Día del Martillero - Distintos profesionales hablaron sobre cómo es la actividad en cada especialidad

El arte de seducir al mejor postor

Los martilleros judiciales contaron los cambios en la forma de subastar que ha traído la pandemia; en tanto, el martillero de hacienda dijo que los remates son distintos a todos los demás y el martillero público habló de “una actuación más abarcativa” en su especialidad
martes, 11 de octubre de 2022 · 08:59

El martillero público es el profesional encargado de subastar,  por orden judicial, oficial o particular, cualquier clase de bienes muebles, inmuebles, semovientes y derechos, marcas, patentes y, en general, todo bien cuya venta no esté prohibida por la ley o encomendadas a otras profesiones. El Colegio Profesional de Martilleros y Corredores Públicos otorga cinco matrículas: martillero público, judicial o de hacienda, corredor público y corredor inmobiliario. Y aunque el martillero es el profesional formado para subastar cualquier clase de bienes, hay diferencias en la modalidad en la que se ejerce la actividad en cada especialidad.

Hoy, al celebrarse el Día del Martillero, Adrián Flucia, Gabriela Toscano, Eugenio Olcese y Martín Petinarolli cuentan cómo es el trabajo en cada una de sus especialidades.

Adrián Flucia 

Sin juez ni abogado

El martillero público Adrián Flucia explicó que: “La actividad del martillero público se mezcla un poquito con la del judicial, pero hay una diferencia. El martillero público realiza remates por cuenta y orden de una persona particular, física o jurídica, como puede ser empresas, sociedades, industrias. Remata bienes de la gente que quiere rematar, principalmente son bienes no registrables, por ejemplo, mercadería, materia prima, obras de arte, joyas, artículos suntuarios, semillas, maquinarias, artículos de mueblería, pero también subasta un campo o una industria que cerró y decide rematar todos sus bienes, tanto registrables como no registrables”.

“La diferencia con el martillero judicial es que él actúa en sede de la Justicia y por cuenta y orden de un tribunal en el que se inició un juicio, es decir, hay un juez o un abogado de por medio. En cambio, el martillero público no interviene en un juicio, remata bienes de un particular, pueden ser bienes no registrables, y también registrables, como por ejemplo, el cereal, que se registra en los organismos de venta de cereales, o un vehículo, que se inscribe en el Registro del Automotor. Por otra parte, puede rematar carreras hípicas, de galgos, o de burros, interviniendo en las apuestas”, agregó.

“La actuación del martillero público es más abarcativa, no hace falta una orden de abogado, ni de juez, sino que es un convenio entre el martillero y el vendedor, se firma un acuerdo y se remata. En los remates públicos se hace la publicidad de las condiciones de venta, se exhiben los bienes y los remates se realizan de manera presencial, generalmente en el lugar donde están los bienes, a diferencia de los remates judiciales, que se hacen en la Sala de Tribunales, de manera electrónica o en un Juzgado de Paz”, afirmó.

“Los valores bases se establecen por la tasación del martillero, quien al final obtiene una comisión, que es el 10% del valor del bien que se remata”, precisó.

 

A través de un portal

Gabriela Toscano, martillera judicial, dijo que “el objetivo de la profesión es sacar a la venta el bien mueble o inmueble que esté para subastar”.

“Los tipos de remate son judiciales, oficiales o particulares. Los judiciales son ordenados por los jueces y los llevan a cabo martilleros que están previamente anotados en una lista, y que son elegidos por sorteo o designados por las partes. Después están los martilleros que hacen remates de bienes oficiales, que son ordenados por el Estado, y los particulares, que son ordenados por personas visibles jurídicas en los que se subastan bienes en consignación”, señaló.

“Mi especialidad es la judicial. En los remates judiciales ya no se usa la sede del tribunal, ya no está más presente la figura del martillero parado con el martillo, sino que son electrónicos. Ahora el martillero acepta el cargo, hace los trámites para llevar el bien a la subasta, se suben los datos al portal de Justicia de Córdoba, los detalles del bien y la base con el que saldrá a la subasta. Allí, las personas ingresan con usuario y contraseña y van ofertando. La gente no está mucho en conocimiento de que existe esto, no está muy difundido”, apuntó.

“Hay martilleros a quienes les resulta mejor la subasta electrónica y hay a quienes les gusta más la subasta presencial. En parte, quienes prefieren la subasta electrónica es porque no les gusta estar en presencia de tanta gente, y además están acostumbrados a lo virtual. Por otra parte, las subastas electrónicas son más amplias, porque puede ofertar cualquier persona que accede a la página, desde cualquier punto del país”, añadió.

“El martillero judicial siempre está nombrado en un expediente, lo designa el juez o un abogado de parte, luego de aceptar el cargo, su trabajo es pedir todos los informes, si es un bien inmueble, va con el oficial de Justicia a constatar la vivienda y su estado, si es un bien mueble, como, por ejemplo, un vehículo, va con el oficial de Justicia y se secuestra, luego hay un proceso en el que, si no se llega a un acuerdo entre las partes, se va a subasta. Antes de la subasta se hace publicidad sobre lo que se va a rematar para que la gente tenga conocimiento y, si le interesa, ingrese a ofertar al portal”, indicó.

“El tribunal da diez días para subastar, en ese lapso, el martillero debe ir contestando las preguntas de los interesados e ir viendo cómo están las ofertas, al final, gana la subasta el mejor postor”, remarcó.

 

Eugenio Olcese

Mayor potencial y mejores ventas

El también martillero judicial Eugenio Olcese sostuvo que la actividad de su especialidad “es la venta pública que se hace por la orden de un juez”.

“El martillero es auxiliar de la Justicia, no empleado, es propuesto por los abogados en un juicio en el que ya hay sentencia definitiva, con bienes embargados. La elección del martillero puede ser a propuesta de partes, en la que lo propone el abogado y el juez lo designa; otra forma es de oficio, si está anotado en lista de oficios, se elige al martillero por sorteo. Lo más común es a propuesta de partes. Una vez designados, comienza su trabajo, la función principal del martillero judicial es representar al tribunal en el acto de venta de estos bienes, tratando de lograr el mejor valor posible. Una vez hecha la subasta, le da al comprador toda la documentación necesaria para que pueda inscribir ese bien a su nombre”, puntualizó.

“A raíz de la pandemia, tuvimos grandes cambios en la forma de hacer subastas, ya no son presenciales, como se hacían antes en una sala en Tribunales, en un día y hora determinados, sino que se realizan de manera electrónica. Nosotros seguimos haciendo los mismos pasos, solo que ahora se hace la subasta por la web, dura siete días corridos y la gente tiene la posibilidad de estar ofertando las 24 horas. Esto, a mi parecer, permite tener un potencial muy grande de clientes y hacer mejores ventas, porque se están vendiendo bienes a personas de distintos lugares que, de una forma presencial, no tendrían posibilidad. Se capta mucha más gente de otros lados y el beneficio es obtener mucho y mejor precio, lo que redunda en que el martillero cobre mejor comisión”, consideró Olcese.

“Durante los siete días que dura la subasta electrónica, el martillero está disponible para evacuar dudas, además, debe responder a la persona interesada para que compre”, comentó.

“Yo amo esta profesión y la finalización del remate era el acto final del trabajo que el martillero venía desarrollando, era donde tenía la posibilidad de lucirse como vendedor, de usar las estrategias verbales y de conocimientos para tratar de lograr el mejor precio posible. Eso lo perdimos y se siente, pero es lo único que se extraña. Tal vez en algún momento vuelvan a hacerse las subastas presenciales”, manifestó.

“En lo que son las subastas públicas, uno puede optar por hacerlas presencial o virtual, por ejemplo, yo hago remates de motos secuestradas en la vía pública para algunas municipalidades de manera virtual, y se vende mucho mejor, porque se compraron motos desde Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba”, subrayó.

“En cuanto a la tasación, en el caso de tribunales, los inmuebles salen con una base equivalente a la base imponible que da la Dirección General de Rentas, no con el valor de reclamo en el juicio. En el caso de los automotores, el martillero aconseja un valor de inicio, de la misma forma, se aconseja el valor base para otros bienes muebles, para que no inicie la subasta desde cero”, detalló.

Martín Petinarolli

Con mucho ritmo

En tanto, el martillero de hacienda Martín Petinarolli explicó que en su especialidad, el profesional  “tiene que ir al campo del productor a revisar la hacienda que se le va a entregar para la venta, que tiene que reunir todas las condiciones de sanidad exigidas por Senasa”.

“Cuando los animales llegan al lugar donde van a ser subastados, se los divide por categoría, luego se los pasa por la pista donde se los exhibe a los compradores y comienza la puja. Cuando termina el remate, la hacienda se pesa y se entrega al comprador. Es un remate totalmente distinto a los demás, porque tiene mucho ritmo”, señaló.

“El martillero no solo remata hacienda para consumo interno o para exportación, sino que hay remates de cabañas de distintas razas, son animales de pedigree, con un precio superior, que tienen mucha inversión en genética y que se traducen en kilos de carne, porque tienen otra contextura física. Son animales de mayor valor, y distintos mercados”, remarcó.

“El martillero de hacienda debe especializarse, tiene que tener un conocimiento de la hacienda, de las distintas razas, generalmente se va formando con otro martillero, yendo al campo. Con la práctica se va adquiriendo el conocimiento”, agregó.

“En los remates de hacienda rigen los precios que fija el Mercado Agroganadero (ex-Mercado de Liniers) y se vende al kilo, en cambio, en los remates de cabaña, el martillero indica el valor inicial del animal basándose en los precios de referencia de las distintas cabañas. En ambos casos hay puja, el martillero indica las condiciones de venta y los plazos para el cobro”, precisó.

“En cuanto a los remates hípicos, los animales de pedigree se subastan en cuotas. Ahora se utiliza el sistema de preoferta, en el que se pone la foto y todos los datos del animal que se va a subastar, unos 20 o 25 días antes. Así, cuando el animal se pone a la venta, ya tiene una preoferta, que es con la que el martillero arranca la subasta. Eso también se hace con los animales de cabaña”, indicó.

“El martillero de hacienda está preparado para rematar todo lo que tenga que ver con lo agropecuario. Las matrículas son provinciales, si quiero rematar en La Pampa, debo matricularme en esa provincia, si solo tengo matrícula en Córdoba, no puedo ir a rematar a otra provincia”, concluyó.

 

¿Por qué el 11 de octubre?

Como todos los años, el 11 de octubre se celebra en nuestro país el Día del Martillero Público. Esta fecha fue fijada en homenaje a la Asamblea Constitutiva de pioneros y forjadores de la profesión, realizada en la ciudad de Tandil el 11 de octubre de 1943, con el objetivo de formar una Asociación, Federación o Colegio de Martilleros y Corredores Públicos.

El 22 de diciembre de 1945, en la asamblea organizada en Avellaneda por la Federación Argentina de Entidades de Martilleros y Corredores Inmobiliarios, se declaró “Día del Martillero Público” el 11 de octubre, en conmemoración de aquella originaria asamblea que significó su fundación.