Trabajo sexual - Charla con Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR de Argentina
“Nosotras nunca hablamos de elección, nos gusta mucho más hablar de opción”
“Parece ser que en un sistema capitalista podés prostituir todo menos tus genitales”, dijo Georgina Orellano, la secretaria general del sindicato Ammar de Argentina, en su paso por Villa María.
Entrevistada por El Diario, pidió que se escuche a las trabajadoras sexuales, expresó que “si el Estado estuviera presente, muchas no estarían expuestas a constantes situaciones de abuso y de vulneración de sus derechos” y consideró que “el debate sería más rico si en vez de discutir si esta es una elección libre o no, podamos ver cuáles son las opciones laborales” que se les presentan.
Georgina estuvo semanas atrás en el Leonardo Favio, en esta ciudad, hablando sobre “el trabajo sexual, un debate urgente”. Esta semana volverá nuevamente a la localidad, en el marco de la Semana del Orgullo.
En barrio Los Olmos, fue entrevistada por este matutino.
“En pandemia tuvimos mayor contacto con las compañeras, con trabajadoras sexuales, quienes manifestaron su preocupación por no poder salir a trabajar, sobre qué iba a pasar con sus alquileres, con la situación alimentaria, de salud, de acceso a la vivienda. No hay políticas para nuestro colectivo. Estatalmente somos un sujeto inexistente”, comentó.
“Las compañeras de la ciudad han logrado articular muy bien a partir de visibilizarse y de comenzar a organizarse. Nos cuesta la organización, cuesta que se organicen en el interior del interior donde el estigma y la mirada social pesa mucho más que en las grandes ciudades”, declaró.
-El Frente de Todos se supone un gobierno más progresista que otros, sin embargo comentás que siguen siendo inexistentes estatalmente. ¿Por qué?
-Hay un gobierno de coalición, en el que conviven distintas miradas respecto a nuestro trabajo. Lamentablemente, donde se deberían ejecutar políticas públicas para nosotras hay una mirada de victimización.
Más allá de que el trabajo sexual no está reconocido como trabajo, no hay ningún tipo de programa social destinado a las personas en prostitución y trabajadoras sexuales, entonces no se puede avanzar porque le esquivan a la discusión. Eso es tener una posición de tibieza que conforma a los mismos de siempre y nos dificulta nuestras condiciones de vida.
-¿Qué podés decirles a las personas que las victimizan?
-Que escuchen a las trabajadoras sexuales. Más allá de la mirada que predominó en sectores sociales sobre nuestra vida y trabajo, que los políticos y políticas escuchen a sujetos que están en la calle, que están padeciendo la precarización, la falta de derechos, la violencia institucional. Si recorren la zona de trabajo sexual, conocerán un montón de historias que están súper lejos de la victimización y más cercana a la organización del trabajo.
-¿Hay autonomía en muchos casos? ¿Cuál es el contexto?
-Defendemos mucho la autonomía. Al estar criminalizado, al no estar regulado, al no tener marco legal, muchas veces compañeras buscan intermediarias o terceras partes, porque es hacia donde te empujó el Estado. Te prohibieron las whiskerías y cabarets, entonces muchas se volcaron a trabajar en departamentos donde te cobran el doble o el triple de alquiler, porque no tenemos recibo de sueldo y se da un abuso inmobiliario. Si el Estado estuviera presente, muchas no estarían expuestas a constantes situaciones de abuso y de vulneración de sus derechos.
-¿Qué es lo que ocurre cuando hay un hombre detrás de ustedes? ¿Hay explotación siempre?
-Hay de todo. Hay trabajadoras autónomas, compañeras que se juntan y se dividen los costos, muchas que tienen temor a trabajar solas y se agrupan a otras. Nosotras ubicamos como nuestro fiolo y proxeneta a la Policía. Mientras siga este trabajo de manera clandestina, lo único que se refuerza es la violencia institucional, el rol de la fuerza de seguridad en nuestra vida cotidiana, que cumple claramente un rol de chantaje, coimas y agresiones.
-¿No ha cambiado la actuación policial?
-En algunas provincias o municipios se derogó el Código Contravencional, Córdoba es una de ellas, pero tenemos 17 provincias donde el trabajo sexual está regulado bajo la idea punitiva del control del espacio público, y el que controla eso es la Policía, entonces se dan situaciones de compañeras que tienen que arreglar económicamente con esa fuerza para que la dejen trabajar tranquilas.
-¿Qué pensás del debate sobre si el trabajo sexual es una elección libre?
-Hay moral ahí. Muchos trabajos no se eligen libremente, el albañil seguramente no eligió, lo mismo las empleadas de casas particulares. Hay falta de oportunidades y condiciones desiguales entre las clases sociales. Nosotras nunca hablamos de elección, nos gusta mucho más hablar de opción.
El debate sería más rico si en vez de discutir si es una elección libre o no, podamos ver cuáles son las opciones laborales que tenemos las mujeres, lesbianas, travestis y trans de sectores populares, y poder militar para ampliar ese abanico de posibilidades y no criminalizar las pocas opciones a las que tenemos acceso.
-También persiste la mirada sobre los clientes. ¿Qué te surge contar?
-No hay un estereotipo, son personas, que por distintos motivos se acercan en búsqueda de un servicio. Así como militamos para humanizar a la trabajadora sexual, también tiene que llegar el momento de dejar de pensar que los clientes son marcianos o que solo nuestros clientes son machistas en esta sociedad patriarcal. Hay una idea que nos impuso la cultura machista de pensar el deseo, el placer y el acceso a la sexualidad que es solamente a través de la penetración. El trabajo sexual rompe esa idea, y de que tiene que estar siempre ligado al amor y la gratitud, por eso parte de todas las discusiones nacen dentro del debate del trabajo sexual, porque tiene que ver con lo sexual, la moral, la legitimidad que se tiene sobre cómo se debe o no disfrutar el sexo.
Acá media el dinero, y parece ser que en un sistema capitalista podés prostituir todo menos tus genitales. Claramente es un debate moral.
