretaron trámites para la posesión de tierras y solicitud de servicios mediante un operativo de la Municipalidad y ANSES, a través de un dispositivo del Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap).
Por eso ayer, reinaba la expectativa entre las personas entrevistadas por este matutino.
“Vino gente de Anses y nos dijeron que con esto habrá posibilidades de tener servicios, pero no será este año”, dijo una mujer de 54 años, que desde hace dos años reside en el lugar, junto con su marido e hijo.
“Hoy la casa está un poco parada porque todo cuesta mucho. Tenemos dos dormitorios, baño, cocina- comedor. El techo es de chapa”.
“Fuimos de los primeros, estamos desde el principio. Un jueves vino la fiscal Companys, dijo que nos daba tiempo hasta el viernes para retirarnos. Le pedimos tiempo hasta el lunes, para ir a la Municipalidad, donde fuimos y nos cerraron las persianas. Llegó ese lunes y la fiscal no vino. Nos había dicho: Si no vengo el lunes, no vengo más. No volvió más gracias a Dios”, describió la vecina, contenta porque se los dejó seguir adelante con el asentamiento en tierras en las que no había nada, de nada.
Ella -prefirió que no publiquemos su nombre- es paraguaya, y contó que vino al país a trabajar. Su marido se dedica a la construcción. “Hoy está muy bien, lleno de trabajos en obras”, agradeció.
Contó que en el sector ya no hay terrenos libres, y que cada uno se hace su casa por su cuenta.
Unos metros después hablamos con una joven de 27 años. “Nos dijeron que en tres meses tendríamos los servicios. Habrá que esperar el certificado de posesión”, contó, y explicó que se asentó en el barrio hace 4 meses, junto con su pareja y sus dos hijos.
“Al terreno lo compramos. Uno que lo tomó, lo vendió; no tenía nada construido, a la casa la iniciamos nosotros”, reveló. “Hoy está un poco parada porque todo cuesta mucho. Tenemos dos dormitorios, baño, cocina-comedor. El techo es de chapa”, precisó mostrando el hogar.
Su marido es arenero. Previo a llegar al Santa Clara, ella vivía a cinco cuadras. Llevaba dos décadas habitando en Las Acacias.
A la vuelta de esta casa, Betty estaba en la vereda con sus tres nenas y no sabía de la posibilidad de contar con servicios y la posesión de la tierra. Se enteró de la novedad por este medio.
Vive con sus hijas, su hermano y su esposo, que es albañil.
“Hace tres meses que estamos acá, ni bien se hizo la casa nos vinimos antes de que entrara alguien. Mi esposo la está construyendo. No tiene revoque, no tiene casi nada todavía, el techo es vigueta. La compramos el año pasado, en septiembre, a un paisano que también la había comprado, en 180 mil”, confió.
Betty tiene 25 años, es de Bolivia y vive en la ciudad desde 2017. Buena parte de sus vecinos son oriundos del país vecino.
“Nos vinimos porque allá escasea el trabajo, acá hay trabajo suficiente, y podemos establecernos. Allá, si no es con banco, no puedes construir tu casa”, argumentó.
Le “encanta” Villa María. “Voy al centro, vuelvo, llevo a las chicas al parque, a las plazas”, comentó.
Sobre la calle en que comienza el asentamiento, vive Rolando junto con su pareja y sus hijos. Son de los primeros pobladores.
“Ya está todo ocupado, cada uno con su vivienda, avanzando lo que se puede. Tenemos noticias buenas porque vendrían a medir las calles, a poner luz, agua, así nos avisaron desde el MuniCerca, y la gente de la Anses nos habló de la posible posesión de tierra”, relató. “Estamos contentos, queriendo prosperar, si el municipio no da una mano sería buenísimo”, agregó.
Tras indicar que “conseguir comprar un terreno es muy complicado”, dijo que le vendría muy bien tener ladrillos para avanzar con su hogar, en el que viven sus tres niños.
La familia está muy golpeada por la reciente muerte de su pequeño bebé.
Rolando trata de escapar de la dolencia de un riñón. “No puedo laburar pesado un mes de manera continua porque siento mucho dolor. Tomo agua de manera abundante. Laburo en construcción, hay trabajo, pero el problema es que tengo que descansar sí o sí una o dos semanas cada tanto, por mi enfermedad en el riñón”, describió.
