A una década de la Ley de Identidad de Género
“Sin identidad no hay espacios”
Fanny Bustos recordó lo sucedido en mayo de 2012, aquel año en el que -por fin- pudo imprimir en papel algo que ya sabía desde hace mucho tiempo: quién esCaminar por el centro de la ciudad durante las últimas horas de la tarde, hacer trámites, pensar en un café entre un trámite y otro. Sentarse, tomarlo, charlar y seguir. Esto, que parece tan simple, fue complejo y dificultoso para la comunidad trans no hace mucho tiempo atrás. El desprecio era la tendencia, pero ya no más. Y de eso habla Fanny, quien rememora lo sucedido hace diez años y no puede ocultar su emoción, mezcla de nostalgia con orgullo.
Un nuevo comienzo
Un 9 de mayo, pero de 2012, se sancionó a nivel nacional la Ley N° 26.743 de Identidad de Género en la Argentina, una medida pionera en el mundo que reconoce el derecho de las personas a ser inscriptas en su DNI acorde con su identidad de género.
Solo un par de días más tarde, ese mismo año -a principios de junio-, la vecina local, Fanny Andrea Bustos, junto a otras 10 personas, se hicieron presentes en el municipio local para obtener, papel mediante, lo que ya sabían que poseían: su identidad. Ella desde niña sabía quien era, pero ahora estaba impreso y nadie podía decirle lo contrario ni negarle sus derechos. La rectificación de su partida de nacimiento se hizo efectiva y la identidad (aquello tan necesario) floreció y fue libre.
Bustos dialogó con El Diario y reflexionó acerca de lo sucedido hace una década.
“Cuando se dio lo de la ley, recuerdo que nosotras la veníamos militando y nos veníamos reuniendo desde hacía tiempo con la Asociación de Travestis y Transexuales de Argentina (ATTA). La militábamos ferozmente y hasta la veíamos como algo imposible... algo que estaba muy lejos. ?Si bien íbamos por nuestros derechos -los que se nos negaron- nos parecía ambicioso, y eso era porque nunca habíamos tenido nada”, inició la entrevistada.
“La gente nos ninguneaba y éramos el hazmerreír de la sociedad. Pero cuando leíamos las cifras y las estadísticas, la verdad es que lo que pasaba era grave. Teníamos compañeras que morían arriba de mesas en casas de otras compañeras mientras eran operadas de “forma casera”. Las trans teníamos que oficiar de enfermeras y doctoras entre nosotras. Se trata de compañeras que modificaban sus cuerpos, con silicona líquida y, algunas, por la gran decadencia y falencia de recursos, quedaban en el camino”.
“(Aquello) fue un genocidio, fue una cosa muy fea, pero todo eso se debía a la gran desesperación de nuestra búsqueda de identidad, de nuestro ser, de buscar ser quien sentimos y queremos ser”, acotó.
En ese punto, el hecho de agregar más busto o pronunciar determinadas curvas en el cuerpo no era solamente por una decisión estética propia, sino también de aquellos hombres que las buscaban por una esquina en lo alto de la noche oscura y las querían “más voluptuosas”.
“Para la sociedad éramos mala palabra, pero tras bambalinas, en la misma familia, tal vez, iban y nos buscaban en nuestra zona de trabajo”.
“El cliente venía y pretendía. Nosotras, con la gran deserción y desesperación, accedíamos para tener un peso más”, dimensionó.
De procesos
La importancia de la identidad y de esa ley fue clave para el colectivo. Y ella lo pone en palabras: “Sin identidad no se puede ocupar ningún espacio. Es algo que repercute en tu imagen... es lo que dice el DNI”.
“La ley también fue un proceso de maduración y evolución para la sociedad. Creo que la mayoría vio la necesidad que tenía el colectivo y lo importante de tener una identidad plasmada. Obviamente, eso fue ayudando para que podamos incluirnos. Obviamente, todavía hay algunos personajes que tratan de discutir lo indiscutible, no puede ser que (10 años después) salgan algunos personajes en la televisión a discutir algo que ya se discutió”.
Valorando el panorama local y el contexto villamariense, se muestra conforme, pero siente que todavía falta.
“Todo se fue modificando. Antes no podíamos pasar el bulevar España. Yo me acuerdo que vivíamos por atrás de la ruta, en barrio San Martín -que era nuestro lugar de trabajo-, y la policía ya nos tenía marcadas”.
“El otro día caminábamos con una amiga, a las seis de la tarde, y nos pusimos a buscar un lugar para tomar un café mientras esperábamos entre un trámite y otro. En ese momento recordábamos lo que hubiera sucedido hace 10 o 12 años atrás. Y la verdad es que no lo hubiéramos podido hacer. Nos miramos y se nos llenaron los ojos de lágrimas. Es que sentimos algo muy fuerte”.
“La gente, en Villa María, está muy abierta, ha superado la cuestión y creo que la ciudad evolucionó en un 70%. La verdad es que faltaría un poco por parte de las empresas privadas. Hay mucha inteligencia, y se puede demostrar. Del Estado no podemos decir nada, porque ya ha hecho bastante”.
Nacer de nuevo
Si bien en mayo de 2012 Fanny realizó su trámite, su acta de nacimiento modificada llegó en agosto y ella aún lo recuerda y lo atesora: “Cuando vi plasmado mi nombre en el acta, sentí nacer de nuevo”.
“Dejé que pase el fin de semana y el lunes me puse en contacto con gente. Quería trabajar formalmente y no volver nunca más a esa esquina ni al calabozo. Así comencé mi autoevolución”.
“Creo que hay que sacarse la estigmaticación hacia las personas, por su condición y por con quien se acuesta. Si alguien tiene un problema con aquello, creo que a estos demonios deben verlos con su terapeuta. Nosotras existimos y resistimos”, cerró.
