Testimonios de inquilinos, en un contexto difícil
Los alquileres, un dolor de cabeza para todos los trabajadores
Para la mayoría de las personas que alquilan, el costo de hacerlo les representa una alta porción de sus ingresos mensuales. Es su preocupación principal.
“Lo primero que hago al cobrar el sueldo es pagar el alquiler”, contó Liliana, una mujer de 60 años. “Antes, pagaba y me quedaba bastante plata como para pensar llegar a fin de mes. Ahora es mucho más difícil, por el monto del alquiler y por el costo de todas las cosas”, dijo.
El Diario buscó diversos testimonios de villamarienses de distintas edades que afrontan alquileres, y los relatos fueron similares.
En todos aparece el malestar; en muchos también el temor. Es que los términos de la ley vigente, las características del sistema y la alta inflación del país que socava los ingresos, afecta el estado de ánimo de vecinos y vecinas.
María, de 31 años, vive hace poco más de un año en el barrio Ameghino, en un departamento de un complejo de calle Alberdi. La vivienda tiene dos plantas. Abajo está la cocina, arriba el baño y dos habitaciones, una de las cuales es su lugar de trabajo.
Masoterapeuta, empezó pagando $17 mil y ya ahora abona $28 mil cada mes. En septiembre, las expensas saltaron de $2 mil a $4 mil.
María contó que con el correr de los meses debió ir ajustando todos sus gastos (y su cotidianeidad) a raíz de la situación general.
Valentín reside en barrio Centro, en un departamento de una torre de calle San Martín. Comenzó pagando 17 mil en septiembre de 2021, y desde hace un mes el monto es de $30 mil. En principio le quisieron aumentar el 100%, porque “la dueña decía que el precio era irrisorio, quería que fuera 35 mil”. Finalmente, acordaron un valor menor, atendiendo a la situación del inquilino, que es la de casi todos.
Aparte paga expensas. “Este mes pagué 9 mil, antes pagaba 6 mil”, precisó a El Diario.
El departamento no tiene balcón (ni patio), y posee dos habitaciones, una de las cuales es chica y es su lugar de trabajo.
En barrio Ameghino, en calle Parajón Ortiz, Leonel habita un departamento ubicado en un complejo de pocas residencias.
El suyo da a la calle. Tiene una habitación, un baño, la cocina-comedor y un pequeño patio.
Ingresó allí en julio de 2021. Entonces “pagaba 11 mil de alquiler y 1.600 de expensas”, comentó a este diario. Desde agosto pasado, abona 2 mil de expensas y 19 mil de alquiler.
Tiene 31 años y es empleado de una farmacia. También está inquietado por el costo de alquilar, y por el valor de todas las cosas en general.
Isabel reside en un departamento de un edificio situado en calle Buenos Aires, en cercanías del centro de la ciudad. El mismo tiene un comedor, una habitación, baño, y un pequeño balcón.
Está allí desde hace más de 2 años. Contó que empezó abonando $9 mil y que cuando finalizó el primer contrato a los 2 años pagaba 12 mil. Al renovarlo, el monto saltó a $27.600. El incremento fue mayor al 100%. A eso le suma cerca de 3 mil de expensas.
“Acá no podría vivir con nadie más que con una pareja, porque no hay demasiado lugar”, dijo la joven, quien trabaja dentro y fuera de esa casa. Cuida a una beba en otro hogar, y en su departamento realiza algunos trabajos como diseñadora.
Elena tiene 60 años y vive en un pequeño monoambiente en calle Mendoza, en barrio Lamadrid, desde hace un año. Hasta septiembre pagaba $9 mil, ahora se fue a $14 mil. “Es poco dentro de todo, pero es muy chico”, aclaró, reflejando que no podría convivir -por falta de espacio- con nadie.
No sirvió
La Ley de Alquileres rige desde el 30 de junio de 2020. Especialistas coinciden en que la misma “destruyó el mercado” al provocar una retracción de la oferta de inmuebles y un anticipo de mayores costos por parte de los propietarios. Se sostiene que se obliga a los inquilinos a pagar aumentos que, sin el Índice de Contratos de Locación (ICL) establecido, podrían haber sido menores. Este es un índice conformado “por partes iguales por las variaciones mensuales del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables (RIPTE)”.
Para muchos, la norma solo perjudicó.
Previo a la misma, el plazo mínimo para un contrato de alquiler era de 2 años. Ahora es de 3.
Los aumentos tienen que ser anuales, no se pueden realizar de manera trimestral ni semestral.
En junio pasado, el oficialismo y la oposición emitieron distintos dictámenes modificando la ley actual, no alcanzado el consenso en un texto único. Buscan reformar la vigente, bajo la coincidencia de que la misma fracasó.
