Hoy cumple 100 años Rosa Santiano de Calderón, vecina del barrio Parque General Paz

“Espero que la pandemia se acabe para celebrar a lo grande, con un lechón”

Es una de las vecinas más longevas de la ciudad. Rosita, como le dicen en el barrio, cumple hoy los 100 años rodeada del cariño de los que la rodean. Esta es la historia de una mujer trabajadora
miércoles, 14 de julio de 2021 · 08:08

En el barrio donde vive desde hace siete décadas, todos la llaman Rosita. Rosa Santiano de Calderón es una mujer trabajadora, hija de inmigrantes italianos, que transitó su infancia entre Arroyo Cabral y Ausonia, para luego erigir su casa en Villa María, en el Parque General Paz, donde hoy podrá festejar, como se pueda, sus 100 años.

Todavía le resuenan en la memoria los apellidos de sus vecinos, que habitaban las pocas casas que dieron identidad a ese sector cuando ella llegó con su marido.

Fue una mujer de honrar sus deudas. Su familia recuerda que por 50 años tuvo la libreta en la carnicería, comprando al “fiado” por todo ese tiempo. Sólo cerró ese documento sagrado cuando falleció su carnicero. Así también la valoran los almaceneros que elige de toda la vida, no sólo ahora que se habla de “comercios de cercanía”.

No todo fue rosas para ella. Sufrió la pérdida de su único hijo, Cacho Calderón, y a su amado esposo Tito, pero se repuso gracias al cariño de sus dos nietos Fabiana y Javier y el de su nuera, que la cuida hasta hoy. El amor y el cariño de sus bisnietos y tataranietos la llena de alegría.

Cuando le preguntamos qué mensaje quiere dejar en base a la experiencia de 100 años vividos, no duda en señalar que no hay que “olvidarse de dónde uno viene”, y que siempre hay que “ser humilde, honrada y agradecida”.

“Hay que valorar la vida, luchar siempre por tener algo, un arraigo, como tu casa, trabajo y el amor de la familia”.

Agradece estar vacunada con la “rusa”, como dice ella al referirse a la Sputnik V, y estar jubilada desde el año 2008, lo que le permite “no depender económicamente de nadie”.

“Tengo mi casita, no debo impuestos y el PAMI me da todo lo que necesito: remedios, el audífono, la silla andador. ¡Qué más puedo pedir!”.

Con la vitalidad que la caracteriza, piensa también en el mañana. “Seguiré honrando la vida, hasta que el Señor me llame a su lado”, dijo, agregando que espera que sea sin sufrimiento.

Y a la hora de pedir un deseo -aunque le correspondan 100- dijo que sueña que “esta pandemia se acabe para celebrar a lo grande, con un lindo lechón”.

 

“La vecina más querida”

De chiquita trabajaba en el tambo que su familia paterna tenía en Ausonia, luego, cuando se casó, se radicó en Villa María. Aquí, en la ciudad, fue empleada de una fábrica de zapatos donde se dedicaba a la costura del calzado. También tuvo pensión en su casa (llegó a tener hasta 17 pensionistas).

 “Si mi nuera va a hacer un trámite, a mí no me dejan sola. Se cruzan para preguntarme si estoy bien, si me duele algo o si necesito alguna cosa”, dijo Rosita a El Diario en los barrios, el suplemento que el 3 de mayo de 2012 dedicó su edición al barrio General Paz.

 “Antes hacía de todo, ravioles, fideos y todas las pastas”, dijo, señalando que la espalda le dolía un poco para seguir amasando.

 “Le digo la verdad, me siento querida por todos los vecinos. Los quiero como si fueran mi familia, imagínese, si los conozco de toda la vida”, expresó.

“Vinimos en el año 1952 a la calle Tucumán 39, después nos pasamos a otra casa en la calle Echeverría y, finalmente, en esta de la calle Bolivia”, recordó.

“No había nada prácticamente, por eso mi marido hizo enfrente de casa una canchita de fútbol, donde venían equipos de todos los barrios. Cuando terminaban los partidos venían todos a comer acá”, había señalado en esa oportunidad, cuando publicamos la nota con el título “La vecina más querida”, algo que sigue vigente todavía.–

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