El comedor Caritas Felices de La Calera celebró sus 10 años

Entre la alegría de ser comunidad, y la tristeza por las necesidades

“Mi sueño es que puedan comer en su casa, pero estamos muy lejos de eso”, dijo Marisa
domingo, 5 de junio de 2022 · 09:30

Cuando Marisa Sánchez, Silvia Clot y Luisa Cabrera comenzaron con la copa de leche hace diez años, no imaginaron que el espacio duraría tanto.

Y duró porque persistió la necesidad de muchas familias del barrio La Calera, y porque la solidaridad nunca se cortó.

Por eso ayer, al celebrar diez años del comedor Caritas Felices, se mezcló la gran alegría de festejar y de ser comunidad, con la tristeza por las razones de la permanencia del lugar: 76 niños y niñas del sector dependen de la cena diaria aquí, en las instalaciones de calle Juárez Celman 842, de lo contrario muchas veces pasarían hambre.

Viviana Almada lleva ocho años como colaboradora permanente del comedor, y una de sus hijas cena allí. “Esta es una de las etapas más difíciles”, confirmó ante la consulta de El Diario, cuando el festejo estaba por concluir.

“Nos faltan donaciones. Antes teníamos muchísima mercadería y ahora nos cuesta más”, contó, pero se mostró muy agradecida a todas las personas de la ciudad que llevan comida. También agradeció al municipio.

Viviana llegó al Caritas Felices cuando su hija de 4 años le avisó que iría a la copa de leche del barrio. Entonces ella quiso saber quiénes estaban detrás de este proyecto solidario y se quedó para colaborar. Hoy su hija tiene 14 años.

“Falta trabajo. En estos barrios te das cuenta lo que falta. Y acá tratamos de contener a los chicos, a veces vienen medio mal y te lo cuentan”, comentó Viviana, quien también resaltó momentos muy lindos del grupo unido. “Tuvimos épocas de viajes, fuimos a Córdoba, Buenos Aires, Alta Gracia, acá a Yucat, todo fue hermoso”, resaltó.

Marisa Sánchez, la referente del comedor, dijo a este diario que siente “mucha emoción” por el aniversario. Contó que estuvo nerviosa toda la semana porque las donaciones para la celebración llegaron de a muy pocas, hasta que el viernes y ayer mismo la solidaridad explotó. “Nos llovieron las cosas”, valoró y expresó mucho agradecimiento. “Vino la gente de La Fraternidad y nos trajeron azúcar, leche, arroz, fideos, aceite, de todo, ahora tienen para comer toda la semana”, valoró.

Además de los 76 pequeños que cenan de lunes a viernes, el espacio entrega 12 viandas a adultos y niños y niñas con alguna discapacidad. “Vienen del Nicolás Avellaneda, San Nicolás y el Felipe Botta a buscar comida”, precisó Marisa.

“La situación está más o menos, nada buena. Mi sueño es que puedan comer en su casa, pero estamos muy lejos de eso”, admitió, y ante la consulta explicó que la mayoría de los niños están con sus madres, sin padres, ellas hacen changas y sobreviven con la Asignación Universal, “y como son familias numerosas, se complica”.

Al festejo llegó el intendente Martín Gill, quien junto con Marisa cortó la torta de un cumpleaños muy particular, que refleja todas las desigualdades.