Gustavo Vilche y Santiago Bravo | Bomberos Voluntarios de Ausonia

Una mezcla de emociones

Como esposa y madre de bomberos, María Inés Bravo se debate entre la satisfacción y el orgullo por la ayuda desinteresada que brindan su marido e hijo, y el miedo de lo que pueda ocurrirles en esa actividad
jueves, 2 de junio de 2022 · 10:10

Con dos bomberos en casa, María Inés Bravo, esposa del subjefe del cuartel de Ausonia, Gustavo Vilche, y madre del bombero Santiago Bravo, asegura que el día a día es agitado.

“Suena la sirena y nos alarmamos todos. Yo corro a abrirle el portón para que salga más rápido con el auto, si está acostado le busco la ropa, es como que nos aceleramos todos. Además, es tener siempre la preocupación de que se cuiden, que no les pase nada, se vive con adrenalina”, sentenció.

“A mi marido lo conocí siendo bombero, y hace más de 20 años que está en el cuartel, mi hijo empezó a los 13 años, ahora tiene 22 y ya se recibió, aunque siempre van a cursos a capacitarse. Ambos trabajan, pero cada vez que el empleo se lo permite, están todo el tiempo en el cuartel, para ellos su vida son los bomberos y el cuartel es su segunda casa, tal como lo describen”, agregó.

“Los dos dejan todo por los bomberos. Sienten pasión por esa profesión, cuando suena la sirena no hay cansancio; sea a la hora que sea, si tienen que salir no les importa nada. Salen aún enfermos, son muy serviciales”, dijo María Inés a la hora de describir a su marido e hijo.

“En el Día de los Bomberos mi mensaje es que siempre voy a estar para ellos, para lo que necesiten, que siempre los voy a apoyar, que sigan así, para adelante, ayudando al prójimo, capacitándose siempre y haciendo lo que más les gusta, que es ser bomberos. Les deseo lo mejor, cuídense, los quiero mucho”.

“Por un lado, me parece bien que vayan a ayudar a otros, sea del pueblo o personas que pasan por la ruta, es un orgullo que mi marido y mi hijo dejen todo en eso. Pero, por el otro lado, está el miedo de que les pase algo por ayudar, por eso cada vez que salen, hasta que no vuelven, no duermo, no me quedo tranquila”, afirmó.

“Es una mezcla de emociones, de momentos que me ponen feliz y de miedos… cuando suena la sirena y salen, solo les pido que tengan cuidado y les deseo suerte”, completó.

“La familia tiene que ser un gran sostén para el bombero, a mí me tocó cuando vino una inundación grande al pueblo, ellos necesitaron mucha contención, porque llegaban amargados, con la carga de los problemas que había en el cuartel. Recién ahora estoy aprendiendo a apoyarlos, al principio me enojaba que estuvieran todo el tiempo en el cuartel y no con la familia, recién ahora entiendo que hay que acompañarlos con todo lo que arrastran”, remarcó.

“Los momentos más difíciles de la profesión para mi marido fueron cuando hubo una inundación grande en Idiazábal, donde estuvo tres días; también cuando se fue a los grandes incendios de las sierras, y por el accidente de auto que tuvo un compañero suyo. En esos momentos hubo que contenerlo. En cambio, mi hijo todavía ha salido poco, al ser nuevo. Pero no todo es malo, también hubo momentos felices con esta profesión, relacionados con mejoras o logros en el cuartel, o cuando rindió bien mi hijo”, señaló.