Exalumnos del Rivadavia estuvieron de cumpleaños
Cuando el amor es más fuerte
Si 20 años “no es nada”, como cantaba Gardel… entonces 60 son “tres veces nada”, sobre todo cuando la amistad de más de cuatro décadas sigue intacta como en aquel ya lejano 1979, cuando egresaron.
Esta suerte de prólogo tiene que ver con una celebración muy especial que realizaron varios integrantes de la Promo 79 del Rivadavia, el domingo pasado en Villa Allende, aunque en esta ocasión para celebrar los 60 años de edad de unos cuantos “chicos y chicas” de ese grupo de estudiantes villamarienses que abrazaron con tanto sentido de pertenencia los colores amarillo y negro de la escuela de Sobral.
La cita fue en un espacio recreativo, al aire libre, donde un bullicioso puñado de exalumnos se reencontró justamente para festejarle el cumpleaños a esos “jóvenes sexagenarios” que llegaron (llegamos) al umbral de la tercera edad.
En realidad, ese fue el pretexto de la juntada, porque el verdadero objetivo sigue siendo el mismo que se repite cada vez que hacen una movida para volver a verse y contar por enésima vez las mismas anécdotas de la secundaria.
Los abrazos entre ellos son interminables y cada vez más apretados, seguramente porque se aferran tanto a los recuerdos que tienen miedo de perderlos para el próximo encuentro.
Las risas se hacen carcajadas, aunque los chistes sean los mismos de hace 42 años.
Las anécdotas suenan repetidas, pero no por eso siguen siendo tan divertidas como la primera vez que las contaron.
En algunos casos los separan diferencias ideológicas insalvables. Sin embargo, como cantaba Ulises Butrón en “Tango feroz”… el amor es más fuerte. Y cuando se vuelven a ver, poco y nada importan aquellos desacuerdos. O al menos se los olvidan por un rato.
Ese amor es el mismo que los moviliza para hacer una gran torta con el escudo del Riva y ponerle una velita para que los cumpleañeros, uno a uno, la soplen con emoción. Es el mismo amor que los lleva a confeccionar unos coquetos “souvenirs” para que todos se lleven un recuerdo del hermoso momento compartido. Y es el mismo amor que los conmueve para ayudar económicamente a una compañera ante la adversidad por un problema de salud.
Cuando el Sol de la calurosa tarde dominguera se ponía en el horizonte, prometieron juntarse a fin de año para volver a darse otro abrazo rompe huesos… y reír a carcajadas hasta que les duela la panza… y contar aquellas historias de antaño aunque sigan sonando repetidas…
Pero por sobre todas las cosas, para decirse -una vez más- cuánto se quieren, cuánto se extrañan y cuánto se necesitan, más allá de las diferencias que los separan.
Daniel Rocha
