La educación de duelo - Despedida de un luchador
Adiós al profesor Teobaldo Morales
Falleció ayer, a los 88 años, el reconocido profesor de Historia; espíritu inquieto y militante, con una historia, a ese respecto, muy particularEl profesor Teobaldo Morales falleció ayer, a los 88 años, y tras batallar contra una larga enfermedad que lo mantuvo en internación domiciliaria, primero en su casa en el Prado Español, de Villa Nueva y luego en Villa María, en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Sarmiento.
El nombre de Teobaldo Morales puede asociarse, además de con la docencia, con otras actividades tales como el teatro, el audiovisual, el ajedrez y la actividad política (fue uno de los fundadores de APDH en Villa María).
Acompañado de seres queridos, exhaló su último suspiro, acaso consciente de que dejó huella en la ciudad.
Sus restos fueron velados ayer en la sala “Van Gogh” de la Empresa Paviotti y serán inhumados hoy, a las 12, en el cementerio parque La Naturaleza, en Villa Nueva.
Hace algún tiempo, El Diario, a través de la pluma de Jesús Chirino, daba cuenta de algunos detalles de la vida de este profesor grandote, morocho y de risa abierta, que en 1976 fue cesanteado durante la dictadura y que nunca fue reincorporado a pesar de haber obtenido, durante la misma dictadura, un fallo favorable de la Corte Suprema de Justicia. En aquella nota de Chirino, Teobaldo Morales recordaba los días en que, en 1976, era profesor de uno de los institutos dependientes de la Biblioteca Bernardino Rivadavia. Ya no había Gobierno democrático en el país. Con los chicos del secundario ensayaba una obra de teatro. Faltaba poco para estrenarla en un encuentro de teatro estudiantil en Marcos Juárez.
Pero un día llegó al colegio y se encontró con que había llegado un sobre del Ministerio de Educación. Le dijeron que, por una resolución ministerial, no podría continuar ejerciendo la docencia.
Hizo un reclamo judicial.
Si bien nunca fue comunista, “amigos del partido comunista” le dijeron “que estaba acertado, que hacer el juicio era la única manera de salvar la vida”. Buscó abogados en Villa María, pero nadie quería hacerse cargo del caso. Un día, su hija, Silvia, estudiante de Derecho en la Universidad Católica, le dijo que tenía un excelente profesor de Derecho Administrativo.
Era Jorge Gentile, a quien Teobaldo fue a ver, no sin notar antes que, al igual que él, era demócrata cristiano. “Iniciamos el juicio en el Juzgado de Bell Ville”. Pero el juez del lugar no les dio la razón. “Cuando perdimos aquí fuimos a la Cámara Federal, allí lo ganamos”.
La Cámara Federal dijo que para el despido de Morales no se habían aportado elementos que avalaran la inclusión del docente entre los subversivos o “disociadores” o con actividades relacionadas. Tampoco existía sumario o actuaciones administrativas, para acreditar los supuestos cargos y permitir la defensa.
Se consideraron inválidos los elementos mediante los cuales se pretendió justificar el despido del docente, dado que una resolución ministerial hablaba de informaciones de carácter “secreto”. Los fundamentos fueron escritos por el juez Ricardo Haro y acompañados por la firma de los otros integrantes de la Cámara, Miguel Angel Bustos Vocos y Marcos Arnaldo Romero.
Pero entonces, quien apeló fue el teniente general Videla.
Dos años después, la Corte Suprema confirmó lo establecido por la Cámara Federal de Córdoba. Sin embargo, cuando volvió a su lugar de trabajo, el Colegio Rivadavia, luego de seis años de no poder ejercer, no encontró el eco que esperaba. Las puertas no se abrieron para él estuviera otra vez en la escuela.
Morales reclamó ante la Secretaría de Trabajo, pero tampoco consiguió que lo reincorporaran y, finalmente, terminó renunciando. Así fue que, a pesar de haber logrado un fallo judicial favorable, que ordenaba reincorporarlo al cargo, Teobaldo Morales no pudo volver a estar en esas aulas que tanto quería.
