La nueva escuela - Los cambios que se vienen registrando desde hace, por lo menos, una década

De un trámite a una experiencia

Federico Emilio Marinsalda es peluquero, llegó a la ciudad a dar una masterclass y en ese marco habló sobre todo lo que está ocurriendo con la profesión
miércoles, 18 de mayo de 2022 · 08:30

A Federico Emilio Marinsalda, que tiene 33 años y le dicen Pancruu, siempre le gustó la moda: la ropa, los peinados. Cuando era chico, en Oncativo, donde nació, quería ser distinto y, para serlo, no hacía falta mucho: bastaba, por ejemplo, con usar una remera con un color diferente -que por lo general diferente era llamativo- a la de los demás. Sin embargo, no era fácil. Oncativo era -y es todavía- un lugar pequeño y ya se sabe eso de que “pueblo chico, infierno grande”. De todos modos, sabía lo que le gustaba.

Por esos días, también empezó a visitar con frecuencia al peluquero que le cortaba el pelo y con él son amigos hace ya 15 años. Ese trabajo le atrajo y en sexto año del secundario dijo: “Voy a estudiar peluquería”. En 2006 hizo el curso. Sin embargo, también había dos carreras universitarias que le interesaban: Veterinaria y Ciencias Económicas. Para Veterinaria tenía que viajar a Villa del Rosario y no tenía ganas. Entonces, se decidió por los números y se fue, en 2007, a vivir a Córdoba -donde había hecho el curso de peluquería-. En la capital, mientras hacía el cursillo de ingreso, empezó a trabajar en una fábrica de caños de escape. El cursillo duró poco: vio libros sobre la historia de la facultad, dijo esto no es para mí y volvió a hacer otro curso de peluquería básico porque se sentía en cero, perdido, y sobre todo porque el primero no lo había dejado conforme. El curso nuevo le generó más curiosidad: más preguntas. Dejó el trabajo en la fábrica y se buscó otro en una casa de deportes de su pueblo que había abierto sucursal en Córdoba. Como le quedaba tiempo, mientras, trabajó medio año en una peluquería unisex y medio año en una femenina. Así juntó experiencia hasta que se sintió preparado y en 2010, unos cuatro años después de hacer el primer curso, abrió su salón.

Su peluquería no la abrió en Oncativo porque ya había varias. Con conocidos, con amigos, vio la veta en una ciudad vecina, que está a unos 18 kilómetros y se llama Oliva. Se instaló ahí y nunca más se fue.

 

El cabello, un accesorio

Un domingo frío de mediados de mayo, en un departamento del centro de Villa María, Marinsalda comenta: “Es como dicen los memes: que el 80% de tu selfie es tu pelo”. Porque, dice, el cabello, como el accesorio prácticamente más importante de un look u outfit, “muestra mucho de la persona con la que tratás, el tipo de vida, el trabajo que tiene, su estilo, sus elecciones, si son personas liberales, más formales”. Que “muestre mucho” muestra que, además, están arraigados los prejuicios -positivos o negativos-. O sea, Marinsalda pone este ejemplo: habla de un abogado porque se suele asociar el perfil del abogado con el de alguien prolijo, pulcro. “Está un poco estigmatizado porque un abogado puede andar bien desprolijo o con mucha textura en el cabello” dice y aclara que se está rompiendo con esas estructuras (sociales, de clase). 

 

Ahora, una experiencia

Hay algo que era muy común para los que hoy tienen 30, 40, 50 años. En una de esas para los que tienen más también. Cuando eran niños, cortarse el pelo era, más o menos, un trámite. Además, se les cortaba como a los demás chicos o como el padre. Marinsalda se acuerda de eso y dice que, hoy, los clientes van a los salones “en busca de un servicio” porque “hay confianza al 100% con el peluquero”. Por ejemplo, la gente llega y pregunta: ¿Da para un cambio? Pasa que tengo una fiesta o una cita, ¿qué decís? Entonces, Marinsalda destaca: “Se volvió una experiencia y un lugar donde el cliente va a buscar respuestas: ya sea para su peinado, para su outfit”. En su caso, dice que no presiona a los clientes para el cambio, sino que les explica qué tiene pensado para ellos, dónde se enfocaría y les explica por qué haría una cosa y por qué no haría tal otra. En este sentido, habla de tipos de looks: de uno funcional, de uno natural, de uno decorativo que, a diferencia de los demás, arreglárselo lleva trabajo todos los días.

Con los hombres más grandes sucede algo. “Un tipo de 50 años nunca pensó en ir a una barbería a afeitarse”, cuenta. Y habla de lo que ocurre en ciudades grandes donde profesionales pasan por la barbería a emprolijarse y a tomar un café antes de ir a trabajar. “Hoy, la gente grande se superpeina, se supercorta la barba, se superarregla. Creo que todo el mundo está contento con este nuevo movimiento”, señala e insiste en que esto benefició a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes porque “ya tienen personalidad”.

Hay un pasaje. Hay un desplazamiento desde ir a cortarse el pelo como un trámite hacia, si se quiere, una experiencia. Antes un desmechado en un varón se hacía en 10, 15 minutos. Actualmente, un corte puede llevar una media hora y, si se le suma la barba, 45 minutos o una hora. Es decir, ahora se pasa el rato en los salones: inclusive, en algunos se vende, además de café, gaseosas, cervezas. Se juntan amigos a compartir.

 

Resistencias y enseñanza

“Hay resistencia y un poquito de pica. Porque la vieja escuela enseñaba de una forma y la nueva evolucionó la forma y encontró fundamentos, encontró principios profundizó mucho más en la enseñanza. Antes cortábamos sistema pinzado y tijera sobre peine porque no había máquinas. Hoy tenemos cinco sistemas de corte”, describe. Y añade: “Como yo, muchos pudieron fusionar ambas escuelas y va bárbaro. Y hay gente que no, que se resiste”.

Por otra parte,?Marinsalda estuvo en?Villa María y dictó una masterclass. Para él, no se trata de capacitar: se trata, en cambio, de compartir el conocimiento, su experiencia, su forma de trabajar, sus principios con compañeros, colegas, amigos. Y, en relación a los que demandan este tipo de instancias, sostiene que son los más jóvenes porque están más “entusiasmados, con más hambre de información”.

Marinsalda dice que habla y habla con los jóvenes porque quiere que se tomen a la peluquería como un trabajo y no como algo que eligen porque, precisamente, no saben qué otra cosa elegir. “La profesión les puede dar un  buen estilo de vida, un buen ingreso económico y un futuro”, subraya.

 

Tendencias

Las tendencias son las que vienen. En este punto, en los hombres se verá lo que son los rizos, movimiento, texturas, y cabellos largos, medios. En las mujeres, en tanto, se esperan ver cabellos más cortos, más desarreglados, lacios.