Una charla con Anselmo Cunill, sociólogo y músico que integró sus dos pasiones
La música como medicina e identidad de pueblos
Escribe Diego Bengoa DE NUESTRA REDACCION
Es sociólogo y músico, y amalgamó ambas pasiones.
Anselmo Cunill estudió en la Universidad Nacional de Villa María y hoy reside en las sierras cordobesas, en donde nació, lugar desde el cual lleva adelante numerosos proyectos.
Melómano, la historia de su vida se va contando con la música que hace, los proyectos en que participa o la música que le interpela. “Es un oficio y una herramienta que tomo para mi vida”, confió a El Diario en una entrevista.
Estudió sociología con una perspectiva más de profesión, pero luego la unió a la música. En su tesis trabaja la emergencia de configuraciones musicales desde la sociología del arte y la música.
Contó que se encuentra en la música haciéndola, haciendo sonido, grabando o trabajando en la gestión de proyectos musicales.
Ante la pregunta, explicó que la sociología le permite ser un observador de la música, viéndola desde diferentes dimensiones: “la musical, la narrativa, como una catalizadora de emociones, como una medicina, como lo simbólico, como una experiencia de conocimiento”. También, como elemento social y político. Y con su otra profesión “es como una práctica integrada”, y en ese tren pasa de dar clases de sociología en la universidad para estudiantes de música, ensayar, trabajar en la producción musical o asesorar y acompañar proyectos.
“La música es bastante omnipresente por más que no le prestemos atención”, sostuvo tomando nota de la hipermediatización existente. “Creo en la música como una forma de representación de identidades y rituales de los pueblos, como catalizadora de emociones. Da significado a las cosas que pasan en la realidad, representándolas, recreándolas y también creando nuevas que no existen”, describió.
Anselmo mira la realidad también a través de los artistas y desde dónde ellas y ellos se posicionan.
Se identifica con músicas “con cierto abono, riqueza, capacidad de entretejer, de generar lenguajes genuinos”. Por eso es que en sus trabajos trata de involucrarse con proyectos con los que empatiza, o que lo interpelan.
Ante una consulta de este cronista, dijo que valora y admira lo que es masivo y le presta atención, “porque generalmente hay música que está interpelando venas emocionales de la sociedad”, pero también pone el ojo en “muchísimas escenas pequeñas en que se hacen cosas muy particulares en distintos lugares”.
Le llaman la atención las escenas y lugares donde hay un grupo de personas que hacen música. “Rescato mucho la capacidad de hacer, de entramar relaciones en donde la música fluye como protagonista”, indicó, y en ese aspecto no juzga la música desde una perspectiva de calidad “sino de cómo interpela y conecta con un público, con personas”. “Después está el pensar los mensajes y los sentidos, ese es otro análisis. Y es muy diferente la representación que construyen los medios con lo que pasa realmente, con toda esa heterogeneidad que es digna de analizar”, advirtió.
Se trasluce que escarba un poco más allá de lo que más suena en la calle y en las casas, deambulando por iniciativas “que no se miden por la cantidad de visualizaciones que tienen”. Son proyectos “donde hay riqueza, laburo, dedicación”.
“Hay mucha música masiva que me gusta, que tiene data, aun así, disfruto y me interesa cómo se impulsan escenas y circuitos en donde crecen proyectos que articulan comunidades de nicho y se manifiestan desde múltiples lenguajes artísticos y de gestión”. En lo que fue diciendo, quedó claro que le interesan “los fenómenos globales”, pero que le gusta “hacerle justicia a la música de nicho”.
Desde que vive en las sierras (donde nació) tras sus años en Villa María, está interpelado por el cambio climático, “por todo lo que le estamos haciendo a la Tierra” y en ese marco fue convocado para un largometraje que aborda la funesta problemática de los incendios forestales. “Trabaje en el rodaje y luego hice la música. Todo ese factor social, ecológico, climático, me interpeló mucho para trabajar. Ahí se puede ver cómo esas inclinaciones que pueden tener una lectura desde mi profesión las catalizo a la hora de crear música”, describió.
Y “siempre hay una noción de equipo que está dando vueltas” en su trayecto y creación.
Le encantó la emergencia de ciertos proyectos vinculados a la música que la posicionan en un lugar central, pero a la vez dan cuenta de todo el trabajo y las relaciones que se dan alrededor de ella. Destaca a Futurx, una plataforma de formación y actualización musical, “una comunidad donde un montón de gente de Latinoamérica e Iberoamérica accede a herramientas e información para el desarrollo de sus proyectos”.
También mencionó a Territorio, una organización dedicada a la creación, formación e investigación musical/sonora “con un enfoque multidisciplinar muy interesante”.
“La narrativa, los símbolos, los sentidos que atraviesa la música, están por encima de la música. Me llama la atención cuando veo que esos significados a su alrededor conectan con valores, con cuestiones copadas”, comentó.
Su laburo junto a Georgina y Jeanette Monti en Pulso- Arte combina un espacio físico en el que cuentan con un estudio de grabación, un espacio de clases, y de laboratorio, de creación de obra, con un trabajo como sello de distribución digital de música.
?En 2021, Anselmo trabajó, junto a otras y otros artistas, en muchos proyectos que salen a la luz este año.
En el Pulso Arte, presentan el libro y un disco de obra póstuma de Rino Rafanelli, destacado músico fallecido en junio pasado.
También van a editar el primer disco de Las Monti, de composiciones de su autoría.
Anselmo está grabando un disco de canciones suyas.
En tanto, el 3 de marzo se estrena en Buenos Aires la película Bajo la Corteza, en la que hizo la música. Llegará a Córdoba a mediados de mes.
