Acá a la vuelta, nomás, habita la solidaridad
Leche, pan, fideos, azúcar... “Si necesita, lleve sin cargo”
El mercadito de Don Piazza, en el barrio San Justo, tiene varios años, décadas... Son sus nietos quienes lo abren cada jornada en la actualidad, con promociones, como todos, aunque con una oferta que va más allá...“Quién dijo que todo
está perdido
Yo vengo a ofrecer
mi corazón”
Fito Páez
Cuando mi mamá me mandaba a comprar a la despensa, que por entonces estaba en Viamonte y Ramos Mejía, abría el monedero, miraba su interior y me decía: “Mejor, decile a Don Piazza que lo anote”...
Después, el establecimiento se mudó al 1906 de Ramos Mejía, casi en la esquina con Ituzaingó. Se agrandó. Es un supermercadito tirando a supermercado, bien puesto. Pero mejor puestas tiene las ideas los nietos de Don Piazza, que la semana pasada decidieron poner junto a una góndola un “Carrito solidario”.
Nos lo contó un lector, como muchísimas veces ocurre. Y allá fuimos. Detrás del mostrador están Analía, Loló y Gabriel.
-¿Cómo comenzaron con todo esto?
-Empezamos nosotros. Pusimos algunos artículos de primera necesidad y, hasta ahora, nunca se vació...
-¿Cómo se mantiene?
-Los clientes viene por ejemplo a comprar yerba y, de paso, compran un paquete de azúcar y lo dejan en el carrito. No es dinero lo que dejan, sino algún producto; casi siempre se trata de alimentos no perecederos.
Existe una frase que algunas personas atribuyen a Pablo Neruda, otras se la adjudican a Ernesto Guevara y así. La frase dice: “La solidaridad es la ternura de los pueblos”. Y ese pensamiento es el que viene a la mente cuando se aprecia la sentida ocurrencia de quienes atienden el local y sus clientes.
Se va manteniendo
“Nosotros lo empezamos a la mañana con pan, leche... y después se va manteniendo, porque la gente se siente bien participando de la idea y nadie se aprovecha”, comentaron.
Y agregaron: “Acá tenemos clientes que viene todos los días con las monedas justas, entonces no resulta raro que alguien te diga que le alcanza para el queso, pero no para la crema... Igualmente, se va con la crema y con el queso”.
Y así como se va manteniendo el contenido del Carrito solidario, se mantiene flotando en el ambiente el espíritu del almacenero del barrio que apuntaba en la libreta el nombre de los productos, al lado de cada uno el precio y al final trazaba la línea bajo la cual figuraba el monto que pasábamos a adeudar hasta que cobrara mi viejo.
Está claro que hay noticias que nos gusta escribir más que otras; posiblemente, con la ilusión de que los gestos que encierran se multipliquen.
Que así sea.
El hijo de Chiche y Berto
