La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación otorgó la pensión graciable instituida por ley
Respuesta positiva para quien reclamó por sus condiciones de detención
Condenado por tribunales civiles durante la última dictadura, estuvo detenido como preso políticoLa Secretaría de Derechos Humanos de la Nación resolvió otorgar al villamariense Ernesto Mercadal una pensión graciable a instancias de lo que establece la Ley 26.913, la que instituyó un régimen reparatorio para las personas que fueron privadas de su libertad durante la última dictadura cívico militar “por causas políticas, estudiantiles o gremiales, o por cualquier otro motivo violatorio de los derechos humanos amparados constitucionalmente”.
La cartera nacional dio por acreditado que el hombre, condenado por tenencia de arma, estuvo detenido bajo características de presos por causas políticas.
Mercadal había salido en El Diario el 3 de abril pasado, visibilizando que no tenía respuestas a su planteo, lo que finalmente se logró.
El vecino “comenzó un proceso a partir de 2014, cuando solicitó la pensión graciable, oportunidad en la que envió pruebas que resultaron no ser suficientes”, narró la abogada Iris Peralta, quien el año pasado asumió el patrocinio de Mercadal con el objetivo de poder obtener una respuesta favorable a su planteo.
Al asumir, “nos enfocamos en encuadrar el caso basándonos en que todo aquel que ha sido dispuesto por el Poder Ejecutivo y teniendo prisión política, estudiantil o gremial es merecedor de esta pensión”, explicó en la Redacción de este matutino.
Precisó que Mercadal “fue detenido en condición de civil y juzgado por los tribunales civiles, pero gozó de esta calidad de detenido especial”.
Desde la cárcel local, durante la dictadura, el hombre fue trasladado al Cabildo de Córdoba, en vez de la Cárcel de Encausados, y estuvo preso en ese lugar.
“Se buscaron pruebas sobre su detención. No había mucho, pero hallamos fotografías prontuariales en el Archivo Provincial de la Memoria. En plena pandemia fuimos a visualizarlas. Al haber encontrado copia del expediente (por el cual fue juzgado) en el archivo de Tribunales de Córdoba, fue remitido a la Dirección de Políticas Reparatorias”, repasó Peralta.
En un sótano
“Fue una prisión política”, dijo Mercadal, quien por entonces ya era profesor de Educación Física.
“Estuve en un sótano con todas las limitaciones. Estuve 22 meses en depósito para ir recién a Tribunales a que me informaran de mi situación”, recordó.
“Cuando me juzgaron, en vez de volver a la ciudad, me trasladaron a la Penitenciaría San Martín, y tampoco me dieron el derecho de volver porque hubo un motín”, rememoró.
Consideró que hoy debiera estar jubilado como docente, y no tener que haber atravesado todo el periplo que caminó hasta llegar a esta pensión que cobra este mes por primera vez.
“Trabajé siempre, sobreviví, me dijeron que no tenía 30 años de aporte y me dieron una pensión de adulto mayor, de 23 mil pesos (a la que ahora renunció). Doy clases en la Municipalidad, donde coordino el programa de adulto mayor, y sigo en el fútbol, llevando 30 años como preparador físico”, enunció.
Años duros
Sobre la detención en tiempos de dictadura, contó que “había violencia para todos”, especialmente psicológica.
“Tuve la capacidad de disciplinarme y evitar que vinieran hacia mí”, consideró.
Recordó un sismo ocurrido a las 6.20 de la mañana del 22 de noviembre de 1977, que lo encontró en la Cárcel de Encausados. “Se movió todo el edificio, los guardias nos dejaron encerrados con candados y se fueron. Nosotros caminábamos de columna a columna, entendiendo que, si se caía el edificio, iba a quedar el esqueleto. Varios murieron en la salida”, relató.
“Bajamos todos al patio, había 1.800 presos en un lugar con capacidad de 900. Todos en el patio, sentados en el suelo, y no nos daban de comer porque podía caerse el edificio. En un momento tiraron una granada de gas, la cancha era de tierra y piedra bora, una granada pegó en piedra bora y le pegó en la frente a un hombre y lo vimos morir”, narró.
“Recuerdo salir verdugueado a cortar con las manos los yuyos de la cancha en la que estaba preso para ver si reaccionaba, si le pegaba al guardiacarcel. Pero no: la lectura fue aprendida, no había que rebelarse”, evaluó. “Conocí a Dios. Sin querer hice una terapia allí”,
Pensó que lo que había transitado ese tiempo no lo había afectado, pero luego se dio cuenta de que sí, que había transformado su personalidad. “Me templó el carácter. Hoy no le tengo miedo a lo conocido. Me dio formación, porque al ver eso me dediqué a trabajar, por ejemplo, en institutos de menores, ad honorem. Fui maestro suplente, fui docente de instituto de menores en residencia”, declaró.
Aseguró que al recuperar la libertad tuvo que “seguir sobreviviendo en un estado democrático”, ya que había constantes referencias a su paso por la prisión. “Tuve que seguir rindiendo cuentas, el policía de la vuelta decía: ya voy a ver cómo se está portando”, se lamentó.
“Esta pensión graciable te devuelve dignidad, pero fue un camino muy largo”, dijo. Le llega a los 70 años. “La ley me da esta oportunidad, y me confirma que si uno reclama su derecho termina el arcoiris”.
En los últimos años, residió 30 meses en el Hogar de Ancianos, distribuyó una revista “con una paga muy chiquita”, coordinaba viajes, y “el día que vi que estaba en un espacio que lo necesitaba un enfermo pedí el alta y me fui a trabajar”. Ahora ya respira más aliviado, al tener un ingreso fijo mensual.
