El grupo requiere de más apoyo para poder seguir ayudando
Las Iguanas Solidarias tienen sede
Estuvieron varios meses sin un espacio y finalmente encontraron dónde poder seguir ejerciendo su labor solidaria. Pero, reconocen, remar permanentemente hace que la llama se esté apagando. ¿Y si nos quedamos sin Iguanas?
Escribe Damián Stupenengo
De nuestra Redacción
Después de algunos meses “en la calle”, Las Iguanas Solidarias consiguieron nuevamente tener un espacio para utilizar como sede.
Tras tantos años llevando adelante una incansable labor solidaria, no debería hacer falta explicar qué es este grupo ni por qué es tan importante. Pero, por las dudas y para algún desprevenido, Las Iguanas Solidarias están prácticamente para todo, allí donde haya una necesidad: comida, ropa, abrigo, muebles, colchones, remedios, y otras tantas cantidades de cosas han sido facilitadas desde este grupo hacia quienes más lo necesitan. Han organizado campañas solidarias hacia la región e incluso a otras provincias y asistido a infinidad de personas.
En definitiva, son un puente más que necesario en una sociedad donde cada vez más panzas sienten hambre, pero al mismo tiempo muchos quieren dar una mano.
Por eso, cuesta entender que les haya sido tan difícil encontrar un lugar donde poder seguir funcionando. Momentáneamente, volverán a ubicarse en el inmueble donde estuvieron hace algunos años, en Santa Fe 484.
¿Por qué es importante que tengan un espacio? Porque para poder ayudar a los cientos de personas que ayudan, reciben cientos de donaciones de todo tipo que deben tener dónde guardar hasta que alguien lo requiera.
“Fue un trabajo terrible ir a limpiar la otra casa y el domingo hacer la mudanza. En esa casa donde estamos no hay luz, ni gas. Pagamos un alquiler y nos tenemos que hacer cargo de impuestos, y resolver el tema de la luz, pero estamos en la cuerda floja porque la casa está en venta, y si se vende, nos tenemos que ir y quedamos en la calle nuevamente”, explica Carla Tais, una de las integrantes, quien no pudo evitar mostrarse agotada.
“Hace 8 años que funcionamos y es el primer invierno que no tengo para entregar ni una frazada. Hemos perdido un montón de donaciones porque no teníamos dónde almacenar. De alguna manera empezamos de cero”, sostuvo, lamentando el hecho de que fue mucha la gente que la contactó para pedirle cosas, acostumbrados a que siempre tienen una respuesta, y esta vez no pudo abrazar solidariamente a esa gente.
Desde hoy, trabajarán solo tomando donaciones, justamente porque no tienen absolutamente nada para entregar. Lo harán los lunes de 14.30 a 17; martes de 9 a 17 y miércoles de 14.30 a 17 horas. Cuentan con habilitación para poder realizar este trabajo en este contexto de medidas restrictivas por la pandemia.
¿Y si nos quedamos sin Iguanas?
Quizás para quienes tienen la posibilidad de hoy ocupar algún espacio político se les haya pasado por alto que Las Iguanas Solidarias están dándole una mano a ellos/ellas también. La gente que golpea sus puertas para pedir por ropa, porque tiene hambre, porque tiene frío, porque quedaron en la calle, porque un incendio los dejó sin siquiera un mueble… ¿A dónde va a ir cuando no existan Las Iguanas Solidarias?
Este grupo, como otros que realizan acciones similares, como los tantos merenderos y comedores esparcidos por los barrios, están tapando huecos al poder político de turno.
“¿Qué tan mal hacemos las cosas para no tener un acompañamiento?”, se preguntó Carla Tais, y agregó: “En este tiempo buscando casa, no recibimos nada de nadie… nadie se acercó, ni a nivel político... nada”.
Quizás deberían entender, quienes tienen la posibilidad de abrirles alguna puerta, que también les están haciendo un favor a ellos. Claro, nadie puede negar la ayuda que parte desde municipio, provincia, etcétera, en asistencia social, pero evidentemente si durante ocho años un grupo como Las Iguanas Solidarias creció tanto en su importancia en la sociedad, es porque no alcanza.
“La verdad que cansa un poco tener que remarla tanto para poder seguir ayudando a la gente. Emocionalmente el grupo está caído. Estamos cansados. Hemos demostrado a la sociedad que laburamos y bien, tenemos personería al día, todo claro… ¿Entonces?”, planteó.
“Creo que ya pagamos el derecho de piso. ¿Toda esta gente dónde va a pedir si no estamos? La gente me golpea la puerta y me dice que no tiene para comer, que tiene frío. Por esas cosas seguimos con esto, pero estamos cansados de no tener ni una ayuda”, expresó.
Este grupo solo tiene dos formas de recaudar dinero: Por un lado, mediante cuotas de socios solidarios que pagan entre $50 y $100, pero no son muchos y muchas veces no alcanza para que cubran los gastos fijos. Por el otro, eventos como el del Día del Niño que supieron organizar en el Anfiteatro, o con un puesto en el Festival de Peñas, ambas cosas imposibilitadas de hacer desde hace dos años.
Por eso, hoy corren riesgo de no existir más. De disolverse. De que la llama solidaria que tuvieron se apague. Pero más riesgo corren quienes están acostumbrados a tener siempre una respuesta positiva al golpear sus puertas o hacer sonar sus teléfonos. Porque cuando no tienen algo que alguien necesita, lo consiguen.
Si el poder político no puede ceder un espacio para que al menos tengan la tranquilidad de que no van a quedar en la calle, las empresas tienen que saber que a través de donaciones a Las Iguanas Solidarias pueden deducir ganancia. Sería de gran ayuda que incluyan a Las Iguanas Solidarias en algunos de sus planes de Responsabilidad Social Empresaria.
No es un capricho, necesitan un espacio.
