Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia - Homenaje a personas del colectivo LGBTIQNB+
Inauguran monumento de víctimas
La inauguración será a las 10.30, en la costanera, al lado del Banco RojoLa Mesa de Derechos Humanos de Villa María inaugurará hoy, a las 10.30, un pequeño monumento en homenaje a las víctimas del colectivo LGBTIQNB+ de la dictadura (foto).
“Es en homenaje a las personas de ese colectivo que perdieron la vida, y a los que sobrevivieron, como un derecho más para la diversidad”, explicó el presidente de APDH Villa María, Elvio Toscano.
El monumento está ubicado al lado del Banco Rojo, que recuerda a las víctimas de femicidio, y su inauguración estaba prevista para la noche del miércoles 23, pero debió ser reprogramada para esta jornada por la tormenta, que obligó a cancelar la marcha y vigilia por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
Un recorrido histórico
A raíz de esa cancelación, la Mesa de DD.HH. envió un documento a nuestra Redacción.
“Una tormenta arrasó con lo que se había preparado para compartir en la vigilia, no nos permitió encontrarnos, por ese motivo nos permitimos brindar algunas reflexiones sobre la Memoria, desde la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos. Creemos que vale la pena a los 46 años del golpe hacer un recorrido histórico que nos permita ubicarnos en el contexto del Estado genocida de 1976 a 1983.
Nosotros nos hemos propuesto hacer memoria, recuperar la verdadera historia, la que se compromete con la verdad de los hechos, la que se permite indagarla sin pasión del momento, sin la irracionalidad del ideologismo, sin revanchismo, sin política partidaria, pero con política de derechos humanos y con la firmeza de encontrar la verdad y hacer justicia que condene a los responsables del genocidio, tanto militares como civiles.
Los organismos de DD.HH. emergieron desde los escombros de la dictadura, como una nueva realidad política en el país, fueron en su momento, junto con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los que enfrentaron en forma consistente y sistemática a los militares ante el vacío dejado por las instituciones que naturalmente debían haber asumido ese compromiso (partidos políticos, organizaciones intermedias etcétera).
En ese momento se enfrentaban dos modelos de país, los golpistas, que pretendían la implementación de un modelo económico liberal y de apertura que destruyó la industria nacional e impulsó la especulación financiera, quienes para llevar adelante ese plan contaron con la participación de fuerzas económicas y sectores de la Iglesia, el Poder Judicial, el poder político y los medios de comunicación.
En contraposición con este modelo, se trabajaba buscando la independencia y la soberanía, el reconocimiento y la garantía de los derechos políticos, económicos y sociales.
Los militares implementaron el Estado terrorista para imponer el temor y el silencio de la sociedad. Cómo olvidar en esta tragedia continental el Plan Cóndor, operativo de terror internacional impuesto por los gobiernos dictatoriales del Cono Sur y sostenido por La Doctrina de la Seguridad Nacional impulsada por Estados Unidos a lo largo y ancho de América del Sur.
En el campo educativo, los militares implementaron medidas de exclusión y limitaban el curriculum a enseñar con textos y autores que respondían a los valores del régimen, imponiendo y aplicando masivas cesantías, detenciones y desapariciones de docentes y estudiantes. El autoritarismo produjo una cultura empobrecida y dañada. Se hicieron listas negras de docentes y de libros prohibidos, en particular con libros infantiles.
En este escenario de fracasos militares en todos los órdenes, la presión interna en el país de los organismos de DD.HH., Madres, partidos políticos, organizaciones obreras, movimientos populares y la música, fueron creando las condiciones para la apertura democrática.
Con el Gobierno del doctor Raúl Ricardo Alfonsín se inicia en 1983 la etapa democrática en el país, en un contexto complejo y cargado de incertidumbres, tras haber vivido el país una de las tragedias más dolorosas.
Las organizaciones de DD.HH y sociales tuvieron un papel protagónico para sostener la tenue democracia que por momentos parecía demolerse, solo los que vivieron aquellos tiempos pueden dar testimonio fehaciente del clima imperante.
Sería injusto no reconocer las acciones desplegadas desde el propio Estado, cuando aún los militares acechaban y las corporaciones económicas, judiciales y algunos gremios ponían en jaque la incipiente estabilidad constitucional.
En 1992, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su informe sobre Argentina sostuvo que las leyes de impunidad y los indultos son incompatibles con los principios sentados por la Convención Americana sobre Derechos Humanos. En 2003 el Senado de la Nación declaró insanablemente las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, su validez jurídica era cuestionada, finalmente la Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió el 14 de junio de 2005 que estas leyes son inválidas e inconstitucionales, dando reapertura a las causas que habían quedado inconclusas y a la apertura de nuevas que en la actualidad se desarrollan.
El camino de la memoria estaba iniciado con el firme propósito de que estos hechos atroces no vuelvan a ocurrir, el conocimiento del pasado, de su historia, permitió el inicio de la memoria y se estableció una relación entre las generaciones que fueron y la presente, que tiene asumir la herencia y el protagonismo de darle continuidad a este proceso, y nosotros, en el camino, de acompañarlos para toda la vida.
Tenemos que estar felices, estamos en una sociedad que debate, que se pregunta, que participa, que cuestiona, estamos en un sano camino de compromiso y de civilidad.
Nadie puede negar que estamos viviendo nuevos tiempos, que se va alejando de sus tradiciones ancestrales para dar paso a un nuevo acomodamiento en todos los órdenes: políticos, económicos, sociales, y demanda establecer nuevos valores.
Son tiempos de búsqueda de nuevos paradigmas, en el que el de la verdad es el fundamental, porque con la verdad le damos solidez a lo ético, a la trascendencia de todo lo que decimos y hacemos. La familia y la escuela son protagonistas principales, para que estos cambios de paradigmas sean encauzados por el camino justo que corresponde a una sociedad pluralista y respetuosa de los derechos.
Nos atrevemos a afirmar que está ganando la democracia, porque a fuerza de empujar se van ampliando los espacios de discusión, participación y compromiso. Surge un modelo nuevo, elaborado por sus propios actores, que son los partidos políticos y todas las instituciones intermedias que representan a la sociedad.
La recuperación de la democracia y su profundización han sido y deben ser una tarea del conjunto de las fuerzas políticas y de la sociedad, más allá de las diferencias conceptuales e ideológicas. La política no es la guerra, es el arte de la negociación, de la comprensión entre las partes, de la construcción de la democracia.
No hay posibilidad de recuperación de la democracia, si las instituciones, el poder, la justicia, la política no están decididamente al servicio de la vigencia de esos derechos; y esa construcción debe ser fruto del esfuerzo común.
Recordar el pasado como experiencia, con seriedad, es imprescindible para edificar el presente, pensando en el futuro y en los jóvenes. No podemos aceptar que haya antagonismo entre la memoria, la verdad y la justicia. No podrá haber otra sociedad, que aquella que se sustente en el pluralismo y en los Derechos Humanos”, dice el escrito.
