Abuso sexual en la niñez - Entrevista a Laura Pedernera, abogada
“Muy pocos casos se denuncian y menos llegan a la Justicia”
La abogada Laura Pedernera representa a la querella de un caso de abuso sexual que se juzgará en junio en Villa María. Hablamos con la profesional sobre el enfoque jurídico y acerca de cómo estar alerta para escuchar y acompañar a las víctimasEn junio se juzgará un grave caso de abuso sexual en perjuicio de una niña. El acusado, Eduardo Antonio Ramos, es del entorno familiar de la pequeña que transitó el camino junto a su madre para reclamar Justicia. El acompañamiento jurídico lo hace la abogada Laura Pedernera junto a Juan Manuel Poncio.
La letrada dialogó con El Diario, no del caso en particular, sino de la problemática de los abusos en la infancia.
¿Qué penas establece nuestro Código Penal?, ¿cómo se puede perfilar a un agresor? y ¿cómo poder acompañar a las víctimas?, son algunos de los temas abordados.
Al primer punto, Pedernera señaló que “para la legislación argentina, el abuso sexual pertenece a la categoría de delitos graves. Las penas que prevé el Código Penal varían según el tipo de conducta. Para la figura básica (abuso sexual simple), la pena es de 6 meses a 4 años de prisión. El delito se agrava por distintas circunstancias como, por ejemplo: menor edad de la víctima, una ofensa gravemente ultrajante, acceso carnal, relación de parentesco o guarda, etcétera. En tales casos, los mínimos van desde los 3, 4 o 6 años, hasta 10, 15 o 20 años de prisión. En el caso del delito de corrupción de menores, consistente en desviar el natural curso de evolución sexual de una persona menor de edad, el mínimo de la pena es de 10 años de prisión. Como podemos ver, se trata de penas elevadas porque son delitos que producen gravísimos daños a la víctima, aún más cuando se trata de menores de edad.
-¿Podemos darnos cuenta de las características de un agresor sexual para estar alertas?
-Quienes agreden con estos hechos, en general buscan satisfacerse sexualmente con las personas menores de edad que tienen más cerca y que puedan oponer menos resistencia. No actúan siempre de la misma manera y sus víctimas pueden ser tanto niñas como niños de diferentes edades, incluso sus propios hijos o hijas. El único patrón en común entre quienes abusan a menores de edad, es que buscan niñas o niños fácilmente manipulables.
Estas conductas de pedofilia, sobre todo si se dan en el ámbito intrafamiliar, en general tienden a guardarse en silencio, el que es mantenido por parte de la víctima a raíz de la manipulación que sufre de su agresor. Por ejemplo: temor a no ser creída, amenazas, regalos, miedo de que su familia sufra y hasta en algunos casos miedo de las represalias que puedan tomarse contra la persona abusadora.
En referencia al perfil de una persona que abusa sexualmente de menores, no hay un estereotipo, no hay características concretas que nos haga sospechar que un adulto o adulta pueda abusar de un o una menor. Puede ser tanto un varón como una mujer (madres, madres afines, que en la jerga cotidiana serían las madrastras, tías, abuelas, etcétera) quien abuse de una niña, niño o adolescente, aunque lo cierto es que es muy difícil que se hagan denuncias cuando este delito es cometido por mujeres, además de que estadísticamente son los varones quienes generalmente lo perpetúan.
Si bien, sería tranquilizante que contemos con un perfil de abusadores, también tenemos que tener en cuenta que ello implicaría tener un modelo de esta figura, cayendo en la reducción de que un abuso sexual puede cometerlo un solo tipo de personalidad; lo que en la actualidad ya se sabe que no es así; basta con mirar, por ejemplo, los casos que han sido juzgados en estos últimos tiempos por la Justicia de Villa María, de los que este medio periodístico ha dado cuenta.
Lo concreto de las evidencias de un abusador o abusadora se desprenden solamente cuando la niña o niño hablan. Y en caso de judicializarse, de lo que surja de las pericias médicas y psicológicas.
En lo que vengo estudiando sobre la temática, se ha llegado a la conclusión de que no se puede perfilar a abusadores sexuales, ya que no presentan una tipología que se diferencie de otras personas adultas. En este sentido, hoy se sabe que el riesgo está en que cualquier persona puede ser un abusador sexual, sin distinción de clase social, nivel educacional, género, profesión, orientación sexual, estado civil, si vive en zona rural o urbana.
El sistema judicial debe identificar a abusadores sexuales, valorando que son transgresores que manipulan y distorsionan la realidad, juegan con las emociones y juicios de las demás personas. Es por ello, que es importante que las y los operadores del derecho que actúen en este tipo de delitos se instruyan en la temática, para no caer en las manipulaciones del agresor acerca, por ejemplo, de sus intereses sexuales, disfunción sexual, personalidad correcta ante la sociedad o antecedentes de conductas que hacen ver al agresor como una persona aceptada y querida. Por lo tanto, la Justicia ante estos casos tan aberrantes, debe ver cuándo el abusador minimiza los hechos por una cuestión estratégica para lograr reducir las penas legales que le correspondan.
-¿Se denuncian todos los casos de abuso sexual contra niños y niñas?
-Lo que ocurre con esta clase de delitos es que a veces, familiares, como por ejemplo podría ser la madre de la víctima, sabe de lo que ha ocurrido, sin embargo, lo mantiene en silencio ya sea por el pánico que infunde el transgresor, el miedo a desarmar la familia o la influencia económica en caso de abuso intrafamiliar, el rótulo social que se generaría a raíz del abuso sexual, entre otras cosas. Por estos motivos, es que una de las formas en que generalmente se revelan estos delitos es cuando la víctima decide contar lo que le ocurrió, ya sea a una amiguita, prima, maestra; o bien, cuando esta conducta sexual es descubierta casualmente por una persona del entorno familiar, de amistad o vecindad.
Lo cierto es que el abuso sexual suele ser develado mucho tiempo después de los primeros hechos. En realidad, no todas las niñas, niños o adolescentes revelan el abuso; por lo que únicamente pocos casos se denuncian y muchos menos se judicializan.
Generalmente estos delitos son denunciados por familiares cercanos a la víctima ante personal policial. De ahí comienza un proceso muy doloroso, para la niña, niño o adolescente que lo ha padecido y para su entorno familiar. Por eso, es necesario que, durante todo el procedimiento, es decir desde el momento en que se presenta la denuncia hasta la finalización con una sentencia, se acompañe, contenga y cuide tanto a quien ha padecido el abuso como a su familia para evitar una revictimización”, concluyó la letrada.
