Día del Veterinario - Verónica Durán habló de por qué elegir esta profesión

Por amor a los animales

La veterinaria, que se dedica a animales no convencionales, hizo hincapié en la necesidad de especializarse para brindar una mejor atención a cada especie, además de enseñar a sus dueños a cómo deben cuidarlos
viernes, 6 de agosto de 2021 · 08:59

“Elegí ser veterinaria por amor a los animales”, afirmó Verónica Durán, una profesional que tiene la particularidad de dedicarse a la atención de animales no convencionales.

“Siempre quise ser veterinaria, desde muy chica me gustaron los animales, tenía la idea de atenderlos, de cuidarlos, curarlos, soy consciente de que desde los 3 o 4 años le decía a mi mamá que iba a estudiar para ser veterinaria, y así fue”, señaló ante El Diario.

“Al principio lo pensé porque quiero a los animales, porque me gustan mucho, pero cuando comencé a estudiar me di cuenta de que no es solo por amor y por gusto, hay muchas cosas en las ramas de esta carrera que son muy interesantes, están muy buenos los conocimientos que da la medicina veterinaria para poder atenderlos, curarlos y salvarlos”, agregó.

“Trabajo sola desde hace poco, aproximadamente un mes y medio, antes lo hacía en las veterinarias de otros colegas. Inicialmente atendía a perros y gatos, pero me fui especializando en animales no convencionales y de a poco pude elegir dedicarme exclusivamente a ellos. Es una rama extensa, porque son muchas las especies no convencionales”, reveló.

 

Esos bichos raros

Verónica dice que a la mayoría de la gente le llama la atención que la de ella sea una veterinaria de atención especializada. Y cuando se le pregunta por qué elegir dedicarse a animales no convencionales, confiesa que son más difíciles de atender porque se necesita una especialización.

“Cuando me recibí teníamos especializaciones, pero pocas ramas, algo de fauna silvestre, algo de peces, no estaban incluidos los animales no convencionales. A medida que fueron pasando los años se fue incluyendo la especialización. Y está muy bueno que funcionen las especializaciones en Veterinaria, como pasa con los médicos”, consideró la profesional.

“Los animales no convencionales siempre me llamaron la atención, comprende a todos los que la gente llama ‘raros’ por no ser perros y gatos, aunque se atienden conejos, tortugas, cobayos, hámsteres, loros, y otros animales domesticados”, afirmó.

“El interés en estas especies me llevó a aprender lo que me faltó en la universidad, a medida que fui estudiando y haciendo diferentes capacitaciones iba descubriendo una nueva rama que no conocía, pero que me gustaba. Tal vez me atraiga que son poco comunes, son animales totalmente distintos, con anatomías y patologías distintas, entonces me gustó conocer esas diferencias y poder brindarles atención”, añadió.

“Mi idea es lograr acá lo que se hace en Buenos Aires, donde hay veterinarios especializados en aves, especializados en conejos, etcétera, todo tipo de especializaciones, lo que da la posibilidad de profundizar más en cada especie y brindar una mejor atención. Si pudiera, me especializaría en pequeños mamíferos, que son conejos, cobayos, erizos, hámsteres, jerbos”, precisó.

“Si me traen un gato o un perro no los atiendo, porque trato de mantener la idea de la especialización. En Villa María somos muchos veterinarios, por el momento soy la única que se dedica a estos animales, y mis colegas me hacen derivaciones, entonces también respeto su trabajo”, enfatizó.

Un sapo en la cama

Verónica cuenta que el animal más raro que tuvo que atender en Villa María fue un gecko, una especie de lagartija chica, que tenía un problema de descalcificación que prácticamente no le permitía moverse.

“El gecko necesita un terrario apto para el crecimiento y desarrollo, con calor constante y una luz propicia para los reptiles, entre otras condiciones que, si no las tiene, el animal se enferma. Su dueña le armó el terrario como corresponde y hoy está en perfecto estado”, aseguró la veterinaria.

“Otro fue un sapo, que una persona encontró en la calle y adoptó como mascota. Al sapo lo hacía vivir dentro de la casa y hasta dormía en una cama con sábanas, hasta que se terminó muriendo, porque lo que necesitaba era estar afuera para alimentarse de insectos”, apuntó.

“Lo triste de este tipo de animales es que son ilegales. En Córdoba rigen leyes de fauna distintas a las de otras provincias, antes se permitía la tenencia de reptiles, como iguanas o víboras, y hasta arañas, pero desde hace unos años eso se sacó en la provincia, porque los animales sufren. La gente sigue teniendo tortugas y loros, pero son ilegales”, remarcó.

 

Educar para ayudar

“También me interesó dedicarme a los animales no convencionales porque la gente desconoce todo de ellos, y los veterinarios somos los responsables de educar a esas personas, porque aunque sean ilegales, no quiere decir que en los hogares no existan como mascotas”, puntualizó.

“La mayoría de estos animales tiene problemas al no estar en su hábitat natural, al no tener una alimentación correcta porque la persona que lo adquirió le da de comer lo que le parece y no lo que necesita. Por eso existe cada vez más la necesidad de veterinarios que se dediquen a estos animales, que les den a los dueños la información que corresponde sobre su cuidado”, subrayó.

“La idea es no solo atender al animal, sino educar y concientizar a su dueño sobre lo que debe respetar para que viva bien y viva los años que debe vivir. Trato de la mejor forma, de hacerle entender a la gente que más allá de mi atención como veterinaria, debe aprender a cuidarlos. Educando a la gente, ayudo a los animales”, concluyó.

 

¿Por qué se celebra en esta fecha?

Cada 6 de agosto se celebra en Argentina el Día del Veterinario. El motivo es porque en esa misma fecha, pero en 1883, comenzaron a dictarse las primeras clases de la carrera universitaria de Veterinaria.

Estos estudios se realizaban en el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria Santa Catalina, ubicado en la localidad de Llavallol, provincia de Buenos Aires. Esta fue la primera escuela de estudios superiores de veterinaria del país, creada por Eduardo Olivera, quien se recibió en Francia y se convirtió en el primer agrónomo argentino.

En 1883, 18 jóvenes se inscribieron para rendir el examen de ingreso: 12 de ellos para cursar estudios de primera categoría que duraban cuatro años y otorgaban títulos de “Capacidad Agrícola” y de “Capacidad para Ejercer el Arte Veterinario”, y seis para realizar una carrera de dos años que entregaba un certificado de estudios para el grado de mayordomo. De los 12, aprobaron 10, en tanto que los otros 6 rindieron correctamente. Así, los 16 alumnos comenzaron sus estudios el 6 de agosto de 1883.

El alto nivel académico de los primeros egresados, que se equiparaban a los profesionales de grado universitario recibidos en Europa, obligó a las autoridades provinciales a prestarle mayor atención a los estudios que se ofrecían en Santa Catalina. Tomando en cuenta eso, el 4 de junio de 1889 entró a consideración del Poder Legislativo provincial un proyecto del Ejecutivo que impulsaba la creación de una Facultad de Agronomía y Veterinaria sobre la base del Instituto Santa Catalina. Casi 20 años después, el instituto se mudó a la ciudad de La Plata y obtuvo el rango de Facultad de Agronomía y Veterinaria.

Sea que se dediquen a perros y gatos, o a los tan conocidos animales del campo, como vacas, cerdos, cabras y caballos; o bien a los que, como Verónica Durán, atienden desde sapos hasta lagartijas, pasando por los más domesticados, como hámsteres, conejos, y cobayos, e incluyendo los siempre presentes loros y tortugas; para todos ellos, vaya el mejor de los saludos de El Diario. ¡Feliz Día del Veterinario!

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