Fue integrante del cuerpo de guardavidas que dirigía Juan Carlos Mulinetti

Falleció el Canario Ludueña, un hijo del río Ctalamochita

Estuvo a cargo de la apertura y el cierre de las compuertas del Balneario Municipal. Una de las personas que más conocía el cauce de nuestro río, en tiempos en que las aguas bajaban bravas
domingo, 11 de julio de 2021 · 08:30

Falleció ayer a los 75 años Osvaldo “el Canario” Ludueña, integrante destacado de un singular plantel de guardavidas municipales que en los años 70 y 80 actuaba bajo las órdenes del jefe del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de entonces, Juan Carlos Mulinetti.

Siempre vivió cerca de la orilla del río Tercero, el Ctalamochita de ahora. Y durante mucho tiempo su casa se hallaba dentro del mismo Polideportivo Municipal Guillermo Evans, en el espacio que actualmente se encuentra entre los baños públicos y los vestuarios de ese centro deportivo.

Ayer, el exconcejal Daniel Climaco recordó en Facebook que “se crió a la vera del río con doña Juana y don Pedro Ludueña, quienes no conocían temporadas altas ni bajas, porque había que sacar arena todos los días, ya que ese era su sustento”.

Una de las tareas “extras” que le habían encomendado como guardavidas era la de subir o bajar las compuertas, según las necesidades del momento. Al cauce, sus crecidas y bajantes, las conocía como pocos, en tiempos en que no existían tantos bancos de arena y había zonas realmente profundas, sobre todo en la ribera villanovense.

Estaba ahí, donde tenía que estar, aquel domingo cuando el torbellino de agua que se forma al otro lado de las compuertas se tragó la vida del gran jefe el Mula Mulinetti. Era el 23 de octubre de 1983. El Mula insistió en ser él quien saltara a las aguas para rescatar a los dos irresponsables que se lanzaron con su piragua a la tonta aventura. Ya cansado después de haber salvado a uno, extenuado por la lucha contra esa correntada enmarañada, le pidió ayuda al Canario mientras tomaba aire para ir en busca del segundo joven en peligro... Y cuando el bañero de más confianza le tendía la mano, un tronco que se revolvía alocado por la turbulencia le golpeó la cabeza y le hizo perder el conocimiento.

 

“Cuando le voy a dar la mano...”

El Canario Ludueña contó en la película El Mula, de Sergio Stocchero (realizada entre 2004 y 2005): “Cuando le voy a dar la mano había un tronco que habíamos sacado anteriormente y le pega en la cabeza, desgraciadamente, y cuando lo veo flotar me tiro al agua, lo levanto, lo saco afuera, le hago una respiración, pero ya era tarde... Entonces les digo que llamen al Cuartel...”. Y la voz se le quiebra ante la cámara.

Se le rompe la voz cuando se le atragantan las lágrimas más de dos décadas después de aquel hecho, porque el río que lo bautizó, que lo crió, que le dio de comer y hasta el agua de los mates, le arrebató a una de las personas que más respetó.

El Canario de los mil asados en la costanera, el que junto a Pirilo, la Osa y el Negro Armando, entre otros, escondía la jarra de sangría para que no la fuera a ver el jefe... el de los cuentos y las anécdotas, se quedó un poco con el corazón partido desde ese domingo del 83.

Pasó los últimos años en la residencia de adultos mayores de la Municipalidad de Villa María, Roberto Velo de Ipola, en la prolongación de bulevar Alvear, hasta donde se desplazaban algunos de sus afectos para la hora de los recuerdos. Allí se apagó ayer la vida de un personaje de la ciudad, cuyo recuerdo permanece vigente entre muchos vecinos de esta ciudad, a juzgar por lo que se pudo leer en las redes sociales.

En su haber, muchas vidas salvadas con sus compañeros, sobre todo en aquellas épocas del camping municipal, con turistas que no conocían los peligros que entrañaba la correntada marrón.

“Su pasión era estar dentro o al lado del río. El Ctalamochita está triste”, cerraba ayer su comentario Climaco. Murió el Canario.

8
2
11%
Satisfacción
4%
Esperanza
2%
Bronca
80%
Tristeza
0%
Incertidumbre
2%
Indiferencia