Día del Perito Tasador

Una profesión más que necesaria

Hoy se celebra en Argentina el Día del Perito Tasador y El Diario concurrió al colegio profesional para dialogar con matriculados que en estas páginas trazan un panorama de la situación en la que les toca desarrollar su trabajo
jueves, 15 de diciembre de 2022 · 09:10

Los peritos tasadores Fabricio Germán Bertola, Silvio Ariel Pereyra y Marcelo Andrés Bianciotto recibieron a El Diario en la sede local del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de la Provinvia de Córdoba, acompañados por el titular de la entidad, Darío Alberto. Y fue el primero de ellos quien se encargó de explicar por qué la fecha elegida para la conmemoración: “es  que el 15 de diciembre del año 1987 se resolvió tomar el primer examen de idoneidad a los martilleros y corredores públicos matriculados, bajo la ley 7.191, para habilitarlos a ejercer como auxiliares de la Justicia”.

“Ese examen marcó un antes y un después en la profesión. Juan Evaristo Lescano fue el mentor de aquella instancia histórica en la profesión”, puntualizó Bertola, para señalar que “la función del perito tasador es la de entregar al tribunal o al comitente privado un precio estimado del bien, que sea justo y equitativo al momento de realizar la pericia”.

Y explicó que “para llegar a dicho precio, el perito utiliza distintos métodos”.

El profesional aclaró que “no se trata solamente de una cuestión de cálculos matemáticos, sino que la tasación también se basa en la experiencia del perito, que evalúa la calidad y los métodos constructivos, los posibles vicios o problemas que tenga la vivienda o el bien a tasar; por ejemplo, si un lote se encuentra en una zona inundable, etcétera”.

“Sin lugar a dudas, lo que más cuesta es poder diferenciar entre una estimación y una tasación, ya que entre ellas hay diferencias muy marcadas: una estimación es acercar un precio a un bien basándose en la experiencia del profesional, sin tener en cuenta los métodos existentes para obtener dicho precio; en cambio, una tasación conlleva una mayor labor, al tener que realizar cálculos matemáticos, la investigación referida a la zona donde se ubica el bien, actualizar conocimientos en materia de vehículos, obras de arte o lo que se necesite periciar, tener contactos con expertos en cada rubro y también buena relación con colegas para poder consultar ante posibles dudas, con el fin de llegar a la tasación más justa”, añadió.

Perito judicial

Pereyra, por su parte, se enfocó en lo concerniente al perito judicial. “Una vez que nosotros recibimos la aceptación del cargo, empieza nuestra función, que, básicamente, es encontrar el valor más aproximado desde una posición objetiva, porque lo hacemos en representación de un juez”, dijo.

“Al ser peritos oficiales, las partes nos van a pedir que informemos distintos puntos sobre la pericia, ya sea de un inmueble o de un bien mueble, y nosotros no podemos alejarnos de la línea de la objetividad ni para un parte ni para la otra. De hecho, hay todo un protocolo, y  cuando uno acepta el cargo, uno jura realizar esta actividad lealmente y esto no es algo menor”, afirmó.

Consideró, más adelante, que “es algo maravilloso lo de las pericias judiciales y desempeñarse en lo que es el ámbito de la Justicia”.

 

Los tiempos de la Justicia...

Y comentó también: “como siempre decimos, el trabajo dignifica, es decir que uno realiza una labor para recibir algo a cambio, que es el reconocimiento de esa labor, porque  nos hemos preparado, hemos estudiado; actualmente, para mantener la matricula, nos estamos capacitando... Y ese reconocimiento monetario para dignificar la labor de la persona, hoy en día, en el ámbito judicial, está un poquito tergiversado, porque no existe una reciprocidad, por así decirlo. Hoy en día, nosotros aceptamos un cargo, hacemos una inspección ocular, después de la inspección ocular preparamos todo el informe y después del informe, si todo va bien, después de quince días o más, tenemos que esperar que quede firme el informe. Si no queda firme (por lo general, nos siguen pidiendo que lo ampliemos), eso significa que seguimos trabajando sobre el mismo tema. O sea, esto no es simplemente que nos piden una tasación y decir que el bien vale tanto...”

Pereyra indicó que “cuando decimos vamos a ver el bien nos basamos en dos estados o en dos características: lo extrínseco, es decir, de la puerta hacia afuera, ver dónde se ubica, analizar la zona, la época, la economía... Y los valores intrínsecos, el bien en sí, el estado en que se encuentra. Son las cosas que vamos teniendo en cuenta y el trabajo sigue hasta el punto del cierre de pruebas, por así decirlo, o cuando queda firme la pericia”.

“Por último, regulan nuestros honorarios. Y hoy estamos teniendo (y lo hemos hablado con muchos peritos judiciales inmobiliarios y también con algunos peritos judiciales que son contadores o médicos) el mismo problema: se extienden los tiempos y el reconocimiento monetario de esa labor se ve muy a lo lejos y eso es algo que nos preocupa”, apuntó.

Y agregó: “el tema es que esto no termina acá, ya que hay casos en los que las partes se arreglan entre ellas y el perito queda afuera. No se entera, entonces no cobra nunca. Yo, en dos años, de 38 pericias, debo tener el 80 por ciento reguladas; y cobradas, solamente dos. Una de ellas, porque las partes arreglaron y el abogado tuvo la delicadeza de avisarme y me pagaron; y la otra, porque la parte que me había pedido la pericia vino y pagó”.

Coincidencia

Bianciotto coincidió plenamente con su colega: “Yo voy a agregar a lo que dijo Silvio que profesión de perito judicial se puede resumir en una palabra, que es ‘devastada’”.

Y remarcó  que “en  la Justicia no está reconocido nuestro trabajo y es triste, porque nosotros dedicamos tiempo, nos capacitamos, ponemos nuestro empeño, y a la hora de regular nuestros  honorarios, nada de eso es tenido en cuenta y por eso casi no hay profesionales en el rubro”.

“Somos, con Silvio, muy pocos los que estamos inscriptos en la lista de la Justicia. Nosotros, una vez al año, necesitamos inscribirnos en las sedes judiciales y surge una lista que se actualiza al año siguiente, con las nuevas inscripciones. Los mismos abogados nos dicen que no hay peritos. Pasa eso porque no está reconocida nuestra profesión y por allí nos terminamos volcando a la parte privada, en la que se arregla de otra forma. En la parte privada, viene una persona, nos contrata y se arregla el canon y los honorarios nuestros. Uno tiene otra forma de exigir, es decir, podemos solicitar cobrar antes de presentar el informe, pero en la parte judicial es donde tenemos los problemas”, manifestó.

Al ser consultado acerca de cómo se puede corregir esa situación, Bianciotto comenzó por repasar la tarea que realizan, para que se entienda bien:  “Nuestro trabajo no es como el del abogado, que al terminar el juicio cobra su trabajo. Desde que salimos sorteados hasta que presentamos, el informe pericial son tres meses, más o menos. Deberíamos estar cobrando, a lo sumo, a los seis meses, porque nuestro trabajo terminó mucho antes, más allá de que quedamos enganchados, porque a veces hay que actualizar esa pericia, pero, a lo sumo, deberíamos percibir los honorarios a los seis meses; cuanto mucho, al año, no a los cinco años. Ese sería un plazo estimativo en el que deberíamos estar cobrando nuestro trabajo: seis meses”.

 

“Muchas veces pasa que la causa queda largo tiempo sin movimiento...”

Pereyra también aportó su idea sobre el problema: “Yo creo que la solución sería, y lo hemos hablado con otros peritos que pasan por lo mismo, que nos tenemos que agrupar un poquito los peritos tasadores. Sé que desde el Colegio Profesional, en la parte inmobiliaria, están realizando ya algunas gestiones, pero el tema es llegar a un acuerdo o a algún tipo de acordada, por así decirlo, donde seamos parte, donde nos enteremos cuando las partes arreglan entre sí. Muchas veces pasa que la causa queda largo tiempo sin movimiento y nosotros quedamos allí, boyando en el medio”, expresó.

Y añadió: “Es como dice Marcelo, no puede ser que nosotros hagamos nuestro trabajo y tengamos que esperar a que se dictamine o que  haya un veredicto para después poder cobrar con los tiempos que tiene la Justicia”.

Y no dudó entonces en reiterar que “el problema es la Justicia”.

Un ejemplo

“Vamos a poner un ejemplo.  Nosotros nos podemos anotar en distintas circunscripciones por la mencionada falta de peritos. Estamos en Villa María y nos sale un caso en Marcos Juárez o en Río Cuarto. Bien, tenemos que disponer de nuestros medios, de un día para hacer la inspección ocular, hay que visitar Tribunales para consultar el expediente, luego empezamos con el informe, para el cual hay que investigar, hacer interconsultas con profesionales de otros rubros y luego presentar el informe. Presentamos el producto de nuestro trabajo, el dictamen pericial, y si hay peritos de parte, pueden cuestionar esa pericia, por lo que tenemos que darle respuesta a los mismos abogados. O sea que seguimos trabajando. Podríamos estimar una media de cuatro días de seis horas de trabajo, que es un tiempo que nosotros disponemos para hacer el trabajo judicial y que le quitamos a nuestra actividad privada. Por eso, la mayoría de los colegas se dan la cabeza contra la pared cuando la Justicia se demora tanto en reconocer el trabajo realizado y en abonar los honorarios”, coincidieron los profesionales.