El regreso a la presencialidad - La importancia del diálogo
“Sin interacción es difícil sostener procesos formativos”
Docentes analizaron qué ocurrió durante los años en los que la pandemia generó más cambios en la educación y reflexionaron sobre el regreso de los alumnos a las aulasEscribe: Franco Gerarduzzi
Según la Real Academia Española, lo “remoto”, como adjetivo, se define de tres maneras: 1) Muy lejano; 2) Que no es verosímil, o está muy distante de suceder; 3) Dicho de algo como una idea o una sensación. No es poco lo que se está diciendo: se está hablando de algo que pierde sus límites, de algo vago, indeterminado, impreciso.
Eduardo Slomianski es docente de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM): trabaja en carreras como Ciencias de la Educación y Gestión?Educativa. Él, lo primero que dijo es justamente esto: que durante 2020 y 2021, cuando la pandemia estuvo más próxima (quiero decir: cuando nos sentimos más cercados, más ¿desorientados?, cuando los días -los tiempos, los espacios- fueron otros) hubo que aprender y acostumbrarse a la enseñanza remota y a la evaluación remota. Y dijo que para algunos docentes puede no haber sido “tan conflictivo o tan problemático o tan difícil por los conocimientos previos o las características de cada una de las disciplinas que uno enseña”, pero que para otros puede haber sido todo lo contrario: complicado, complejo, arduo. Esta situación, explicó, se reflejó también en lo que sintieron los alumnos.
Slomianski no quiso generalizar y por eso habló de lo que pasó en los equipos docentes de los que forma parte. “El trabajo se multiplicó”, dijo y, al pasar, mencionó otras cuestiones: entre ellas, se refirió a las condiciones salariales como si hablara de una circunstancia con la que ya no hay caso, porque pareciera que desde siempre ha sido así. Por otra parte, resaltó que los profesores tuvieron que emplear sus dispositivos tecnológicos para dictar clases. “Pero, en general, esto depende de cada caso”, aclaró.
Al pensar en los estudiantes, dijo que, como ellos, algo han perdido. “No puede ser nunca lo mismo estar en una clase cara a cara con el que enseña que estar a distancia o en la pantallita. Nos queda ver cuánto se ha perdido, pero no puede ser algo inmediato. Con el tiempo veremos si los médicos aprendieron medicina adecuadamente y los contadores saben hacer lo que tienen que hacer. Digo los médicos y contadores que estudiaron estos dos años a distancia”, contó. Dijo -claro- los médicos y los contadores, como podría haber dicho los abogados y los profesores de educación física o los veterinarios.
Lo que se perdió, dijo, no es otra cosa que “el diálogo, la interacción, el contacto directo, percibir y reaccionar ante los gestos y las actitudes, inclusive no verbales, de cada estudiante y de cada docente”. Y destacó: “Sin interacción es difícil sostener procesos formativos. El contacto personal es imprescindible”.
Sonia Paul es profesora de nivel medio y coincide. “Los docentes se vieron absolutamente perjudicados porque trabajaron el triple. Se trabajó a destajo, sin horario. Un alumno te podía mandar un trabajo a las tres de la mañana, a las seis, a las once de la noche”, comentó. Y subrayó que todos los gastos corrieron por su cuenta: la luz, internet, etcétera, etcétera, etcétera. Por eso, dijo que se valoró más la tarea del docente. Y por eso, contó que ahora, con la vuelta de las clases presenciales, habrá que reafirmar los contenidos que no se pudieron dar durante 2020 y 2021, y, mientras, avanzar con los materiales nuevos.
Recientemente, las clases se hacían en burbujas. Paul dijo que, en esos momentos, los chicos estuvieron más contentos porque “trabajaban mejor” que cuando la presencialidad era plena. Y, así, apareció otro problema: las aulas superpobladas. Entonces habló de la necesidad de una “política educativa diferente” que requiere de “un gasto muy importante” que no cree que vaya a suceder. Porque las aulas, dijo, deberían tener veinte o menos alumnos y hoy tienen, en ocasiones, casi cuarenta.
En otro plano, habló de las “falencias” que se siguen registrando en las clases y resaltó la falta de “hábitos de lectura” y dijo que esto puede ocurrir, a veces, porque los chicos “no ven a sus padres leer”. De todos modos, afirmó que la escuela puede “reforzar esto”.
Por último, ella dijo que mientras la situación sanitaria esté controlada, el regreso a las clases presenciales será “para mejor”.
Ahora pienso en la palabra “normal”. La RAE propone varias definiciones: 1) Dicho de una cosa: que se halla en su estado natural; 2) Habitual u ordinario; 3) Que sirve de norma o regla; 4) Dicho de una cosa: que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. Ahora pienso justamente en eso: en las normas, en lo que se fija, en lo concreto, en lo determinado. Pienso en eso, ahora, porque la pandemia significó una excepción, volvió el terreno irregular. Eso incomoda y, al hacerlo, permite que entendamos una cosa: que eso a lo que nos habituamos -las rutinas- son frágiles, precarias, vulnerables.
No sé si eso está bien o mal. Solo digo que, tal vez, valga la pena pensarlo. Y que ahora, que muchos volverán a las aulas, quizás no estén regresando a ninguna parte: porque volverán (más allá de que ya volvieron el año pasado en forma de burbujas y hace poco con “presencialidad plena”) al mismo sitio, pero volverán distintos, con otras dudas, con otras preguntas.
