Coronavirus - Un villamariense narra y compara

Vivió la segunda ola en España y ahora la experimenta en la Argentina

Egresado del Instituto Rivadavia,se radicó en España en la segunda mitad de los 80. Desde entonces regresó cada año al país, y en esta oportunidad. El Diario recogió sus apreciaciones sobre cómo altera los ánimos el virus, a un lado y otro del Atlántico
lunes, 19 de abril de 2021 · 07:00

Rubén De María es un villamariense radicado en España desde 1986, que cuenta con la doble nacionalidad y ha tenido la suerte de poder volver periódicamente a la Argentina. En esta oportunidad consiguió un pasaje en Aerolíneas Argentinas por 239 euros, cuando en otras ocasiones tuvo que desembolsar hasta 1.200 euros por el mismo trayecto.

“España me dejaba salir sin ninguna exigencia especial, pero para subir al avión la empresa aérea me pidió una prueba de COVID-19 que diera resultado negativo y tuve que concurrir a un centro de testeo y pagarla de mi bolsillo”, comentó inicialmente al periodista de este medio.

-¿Cuánto te cobraron para realizarte el test?

-100 euros (unos 10 mil pesos).

-¿Y qué pasó al llegar al país?

-Lo exhibí acá en Córdoba, porque volé a Córdoba. No quería llegar a Buenos Aires, por temor. Después me guardé por 20 días.

-¿Cómo se vivió la llegada de la segunda ola en España?

-Fue, como decimos aquí, un bajón anímico muy grande. Yo mismo lo experimenté...

-¿Por qué?

-Bueno, es que en Semana Santa del año pasado se empezó a abrir un poco la cuarentena y ya de cara al verano, en junio, se abrió todo, y la actividad comercial, por así decirlo, explotó. La venta de autos en esos meses superó la de los mismos meses de años anteriores, por ejemplo. Me tocó acompañar a una persona amiga a un concesionario Mercedes Benz y se habían quedado sin stock, porque habían liquidado las unidades que pensaban vender en todo el año. La gente tenía disponibilidad económica porque durante el confinamiento había gastado mucho menos, entonces salió a comprar, a meterse en cuotas... Se pensaba algo así como: “Ya estoy libre” y, de paso, se empezó a confiar un poco más en el Gobierno, dado que las cosas habían mejorado. Pero en septiembre y octubre, con el regreso de los cierres por la segunda ola, incluido el de las escuelas, cundió el desánimo en muchas personas y el nerviosismo de otras que se habían metido en cuotas. Era como estar planificando un viaje y tener que desarmar las valijas, porque te dicen que no puedes irte a ningún lado. Y en Navidad, cuando supimos que ni siquiera íbamos a ver a los seres queridos que viven en otras provincias, explotó...

-Llegás acá y te encontrás con que comenzamos a transitar la segunda ola, que es peor que la primera...

-No sé, no me pareciera tanto.

-¿Por qué decís que no te parece tanto?

-Veo más movimiento acá que allá; acá no ha llegado la gran caída que hubo allá; no fue un parón tan grande como allá, donde fue una verdadera peripecia. Además, tengo la sensación de que acá, con tantos vaivenes que ha tenido la economía, la recuperación va a ser más rápida. Por otra parte, acá los cierres no son tan contundentes como allá. Acá te cierran, te abren; cierran una cosa, abren otra. Allá todo es más drástico y más lento. Ojo, hablo tanto de España como de Italia, Portugal y otros países donde están pidiendo a gritos que se abra.

-¿Alguna similitud debe haber?

-Los intereses políticos, las mezquindades de derecha y de izquierda.

-Estuviste en Argentina el año pasado, estás nuevamente ahora... A la luz de lo que viste en Europa, ¿qué considerás que se hizo bien y qué se hizo mal?

-Aquí, al principio creo que se tomó conciencia. Después empezó un relajamiento y mucha gente empezó a pensar como Trump, a minimizar el virus, a creerse seres superiores a los que no les iba a pasar nada... Y acá estamos.

 

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