Emergencia habitacional - Familias instaladas en tierras estatales, al final del barrio

Avanza la construcción de casas en el asentamiento de Las Acacias

Al menos hay diez viviendas levantándose y algunas ya son habitadas. Obviamente, no cuentan con servicios básicos. El Diario estuvo en el lugar conversando con personas que decidieron ocupar estas tierras, que hasta 2020 conformaban un gran baldío
jueves, 25 de febrero de 2021 · 07:51

Escribe Diego Bengoa

Fotos: Victoria Araujo

DE NUESTRA REDACCION

Al final del barrio Las Acacias avanza la construcción de viviendas en tierras que fueron tomadas por distintas familias, que se encuentran en una clara situación de emergencia habitacional.

El paisaje actual dista notablemente de lo que se observaba un año atrás. Luego de distintos intentos de toma y cansados de la respuesta que surgió del Gobierno local, al menos una decena de familias ya construyó buena parte de sus casas, y hay unas cuatro o cinco que las habitan.

Diego Guerrero tiene 38 años y es uno de los primeros pobladores de esta franja de tierra, que hasta 2019 solo era un baldío, en uno de los límites urbanos de la ciudad.

“Fuimos varias veces a la Municipalidad y no nos dieron bolilla, entonces seguimos construyendo. Por ahí venía la Policía, nos reuníamos todos y decidíamos continuar. Hoy hay como diez casas levantándose”, ilustró al ser abordado por El Diario ayer a la mañana en ese sector de Villa María.

Tras dialogar con El Diario, una mujer ingresa a la vivienda en la que reside desde hace unos meses

De acuerdo a lo que pudo recoger este matutino en el lugar, obviamente no cuentan con ninguno de los servicios básicos.

Tienen agua por la predisposición y la solidaridad de los vecinos y vecinas que residen en inmediaciones de estos lotes.

“Nos vamos arreglando de a poco”, apuntó Diego. Según comentó, la gran mayoría pertenece al barrio, y en su momento, dividieron las tierras en lotes y cada núcleo familiar “agarró un pedazo” de tierra. “Debemos ser 70 familias las que queremos estar acá”, calculó ante la pregunta.

“Cada uno se construye lo suyo, y por ahí alguno le da una mano al otro. La mayoría sabe de construcción, algunos la levantan de corajudos, por ejemplo yo levanté mi propia casa”, graficó el entrevistado.

Guerrero contó que alquilaba hasta que fue desalojado, luego de lo cual se instaló en una casilla en inmediaciones de donde hoy ya tiene su casa de material.

A unos ochenta metros reside Rolando Ramírez, de 29 años, con su compañera y tres niños y niñas pequeños, que tienen 2, 3 y 8 años, respectivamente.

Le dicen “Rolo” y ya había salido en nuestras páginas cuando atravesaba un delicado cuadro de salud.

“Si bien sigo un poco complicado, estoy mucho mejor. El riñón va sanando solo. Fui tantas veces al urólogo...”, declaró ayer. “Sigo teniendo infección en el riñón derecho, pero laburo de albañil. ¿Si no, con qué comemos?”, manifestó.

Es paraguayo y hace seis años llegó a la ciudad.

“Llevamos viviendo un año en esta choza. Cuando viene tormenta es lo peor”, señaló, mientras los nenes y las nenas deambulaban bajo el hirviente sol de febrero.

Pegadito a su “choza”, como él dice, están los primeros metros de las paredes de material que está levantando hace varios meses.

“Arranqué hace un año y estoy así”, dijo marcando la construcción con los dedos. “Necesito ladrillos”, añadió ante la consulta y dijo que tiene expectativas de la “gente de buen corazón, que tiene plata y que quizás pueda ayudar”.

“Lo que sea que nos den, sumará”, remarcó. Para quien pueda colaborar, hay que dirigirse a calle Las Violetas 434. “Acá todos me conocen como el de la choza amarilla, así que si preguntan por mí, me encuentran”, dijo.

Cuando le consultamos por el ritmo laboral en una época marcada tristemente por la pandemia, expuso que le está yendo bien.

“Hay trabajo y la gente te paga aunque el sueldo no da para construir, vivo del día a día y esa es la bronca. No alcanza”, confió.

Sobre la posibilidad de regularizar la situación de las tierras, deseó “que la Municipalidad tome cartas en el asunto”.

“No tengo problemas en pagar impuestos o pagar lo que tenga que ser. Queremos tener un techo”, recalcó.

También hablamos con una mujer que consiguió tener la vivienda ya en condiciones de ser habitada. Ella calculó que en estos terrenos pueden generarse medio centenar de lotes. No obstante, advirtió que “por ahora solo unos diez o quince pueden construir, porque la situación está muy difícil”.

 El asentamiento en el sector había arrancado en mayo de 2019. “A este lugar nunca nadie le dio bolilla. Siempre fue un basural, un espacio abandonado, sucio, horrible”, definió una de las mujeres del sector que dialogó con El Diario el 28 de junio de aquel año.

Las primeras edificaciones se produjeron bastante después, en 2020. La situación trae a la memoria lo ocurrido en julio de 2009 en terrenos fiscales de La Calera. Actualmente, en aquellas tierras tomadas hay decenas de viviendas incorporadas al paisaje habitual del barrio.

Escribe Diego Bengoa

Fotos: Victoria Araujo

DE NUESTRA REDACCION

Al final del barrio Las Acacias avanza la construcción de viviendas en tierras que fueron tomadas por distintas familias, que se encuentran en una clara situación de emergencia habitacional.

El paisaje actual dista notablemente de lo que se observaba un año atrás. Luego de distintos intentos de toma y cansados de la respuesta que surgió del Gobierno local, al menos una decena de familias ya construyó buena parte de sus casas, y hay unas cuatro o cinco que las habitan.

Diego Guerrero tiene 38 años y es uno de los primeros pobladores de esta franja de tierra, que hasta 2019 solo era un baldío, en uno de los límites urbanos de la ciudad.

“Fuimos varias veces a la Municipalidad y no nos dieron bolilla, entonces seguimos construyendo. Por ahí venía la Policía, nos reuníamos todos y decidíamos continuar. Hoy hay como diez casas levantándose”, ilustró al ser abordado por El Diario ayer a la mañana en ese sector de Villa María.

De acuerdo a lo que pudo recoger este matutino en el lugar, obviamente no cuentan con ninguno de los servicios básicos.

Tienen agua por la predisposición y la solidaridad de los vecinos y vecinas que residen en inmediaciones de estos lotes.

“Nos vamos arreglando de a poco”, apuntó Diego. Según comentó, la gran mayoría pertenece al barrio, y en su momento, dividieron las tierras en lotes y cada núcleo familiar “agarró un pedazo” de tierra. “Debemos ser 70 familias las que queremos estar acá”, calculó ante la pregunta.

“Cada uno se construye lo suyo, y por ahí alguno le da una mano al otro. La mayoría sabe de construcción, algunos la levantan de corajudos, por ejemplo yo levanté mi propia casa”, graficó el entrevistado.

Guerrero contó que alquilaba hasta que fue desalojado, luego de lo cual se instaló en una casilla en inmediaciones de donde hoy ya tiene su casa de material.

A unos ochenta metros reside Rolando Ramírez, de 29 años, con su compañera y tres niños y niñas pequeños, que tienen 2, 3 y 8 años, respectivamente.

Le dicen “Rolo” y ya había salido en nuestras páginas cuando atravesaba un delicado cuadro de salud.

“Si bien sigo un poco complicado, estoy mucho mejor. El riñón va sanando solo. Fui tantas veces al urólogo...”, declaró ayer. “Sigo teniendo infección en el riñón derecho, pero laburo de albañil. ¿Si no, con qué comemos?”, manifestó.

Es paraguayo y hace seis años llegó a la ciudad.

“Llevamos viviendo un año en esta choza. Cuando viene tormenta es lo peor”, señaló, mientras los nenes y las nenas deambulaban bajo el hirviente sol de febrero.

Pegadito a su “choza”, como él dice, están los primeros metros de las paredes de material que está levantando hace varios meses.

“Arranqué hace un año y estoy así”, dijo marcando la construcción con los dedos. “Necesito ladrillos”, añadió ante la consulta y dijo que tiene expectativas de la “gente de buen corazón, que tiene plata y que quizás pueda ayudar”.

“Lo que sea que nos den, sumará”, remarcó. Para quien pueda colaborar, hay que dirigirse a calle Las Violetas 434. “Acá todos me conocen como el de la choza amarilla, así que si preguntan por mí, me encuentran”, dijo.

Cuando le consultamos por el ritmo laboral en una época marcada tristemente por la pandemia, expuso que le está yendo bien.

“Hay trabajo y la gente te paga aunque el sueldo no da para construir, vivo del día a día y esa es la bronca. No alcanza”, confió.

Sobre la posibilidad de regularizar la situación de las tierras, deseó “que la Municipalidad tome cartas en el asunto”.

“No tengo problemas en pagar impuestos o pagar lo que tenga que ser. Queremos tener un techo”, recalcó.

También hablamos con una mujer que consiguió tener la vivienda ya en condiciones de ser habitada. Ella calculó que en estos terrenos pueden generarse medio centenar de lotes. No obstante, advirtió que “por ahora solo unos diez o quince pueden construir, porque la situación está muy difícil”.

 El asentamiento en el sector había arrancado en mayo de 2019. “A este lugar nunca nadie le dio bolilla. Siempre fue un basural, un espacio abandonado, sucio, horrible”, definió una de las mujeres del sector que dialogó con El Diario el 28 de junio de aquel año.

Las primeras edificaciones se produjeron bastante después, en 2020. La situación trae a la memoria lo ocurrido en julio de 2009 en terrenos fiscales de La Calera. Actualmente, en aquellas tierras tomadas hay decenas de viviendas incorporadas al paisaje habitual del barrio.

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