Ola de calor - El docente universitario e investigador Fernando Forgioni dijo que es un fenómeno natural en verano, pero acentuado por otras razones. Por ahora no lo adjudica al cambio climático
“El desmonte no tuvo que ver, pero hace que se viva peor”
“El cambio climático viene a potenciar estos eventos que ya ocurrían, pero que ahora lo hacen con más virulencia”, dijo el especialista al ser entrevistado por El Diario. Precisó que las lluvias y las temperaturas mínimas son más intensasEscribe Diego Bengoa DE NUESTRA REDACCION
La ola de calor que atravesamos por estas horas “es un fenómeno natural”, “normal para esta época del año”, aunque potenciada en algunos sentidos por el cambio climático.
Ese es el resumen de lo que dijo ayer Fernando Primo Forgioni, docente, investigador y coordinador del Observatorio Regional de Cambio Climático de la Universidad Nacional de Villa María.
“La pregunta es cuánto más posible que se den estos fenómenos en un mundo cada vez más caliente. En un mundo más caliente, estos eventos extremos van a existir cada vez más”, sostuvo al ser entrevistado por El Diario en la mañana del miércoles.
“El cambio climático viene a potenciar estos eventos que ya ocurrían, pero ahora lo hacen con más virulencia”, confirmó.
Por qué sucede
“En la atmósfera siempre hay movimientos de aire, siempre hay vientos. Si no hay movimientos de aire es que pasa algo raro, un bloqueo. En la atmósfera se da actualmente un bloqueo, un momento en que hay como una pared que no deja avanzar el aire, se estanca”, precisó, explicando qué es lo que está sucediendo en estas jornadas, que marcan un calor abrasador en todo el país.
“Lo único que puede hacer el aire acá arriba es calentarse, está estacionado, se calienta cada vez más y provoca esta ola tan persistente”, detalló.
Forgioni advirtió que “hoy no estamos en condiciones de decir que esto es producto del cambio climático”.
En ese marco, mencionó a modelos matemáticos que comparan el clima de hoy con un planeta ideal no afectado por el cambio climático. “A base de esas conclusiones, se puede tener una idea, aún con las falencias de los modelos, que no son perfectos, y teniendo en cuenta que nuestro conocimiento de la atmósfera no es perfecto”, explicó.
Reforzó la tesis de que “las olas de calor son normales para esta época de año”. “En enero siempre ha habido, sucedió a lo largo de la historia del clima”, acotó.
“Es un fenómeno natural, un bloqueo natural, potenciado por La Niña. Este bloqueo de estas características -calor seco- son más probables que se den dentro de un fenómeno como La Niña”, dijo.
Mayores temperaturas
Cuando se le preguntó sobre los picos históricos que están teniendo las temperaturas, graficó que “año a año vivimos valores de temperaturas media más elevados”.
“Las máximas no son tan problemáticas. El cambio climático aumenta las temperaturas mínimas. No es lo mismo una mínima que nos permita dormir en la noche. Una mínima de 27 grados es mucho más peligrosa, ahora las mínimas son cada vez más elevadas y hacen insoportable la ola de calor”, alertó.
Ante el interrogante, dijo que “el cambio climático viene a potenciar estos eventos que ya ocurrían, pero que ahora lo hacen con más virulencia”. Se centró en “mínimas más altas, que lo hace más inaguantable”, y también en la duración de estos fenómenos.
En este contexto, recordó que en Buenos Aires en la década del 50 hubo un récord de temperatura de 43 grados, y que esta semana se produjo el segundo día más caluroso desde que se tienen registros.
“Como estamos tan adentro del continente, es difícil que tengamos pasajes de aire que vienen del océano. En Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero, lo vamos a sufrir mucho más, con valores por encima de 40 grados seguramente”, adelantó.
“El aire está sentado arriba nuestro, y le entra calor todo el tiempo desde la Tierra, porque la Tierra chupa calor del Sol y le tira calor al aire. El calor tendrá su pico entre jueves y viernes (hoy y mañana), hasta que llegue el frente frío, lo que ocurrirá probablemente el sábado. Ese frente seguramente provocará lluvias”, desmenuzó.
Forgioni aludió al meme que dice que este es el verano más fresco de la próxima vida. “No es tan así, el clima tiene una variabilidad... no es que matemáticamente sabemos que todos los veranos serán más calurosos”, precisó.
El impacto de la deforestación
Consultado sobre la repercusión que tiene el desmonte y la deforestación en esta ola que estamos atravesando, relativizó la cuestión.
“Los árboles cooperan, pero el fenómeno de la isla de calor, de un bloqueo, genera esto de todas formas”, respondió.
“Lógicamente que está mal deforestar, porque los árboles dan sombra y participan en tomar este calor o frenarlo como una cortina. Con más árboles y más montes, obviamente este efecto en muchos lugares se vería morigerado”, explicó.
“El desmonte acentúa los efectos de la temperatura, porque un suelo desnudo es una pantalla de calor y el aire al lado de ese suelo será mucho más caliente que el del, por ejemplo, monte de Yucat, pero no es atribuible la ola de calor al desmonte”, subrayó.
Aunque no es atribuible, aclaró que “con mejores cortinas forestales y más montes, en muchos lugares el calor sería menor”. “No es lo mismo un campo de soja en Santiago del Estero que el bosque nativo”, ilustró.
Para el especialista, “en este caso el desmonte no tuvo que ver con este calor, pero hace que se viva de peor manera”.
Ante la pregunta, dijo que este fenómeno actual no es atribuible al cambio climático por ahora, ya que no se hizo el respectivo estudio. En ese sentido, recordó que una ola de calor que azotó por 18 días a Buenos Aires en 2013 sí fue adjudicada al cambio climático, al ser estudiada.
“Los eventos tienen cada vez más virulencia”
Ante la consulta sobre los eventos extraordinarios que se vienen dando en el mundo, Forgioni ratificó que cada vez se producen más fenómenos extremos. “Los eventos tienen cada vez más virulencia”, dijo el entrevistado.
Mencionó particularmente la “megasequía muy extraordinaria” que atraviesa Mendoza. “Tiene que ver con el cambio climático y está asociada a mecanismos planetarios que, por el cambio climático, están cambiando”, declaró. “Los desiertos están donde están porque responden a una cuestión planetaria. Hay una celda que toma aire húmedo del Ecuador y baja en el desierto de Atacama de forma seca. Esa celda se está moviendo y llegando cada vez más al sur. Uno de los afectados de este movimiento es Mendoza. Es por un patrón que está cambiando”, especificó.
“Genera en Mendoza calores muy intensos en verano por la falta de agua. Al haber tanta sequía, no hay agua que morigere ese calor. Hay cada vez más sequía, que es un evento extremo”, dijo.
En el hemisferio norte “vemos huracanes cada vez más potentes porque hay más energía dando vuelta en el sistema, y esas tormentas son cada vez más virulentas y más frecuentes”.
La pregunta que se hizo es cuánto más seguido vamos a vivir esos eventos.
Luego, habló de un trabajo que presentaron en la Universidad Nacional de Villa María, relativo a lluvias y temperaturas intensas.
“En la ciudad tenemos cada vez más noches tropicales, asociadas a la ola de calor, donde la mínima supera los 20 grados. Otro índice de eventos extremos es cuánta lluvia cae en un día, y observamos que cada vez tenemos lluvias más intensas en cortos períodos de tiempo”, mencionó.
“Antes llovía 20 milímetros en un día y hoy 50”, apuntó.
Forgioni dijo que es una realidad que cada vez se producen más eventos intensos, “pero no sabemos por qué razones”.
“Lo de Mendoza lo menciono porque todo está conectado con todo”, indicó.
“Hay temperaturas mínimas cada vez más elevadas que hacen que tengamos noches tropicales insoportables, y precipitaciones cada vez más intensas y en cortos períodos de tiempo, generando inundaciones, haciendo que las infraestructuras no aguanten”, manifestó.
Ratificó que “en estos últimos 60 años ha empezado a llover más, y las temperaturas mínimas son más elevadas. El próximo capítulo de nuestra investigación será sobre qué cuestiones podemos llegar a esperar”.
