Una treintena de familias reside en casillas al final de barrio Las Playas, en tierras expropiadas

Intentan comenzar a construir sus casas, cansadas de la espera

Convocaron a El Diario ante el movimiento policial por la intención de iniciar la construcción de viviendas, en lotes prometidos por el municipio
viernes, 16 de julio de 2021 · 08:01

Numerosos niños y niñas viven en condiciones muy precarias al final de barrio Las Playas, y de la zona urbana de la ciudad, en tierras que el municipio expropió para hacer un programa habitacional cuyo comienzo se demora.

Los chiquitos, junto a sus madres y padres, residen en 17  construcciones de lonas, sin los servicios básicos y soportando las heladas y el frío invernal de julio, en calle Costa Rica, la última de Las Playas.

El Diario estuvo ayer en ese predio, desde el cual nos convocaron ante la presencia policial originada por los movimientos vecinales en el lugar. Es que un grupo de cerca de treinta familias decidieron poner fin a la espera de la decisión gubernamental y definieron comenzar la construcción de sus hogares.

Marcaron terrenos de 10 por  20 metros, cavaron algunos cimientos y ante la llegada de material de construcción se produjo la intervención policial.

“Hace 7 meses que estamos acá, y el municipio nunca se acercó, nadie vino a ver si necesitábamos algo. Hemos pasado tormentas con los chicos, estamos pasando frío”, dijo una de las mujeres que dialogó con este diario.

“Decidimos levantar nuestras casas al ver que el municipio no se acerca, pero nos han puesto un oficial que no nos deja entrar ni siquiera arena”, contaron. A unos metros, en la esquina de calles Costa Rica y Jorge Newbery, un agente de la Departamental San Martín conversaba con un vecino mientras un grupo de varias mujeres, rodeadas de algunos niños y niñas, hablaba con este matutino.

Las vecinas explicaron que desde el primer momento hubo presencia policial, pero cuando empezaron a hacer los movimientos para construir, “llegaron a hacernos actas, y no nos dejan entrar materiales”.

“No pedimos mercadería, ropa, no queremos bolsones, nada, sino que nos den el ok para construir”, dijo una señora. Remarcaron que tienen los convenios firmados por funcionarios del municipio, los cuales establecen que “una vez que tengamos levantadas las viviendas, pagaremos las cuotas” para abonar el terreno.

Las entrevistadas mostraron por dentro tres de las casillas en las que habitan desde hace algunas semanas. “Estoy con  mis cuatro chicos, me traje las camas, cocina, mesa”, dijo una mujer.

Solo una de las garitas se fue armando con ladrillos. El resto es de lona y algunas fueron levantadas con chapas.

En uno de estos espacios, dormía una niña de 8 años que presenta autismo.

Explicaron que habitantes del barrio se acercan para brindarles agua, “pero por ejemplo una vecina ya no nos quiere dar más porque un policía le labró un acta por ese motivo”.

“Estamos sin luz y en su momento pedimos baños químicos, pero por supuesto que no tuvimos eco. Los de la Municipalidad ni siquiera se acercan, ninguno viene, no se llegó nadie. Tampoco los del MuniCerca, al comienzo una sola vez trajeron botellitas de agua”, dijeron.

Ante el frío y la oscuridad, contaron que se las arreglan con velas, faroles, y brasas. “Prendemos fuego temprano, hacemos brasa y con eso mantenemos calentito adentro”, precisó una de las entrevistadas.

Seis años de expectativas

Sobre la construcción de casas, apuntaron que la mayoría ya cuenta con el material necesario, porque “hace seis años” que se vienen preparando para ese momento, desde que firmaron acuerdos con el Gobierno local.

“Siempre confiamos en que nos van a dar la tierra para poder edificar y aún estamos a la espera. Nosotros cumplimos tal cual marca el convenio, de medidas de 10 por 20 metros y ya cada uno tiene su espacio”, especificaron.

“Como la mayoría de nuestras parejas son albañiles, pudimos organizarnos y tenemos todo preparado”, añadieron.

Recalcaron que pagarán en cuotas cada lote.

“No se puede pagar más el alquiler, no hay plata que alcance, varios de nosotros ya tiene orden de desalojo. Por eso queremos que nos dejen construir”, solicitaron.

Estas tierras, situadas al final de la ciudad en la zona este, intentaron ser ocupadas a fines de diciembre de 2015, a poco de asumir su primer mandato el intendente Martín Gill, actualmente de licencia.

Posteriormente, las familias llegaron a un acuerdo con el Gobierno local, que inició un proceso de expropiación de estos terrenos, que eran de propiedad privada.

Esas gestiones se extendieron por varios años hasta concretarse la expropiación.

El 30 de junio pasado, el intendente interino Pablo Rosso explicó que están “a la espera del apto técnico de proyectos de agua, cloacas, cordón cuneta, red eléctrica, alumbrado público y consolidación de calles”, que presentaron ante el Ministerio de Obras Públicas de la Nación para dotar de la infraestructura necesaria a las 23 hectáreas, en las cuales el municipio aspira a generar 323 lotes.

Rosso reveló que desde el Ministerio de Hábitat y Vivienda de la Nación les han confirmado a través del programa Casa Propia que se harán allí 300 casas.

El Ejecutivo vino reiterando que trabaja en el asunto, pero distintas familias aseguran que ya no pueden más y que quieren empezar a levantar sus casas, allá en el fondo de la ciudad, en unas tierras que estaban cubiertas de malezas.

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