Entrevista - Aldo Paredes, Elvio Romani y Carlos Domínguez repasan la gestión municipal que inició en 1973
La Villa María de los 70, bajo la óptica de funcionarios de Pizzorno
Tres exfuncionarios de la gestión municipal que lideró Carlos Pizzorno hablan de la experiencia en la gestión y de la Villa María de los años 70
Cuando todavía resuenan los ecos de la última campaña electoral, que reflejan los modos de hacer política en estos tiempos, El Diario se reunió con tres experimentados dirigentes que formaron parte del gabinete de Carlos Pizzorno, quien fue intendente de Villa María desde 1973 hasta 1976, cuando el golpe de Estado irrumpió en las instituciones y en la vida democrática del país.
Ellos fueron testigos y artífices de la transformación de esa aldea que era la Villa María de los años 70. En esa gestión, se compró la primera computadora, se hizo una gran obra de gas natural y hasta se renovó en gran parte todo el parque automotor.
Entrevistamos a Aldo Paredes, Elvio Romani y Carlos Domínguez, integrantes de ese histórico gabinete.
Paredes tenía 27 años y había vivido una gran victoria en Villa María, cuando el candidato peronista, precisamente del Frejuli (Frente Justicialista de Liberación), ganó las elecciones municipales. El novel intendente lo convocó para ser su secretario de Gobierno.
Romani era por entonces un joven de 26 años, quien hacía poco que había egresado como contador de la Universidad y que se le presentó, de manera inesperada -ya lo va a contar en esta nota- la propuesta de ser secretario de Hacienda de la Municipalidad de Villa María
Y Domínguez, quien contaba con 25 años, también recién egresado de la Universidad, se sumó al equipo atraído especialmente por la pasión y el compromiso por la política de un tío, Delmo Allasino.
En el diálogo, se entrecruzan sus historias personales con la historia de Villa María y el contexto nacional que se vivía en esos años previos al golpe de Estado. Lo primero que aparecen son los recuerdos de personas, como la del radical Daniel Baysre, quien fue concejal de la oposición. Apasionados cada uno por la fuerza política que abrazaban, hubo muchas discusiones, “pero siempre en armonía”.
Romani cuenta que antes de presentar un proyecto en el Concejo, se lo explicaban a los concejales de todos los bloques.
“Yo tengo una anécdota personal con Baysre”, dice Paredes. “Se me enojaron mucho algunos compañeros porque hice entrar a una mujer, como ordenanza en la Terminal, que había sido recomendada por Baysre. Era una mujer que necesitaba trabajo y que cumplía bien”.
“Además, el Tesorero era radical, don Braulio Vicente. Por supuesto que cuando asumimos siguió en el puesto que cumplía impecablemente”, apuntó Romani.
Al nombrar a Vicente se dispara otro recuerdo, dado que el hombre tenía la particularidad de sumar muchas cifras mentalmente. “Las máquinas de entonces tiraban un papel de 6 a 8 metros. Y él, una vez que tenía ese papel, lo sumaba mentalmente para controlar. Yo le decía que por qué no tiraba otra vez la suma con la máquina, y él me contestó: ‘Es mi responsabilidad’”, contó Romani.
Los recuerdos de aquella campaña para la elección que llevó a Pizzorno al Sillón de Viñas aparecen nítidos. Eran jóvenes innovadores y, por ejemplo, en el caso de Domínguez, recuerda que se abocó a que las pintadas fueran prolijas y claras para potenciar el mensaje; y en el caso de Paredes, cuenta que incorporó lo que por entonces era una novedad: el contenido audiovisual hecho por un amigo que no era peronista. Se refiere al recordado Adelqui Pellegrino.
De los tres candidatos que tuvo Villa María (Pizzorno, Samuel y Zernotti, los dos primeros de extracción justicialista y el tercero, radical), la mayoría de los votos fueron para ese hombre, médico de profesión, que supo entender lo que necesitaba la ciudad y trabajó en esos tres años de gestión para darles respuestas.
El gabinete se completó con algunos funcionarios ad honorem, como, por ejemplo, el caso de Arturo Moroni en el área de Deportes y la esposa de Pizzorno, Alba Rava, en Acción Social. “Ella nunca fue designada, pero iba todos los días y hacía un trabajo impecable”, recordaron.
Pizzorno tenía una particularidad: antes de contratar a cualquier persona, hablaba personalmente con el aspirante a ingresar a trabajar. “Así fue que un día llegó un exseminarista que buscaba trabajo para hacer zanjas. Pizzorno lo entrevistó y se pusieron a hablar en latín. Lo contrató, pero no para las zanjas, sino como secretario de Prensa”. Hoy, ese exfuncionario es periodista de El Diario.
La aldea
La memoria de los entrevistados es impecable, recuerdan que en ese entonces Villa María tenía 16 mil unidades habitacionales y en total, con sitios baldíos, llegaban a 25 mil las propiedades.
Pizzorno asumió como intendente el 25 de mayo de 1973, el mismo día que salía al aire Radio Villa María.
La innovación que le imprimieron a la gestión incluyó obras que hoy tenemos incorporadas a la vida cotidiana de la ciudad, como por ejemplo, el túnel de paso bajo a nivel del barrio Santa Anta. “Lo gestionó Allasino, quien vio que podía aprovechar esa alcantarilla como paso”, apuntó Domínguez.
Pero también, comenzaron a modernizar la Municipalidad que funcionaba en la calle Mendoza al 800. “Compramos la primera computadora, una Olivetti”, recuerda. “Sabés que un día fui a la chacarita de Cagliero y la vi, ya era chatarra”, contestó Romani.
Los 90 mil metros de gas natural que hicieron en esa gestión, permitieron que llegara el servicio a todas las casas ubicadas dentro de los cuatro bulevares y barrios aledaños. “Cuando asumimos estaba el expediente iniciado por Alfredo Vijande, la licitación hecha y faltan días para la adjudicación”, reconoció Romani.
Crearon una empresa municipal de pavimento, para ir dando forma a la transformación de aldea en ciudad.
Esas, son algunas de las obras que resultaron de esa corta gestión y que hoy disfrutamos todos los villamarienses. Y la hicieron en menos de tres años.
La relación con el gremio
Carlos Domínguez fue el encargado de la relación con el gremio en esos tiempos convulsionados. “Con la honestidad que siempre tuvo, más de una vez los sacó corriendo y les decía: ‘Que Dios los ayude’”, recuerda Romani.
Paredes habla de un paro que hizo el sindicato -gremio que por entonces, asegura, tenía un perfil más radical- antes de la elección de septiembre de 1973, donde se impuso Juan Domingo Perón como presidente. “Era claramente un paro político. Le sacudimos con todo lo que teníamos y cerramos la protesta firmando un acta que leí personalmente en la radio”.
Domínguez, prefiere hablar de la gestión. Cuando asumió, detectó que muchos trabajadores sacaban vales o anticipos de sueldo y llegado el día de cobro, el recibo decía “Cero”.
“Me ha pasado tener que recibir a esposas de empleados municipales que se quejaban porque el marido no cobraba”, recuerda.
Quiso poner punto final a eso, tratando de ir disminuyendo la entrega de anticipos. Eso al principio lo puso en tensión con el gremio, “pero después lo agradecieron”
El golpe
El 24 de marzo de 1976, el mayor José Cayetano Torres ingresó al edificio municipal para tomar, en nombre del Tercer Cuerpo del Ejército, el municipio villamariense.
Fue el fin de la gestión de uno de los más respetados intendentes de la historia de la ciudad. Ya había renunciado Aldo Paredes y los que estaban en el lugar, eran Domínguez y Romani.
Así dan testimonio de aquella jornada: “Estaba Pizzorno, Camilo Rodríguez del gremio y bueno, entramos y saludamos. El mayor Torres me dijo que necesitaba que me quede en la función. Yo le contesté que tenía un compromiso con Pizzorno y que vine con él, y me quería ir con él”.
La respuesta del militar fue intimidatoria: “Si usted sale, lo hago detener con un soldado, lo llevo a la Fábrica (Militar), lo pelo, lo visto de verde y lo traigo acá”.
Ante ese panorama, pidió hablar con el intendente depuesto quien le dijo: “Mire Romani, si el día de mañana usted se dedica a la política, no va a faltar alguien que lo acuse de haber colaborado con el Gobierno militar, pero si usted se puede quedar, a mí me gustaría que se quede”.
Decidió, sin pocas alternativas, quedarse en la gestión mientras se realizaba la auditoría que analizó cada número de la gestión. “No encontraron nada obviamente, todo fue muy transparente”, puntualizó Domínguez, quien también continuó en funciones unos meses más “para verificar que la auditoría se hiciera correctamente, como correspondía”.
De los tres, Romani es el que no se preocupa por decir algo “políticamente incorrecto”. “A mí me queda algo guardado, que ocurrió en septiembre de 1976, en el aniversario de Villa María. Hicieron un desfile militar y nunca vi tanta gente. Por Alem desde San Juan hasta Yrigoyen, era una multitud. Por eso pienso que el pueblo, o parte de la gente, apoyó el gobierno militar”.
Domínguez recuerda algo risueño que permite liberar las tensiones del relato del golpe de Estado en Villa María: “Había un chico, muy jovencito, que todos los días iba a las oficinas a vender café y masas. Ese día entró, como siempre, y lo ve al mayor Torres con el uniforme militar. ‘Y vos gaucho, de qué te disfrazaste’, le dijo, inocente. Bueno, todos nos reímos ese día”.
Tras unos meses, abandonaron la gestión pública. Domínguez inició la carrera docente, primero en el secundario y luego en la Universidad, donde llegó a ser rector. Romani, fue convocado por la gente del diario Noticias donde inició otra actividad. Paredes, comenzó su camino dentro de Federación Agraria donde fue un dirigente de nombre y con el paso del tiempo, pudo hacer la carrera de Abogacía que era lo que soñó de joven.
El recuerdo de Alba Pizzorno, rememorando cuando inauguraron el paseo en la costanera que lleva su nombre, despertó los lazos que entrelazaron en aquella gestión que marcó el inicio de la transformación de la aldea en la ciudad que es hoy. Y como fueron testigos de esa historia, El Diario, gracias a la gestión de José Fernández, los convocó para contarla.
Homenaje a Allasino
Lo que Paredes define como “la moral militante” se refleja en el concejal Delmo Allasino, electo como legislador municipal en la boleta de Pizzorno. “El es tornero mecánico y cuando fue electo concejal, cada mañana, a las 7, se iba al Corralón a trabajar”, contó su sobrino, el contador Carlos Domínguez.
Fue un hombre de grandes ideas: el ya mencionado túnel, una isla frente a la Gruta y la gestión para renovar las maquinarias, entre otras.
Tendrá el orgullo de haber dejado su huella en la ciudad en base a trabajo, compromiso y militancia.
De concejal de La Playosa a funcionario en Villa María
Elvio Romani había sido electo concejal por el Frejuli en La Playosa. También era el año que estaba por casarse y como la esposa era de Villa María buscaba casa en esta ciudad. Precisamente, vio una propiedad que era de la familia Pizzorno, pero al comprobar que el Rambler que tenía por ese entonces no entraba en el garaje, desiste de alquilarla.
Va personalmente a la casa de los dueños y estaba Alba. Conversan un poco y después le llega el llamado, a través del intendente electo de La Playosa, quien le da la novedad.
Años más tarde, cuando ya había fallecido Alba Pizzorno, el mandatario le pregunta a Romani: “¿Sabés por qué te elegí?”. Y ahí le cuenta que fue su esposa la que le dijo que “ese chico” era el ideal para manejar los números de la Municipalidad.
“Confieso que no sabía dónde me metía”, dijo Romani.
