1983 - 23 de octubre - 2022
Hoy se cumplen 39 años de la muerte de Juan Carlos Mulinetti
Era un domingo, como hoy... y él estaba arreglando las compuertas del Balneario Municipal. Quiso el destino que allí terminara la vida del bombero voluntario y que naciera la leyendaEscribe: Miguel Sponer Integrante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios
Hay nombres que hicieron trascender Villa María más allá de las fronteras de la ciudad desde distintos sectores del quehacer ciudadano. Amadeo Sabattini, Antonio Sobral, Edith Vera, Liliana Felipe, Eduardo Requena, José Omar Reinaldi, Gustavo Ballas, Mauro Rosales... por citar algunos que desde la política, la educación, las letras, la música y el deporte, hicieron flamear la bandera villamariense en otras latitudes. Del mismo modo, en el mundo bomberil, no hay cuartel del país en el que no se conozca y reconozca a Juan Carlos Mulinetti.
Más allá de haber sido el creador de la primera escuela de capacitación para los servidores públicos en el territorio nacional, este vecino enseñó desde el minuto uno el significado de servir al prójimo.
Había nacido el 20 de mayo de 1951, el mismo día y el mismo año en que Bautista Gianinetto y Enrique Masetti junto a un grupo de amigos fundaron el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Villa María. Y murió un día como hoy, domingo 23 de octubre, pero de 1983, una semana antes de las elecciones para el regreso de la democracia, mientras arreglaba las compuertas del Balneario Municipal, que hoy lleva su nombre.
Lo ahogaron las aguas del río en el que braceaba como nadie, cuando se tiró al cauce al medio de los remolinos para rescatar a los dos irresponsables que osaron atravesarlos con su piragua. Es historia conocida...
Ni el Ctalamochita es el mismo, ni la costanera... Las compuertas sí, como antes, como siempre, como testigos de aquel infortunio fatal que guardan silencio.
Así fue que perdimos a nuestro jefe; difícil explicar todavía hoy, 39 años después de aquella tarde calurosa de domingo...
El calor era sofocante aquel 23 de octubre de 1983. Y la Villa se transformó en una lágrima distinta, dulce como el agua del río; ahogaba como el agua del río.
La incredulidad se paseaba por el Cuartel y a los que quedamos nos aplastaba la sensación de orfandad.
Muchos hombres y mujeres importantes poblaron esta bendita ciudad. Pero pocos alcanzaron la dimensión de héroe. El Mula y los chicos de Malvinas, nomás. Héroes. Por siempre.
Quienes lo conocimos y compartimos con él, quienes de él aprendimos la dignidad de una profesión, comprendimos entonces que pasaba a la dimensión de héroe, de mártir, también. Ejemplo ya lo era. Y lo sigue siendo…
Dudo de que le agradase que lo llamásemos “héroe”. No creía en esas cosas. En realidad, nunca se creyó nada que lo diferenciase del resto.
Pero los titulares del día siguiente ya apuntaban para ese lado y dejaban entrever cómo sería considerado en adelante por sus conciudadanos: “Falleció en acto de Servicio el Primer Jefe de Bomberos Voluntarios”.
Nos enseñó que el peligro no da tregua. Que la sensibilidad no se aposta en ningún mostrador y que la entrega por el prójimo viene en el ADN de cada uno.
El suyo indicaba como con un sello indeleble que había nacido para bombero y voluntario, además. ¡Para servir!
A veces nos preguntamos con los muchachos si la paleta del destino pintará alguna vez otro hito, otro mojón en el camino de la superación de nosotros, los mortales, como usted. Otro “monumento” enorme a la solidaridad, a la lealtad, a las convicciones...
Padre, amigo, consejero... “Estudiá pibe; estudiá”, nos inculcaba.
Si alguna vez, por ahí, por el Balneario ven flotar una flor, si las aguas la acarician como pidiendo perdón, sepan amigos de qué se trata. Se asoma a espiar la ciudad, alguien que formó a muchos y que se conformaba poco.
Siempre iba por más; siempre iba al más allá y por eso nos provocaba esta admiración que sigue latiendo en nuestro uniforme.
Mil gracias, jefe.
