Contraste - Voces encontradas
El Abasto, dos visiones bien distintas
Por una parte, empleados del Mercado dicen que el lugar, por dentro, “es una mugre total” y que no se respetan los protocolos. Por otro, un operador dice que sí se limpia y que se utiliza barbijoHay dos versiones sobre lo que pasa, sobre lo que se ve en el Mercado de Abasto, que funciona en el sector sureste de la ciudad, de martes a viernes, de 13.30 a 17.30, y los domingos en el mismo horario.
Una de esas versiones es esta. La que dice que, por ejemplo, algunos changarines no entienden cómo ellos tienen que pagar entrada para ingresar al predio donde hacen lo suyo, donde cargan y descargan camiones o donde laburan en los puestos. Y algunos vendedores que trabajan en los puestos dicen que eso -que los changarines tengan que pagar- no se ve en ninguna parte, por lo menos en otros mercados a los que van, como los de Córdoba, Mendoza, Santa Fe. Y también dicen que hay un tipo al que le dicen “Comisario”, que hace que algunos cumplan la ley y otros no.
Estos vendedores, además, dicen que otro problema es la lluvia porque, durante esos días, se mueven en medio del barro. Dicen que ahora se colocaron piedras, pero se preguntan para qué, si es imposible pechar los carros así. Dicen que por dentro el Mercado “es una mugre total”.
Y se acuerdan de lo que pasaba antes, cuando había una empresa que recolectaba, con tractores y carros, la basura que se acumulaba en tachos de doscientos litros que se cortaban por la mitad y que se ubicaban fuera del mercado. Ahora dicen que solo va una chata Ford, pero muy cada tanto. Dicen que cómo puede ser posible que los verduleros vayan a comprar y se encuentren con tomates, anquitos, uvas, duraznos y ciruelas podridas, con olor y un mosquerío insoportable.
Dicen que en el Mercado, a los puesteros, se les cobra el alquiler todos los días y, mensualmente, la luz.?Por eso piden que, por lo menos, se contrate a una empresa que limpie diariamente.
Ellos siguen diciendo otras cosas. Que la pandemia no terminó y que en el Mercado se nota que algunos se olvidaron porque el barbijo se ve poco. Que en la época más complicada del Covid-19 había dos policías de Seguridad Ciudadana que les pedían que se suban los barbijos hasta la nariz porque si no los multaban y que desde hace algún tiempo nadie dice nada. Que hay carteles que señalan que no se puede fumar en los puestos y que, sin embargo, unos cuantos fuman y tampoco nadie dice nada: o peor, a algunos sí les dicen y los multan por una semana, por quince días. Pero, insisten, se lo dicen solamente a algunos.
Otro tema son los baños. Dicen lo que suele decirse sobre los baños sucios, que el barandón no se aguanta, que hay barro, que el papel higiénico está desparramado por cualquier parte, que, incluso, algunos trabajadores no van al baño durante toda la jornada laboral. Dicen, también, que en una de las cantinas hay baño privado, pero a veces, se discute porque son, al parecer, únicamente para los puesteros.
Hablan, por último, de las calles. Vuelven a hablar de lo que pasa cada vez que llueve porque las calles se convierten en ríos. Dicen que las motos se detienen, que para las bicicletas es imposible atravesar la zona, que a quienes trasladan carros el agua les llega por encima de los tobillos.
Por todas estas cosas, dicen lo que dicen para que alguien los escuche.
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La otra versión es la de un operador. Un operador, aclaremos, es un puestero y en el Mercado hay alrededor de veinticinco. El, primero, cuenta otras cosas. Que hay una “nave inmensa” en la que, a ambos lados, hay operadores, que son los que introducen mercadería de todo el país. En el medio están los quinteros que meten mercadería de la zona, lo que se siembra en la zona: la verdura de hoja como la crespa, la repollada, la mantecosa, el verdeo, el puerro, etcétera, etcétera.
Dice que, como en todos los mercados del país, pagan entrada los clientes y los operadores, excepto los changarines y los empleados. O sea: dice que se paga entrada por el vehículo que ingresa y que, por lo tanto, si los changarines y empleados van en auto o camioneta o lo que sea, por supuesto que abonan. Y dice que, como en los peajes, se paga por el tamaño, pero remarca que las motos no, están exentas.
El dice que, actualmente, los protocolos se cumplen. Aclara que, ahora, solo no se mide la fiebre pero que el barbijo se usa sí o sí, porque si no el “Comisario”, un hombre de unos 45 años, “te la quema”. Y dice que si se fuma en la “nave”, en las cantinas o en los puestos, ese “Comisario” te suspende. Dice que los que quieren prender un cigarrillo, tienen que salir de la “nave” sí o sí.
Dice que los baños, para varones y mujeres, están “impecables”. Dice que, en realidad, entre las 13.30 y las 17.30, cuando se vende, se ensucian. Pero que a la mañana, los empleados del Mercado limpian “continuamente” e, incluso, tiran la mercadería que queda de lo que los operadores repasan y dejan en los tachos. Y dice que después, a la tardecita, llega una empresa de limpieza privada que se encarga de esa tarea desde hace unos dos meses porque la que estaba antes no funcionaba.
Sobre el estado de las calles que rodean al Mercado (Puerto Rico y Caudillos Federales) coincide con los demás. Dice que son un “desastre”.
Esto es lo que se dice, de un lado y del otro.
