Coronavirus - Los lectores también escriben
“Con nuestros niños y jóvenes, no”
Medio centenar de padres y madres se quejan en una carta por lo que consideran un abuso en la aplicación de medidas sanitarias. Piden ser informados antes que se apliquenA la hora de preguntarnos quiénes son los responsables de las medidas sanitarias que les imponen a nuestros hijos en las escuelas, hay un vacío, un silencio. Los directivos, profesores y maestros cansados de tanta improvisación por parte del Gobierno municipal nos dicen que las comunicaciones llegan vía WhatsApp y luego una resolución escrita, pero sin firma ni sello de autoridades responsables. ¿Quién es el responsable de estas medidas en Villa María? ¿El secretario de Salud municipal doctor Pedro Trecco? ¿El secretario de Gobierno Eduardo Rodríguez? ¿El intendente interino Pablo Rosso? La verdad es que nadie es responsable; todas las medidas son improvisadas e impuestas bajo presión y de forma arbitraria. Hasta que la sociedad no grita hay que seguir metiendo el dedo en la herida.
Si les preguntamos a estos funcionarios seguramente se escudan en que son resoluciones del Gobierno provincial y los funcionarios provinciales dirán que son órdenes de funcionarios de la Nación y los funcionarios nacionales dirán que cumplen con protocolos de la OMS, organismo al que nadie votó, nadie sabe bien quién lo financia, nadie sabe bien quién lo dirige, pero hoy actúan como los dueños de la verdad.
La cuestión es que para realizar cualquier tipo de actividades en las instituciones educativas o deportivas o de cualquier índole donde participan nuestros hijos, hay que pedir autorización a los burócratas de turno que bajo la excusa de la pandemia hacen uso y abuso de sus facultades (independientemente del partido político al que pertenecen), porque no se vio a ningún funcionario de la oposición cuestionando y pidiendo explicaciones de las medidas que se toman.
La verdad que se han comportado como perfectos soldados acatando órdenes para cuidar su pequeña y efímera cuota de poder.
En este tiempo han conseguido llenar de miedo a la sociedad toda y por ende también a nuestros niños y adolescentes haciéndolos sentir que son casi terroristas si se bajan el barbijo en clase o no utilizan alcohol al entrar a la escuela.
Todo esto lo lograron a la perfección con campaña publicitarias en distintos medios de comunicación y con un hermoso cartel luminoso en el puente Juan Bautista Alberdi de nuestra ciudad que nos recuerda las 24 horas del día cuántos contagios hay y cuántos muertos llevamos. (Siempre es importante recordar las tragedias para incrementar el temor).
“Que aclaren...”
Es importante que si van a tomar decisiones sobre la salud de nuestros hijos aclaren en las resoluciones enviadas a los colegios y a las organizaciones deportivas, el nombre del funcionario que la emite, el sello y la firma del mismo y así de esta manera sabremos a quién responsabilizar por los perjuicios que se pueda ocasionar. Y por supuesto anexar a estos protocolos el sustento médico científico que acredita la decisión.
“Cuando no se quiere ver no hay más que cerrar los ojos, pero no es bueno a mi antojo ser ciego por voluntad”, recita una canción de un cantautor argentino. Si tan solo abriéramos los ojos podremos ver bares y restaurantes llenos de gente sin ninguna protección, lo cual celebramos porque es como debe ser; la libertad individual debe primar por sobre todas las cosas, pero acá se puede ver las dos caras de la misma moneda: castigan de una forma silenciosa pero cruel con protocolos absurdos a los más vulnerables que son nuestros hijos.
También avanzaron con todas sus fuerzas sobre pequeños y grandes comercios, que para poder abrir sus negocios tuvieron que llenar de carteles sus vidrieras de “usar mascarillas de forma obligatoria”, transformándolos en policías sanitarios y el comerciante por necesidad de no tener que bajar sus persianas y por temor a las multas exorbitantes que se les imponen empezó a ceder.
Se ha asustado tanto a la gente que es muy común ver a personas manejando solas en sus autos con el barbijo puesto.
Esto no es apología a la falta de cuidados sanitarios, esto se trata de que se debe respetar la ley sobre todas las cosas y que los individuos puedan optar de qué manera cuidan mejor su salud. El ejercicio pleno de la constitución no se suspende nunca, ni ante un contexto de pandemia.
“Nos resistimos...”
Nos resistimos como padres a que nuestros hijos se acostumbren a esta anormalidad que nos quieren presentar como normal.
En nombre de la pandemia le tapan con un trapo la sonrisa y la expresión a nuestros hijos, en nombre de la pandemia se les impide el contacto físico con sus amigos, con sus maestro, saludando con el codo en clara señal de que el que tenemos en frente es un enfermo infectocontagioso en potencia.
A veces nos preguntamos cuando se perdió el sentido común en esta sociedad, cuando dejamos de vernos como seres humanos, cuando perdimos la compasión, la empatía, cuando se perdió el amor por el prójimo.
Nuestros hijos tienen el derecho de ser felices, de vivir en un entorno de libertad, de educarse sin miedo.
No es tiempo de echar culpas en este momento porque si los funcionarios públicos tienen responsabilidad en esta locura el resto de la sociedad también tenemos una cuota parte y debemos reflexionar que no podemos actuar como ovejas de un rebaño y debemos ser responsables plenos de nuestras vidas plantándonos ante las injusticias y los atropellos.
Todavía podemos reparar los errores y no permitir que se siga utilizando a nuestros hijos como un experimento social, todavía estamos a tiempo de decir, “Con nuestros hijos y jóvenes, no”.
Padres autoconvocados
Audisio, Pablo (DNI 22.384.262); Bodello, Juana (24.261.098); Taddeo, Horacio (26.095.897); Kraft, María Cristina (25.777.804); Pieroni, Javier (26.977.050); Scarano, Silvia Andrea (17.910.510); Centeno, Silvia (20.043.102); Borgello, Mariana (23.497.508); Urretavizcaya, Adriana (16.354.634); Montalvo, Patricia (28.625.635), Banegas, María Soledad (28.625.403); Bonetto, María Agustina (39.474.646); Benítez Verónica (29.995.806); Oconnell, José (24.119.592); Celada, Fabio (24.086.402); Oconnell, Roxana (22.078.800); Londero, Paola (24.369.689); Córdoba, Romina (29.995.727); Oconnell, Stella (17.729.105), López, Leonardo (32.562.886); Cavigliasso, Franco (29.739.813); Geremía, Ana (29.182.640); Gómez, Walter (18.158.160); Córdoba, Tristán (23.673.125); Porverini, Susana (6.360.058); Kawicher, Ricardo (13.015.176); Calderón, Guillermo (28.209.351); Vechietti, Adriano (22.396.282); Castro, Alejandro (31.111.286); Falvo, Verónica (27.723.039); Mossino, Mónica (25.000.435); Radil, Susana (13.536.821); Simonassi, Lorena (27.805.142); Fuma, Alida (16.110.688); Argüello, Valeria (26.855.471); Echevarría, Marcelo (24.119.785); Hernández, Roberto (22.895.206); Soto, Natalia (32.772.886), Stupenengo, Gustavo (16.855.274); Pedraza, Horacio (24.230.378), Combra, Eduardo (23.040.051); López Cecilia (20.804.292); Manfredini, Raúl Horacio (13.029.817); López, Fernando (24.579.152); Llufriu, Yamila (34.426.407); Figuera, Melisa (27.444.747); Pettinaroli (20.930.436); Lione, Hernán (22.740.703); Conrrero, Ivana (24.918.937)