Coronavirus - Un testimonio en primera persona
Cuando los síntomas permanecen
Ileana Signorelli tiene 45 años, es psicopedagoga, y por el dolor de cabeza y el cansancio comenzó a tomar ibuprofeno. Sin embargo, el bienestar volvía por horas. Ante la persistencia, se hisopó y se enteró de que era positiva para COVID-19“Siempre le tuve mucho respeto, nunca miedo”, dijo. Ileana Signorelli. Tiene 45 años, es psicopedagoga y cumplió, junto con su familia, el aislamiento social, preventivo y obligatorio “al cien por ciento”. Se cuidaron. Estuvieron prácticamente siempre en casa: sólo su esposo, cuando era necesario, salía a hacer las compras para lo diario. Durante aquellos meses en los que las restricciones fueron más rígidas se sintió privada “de la posibilidad de desplegarse y hacer lo que uno habitualmente hace”: en su caso, ir al Polideportivo, a la costanera, salir a andar en bicicleta, hacer pícnics con sus dos hijos, que son pequeños.
Sin embargo, el 18 de octubre se enteró de que era positiva para COVID-19.
Los síntomas
Poco antes (unos dos o tres días), los síntomas empezaron a manifestarse. Primero sintió “un gran dolor de cabeza”, que se concentró sobre los ojos (usa lentes porque se le secan los ojos) y le llamó la atención: por lo general, los dolores eran en la nuca, sobre las cervicales. También estuvo cansada, pero le pareció normal. Había pintado el patio, trasplantado plantas. “Soy muy activa, hago muchas actividades, así que para mí era habitual la sensación”, contó. Y agregó: “Había estado haciendo esfuerzo físico; entonces pareciera ese cansancio generalizado cuando hacés un exceso de actividad física”.
Entonces, decidió ir a controlarse al centro vecinal del barrio San Justo, pero no había test. Al día siguiente fue a la Asistencia Pública. “Me dijeron que no me podían hisopar porque no tenía ni la cantidad de días ni la cantidad de síntomas para entrar dentro de las variantes de un paciente que pudiera tener COVID-19”, recordó.
Mientras, los días continuaron iguales.
Comenzó a tomar comprimidos de ibuprofeno: se recuperaba durante aproximadamente seis horas, y después, el dolor de cabeza y el cansancio le atravesaban el cuerpo otra vez.
Insistió con la Asistencia Pública. Le dijeron que volviera al día siguiente, temprano: el 18 de octubre. Y volvió. Había entre 40 y 50 personas esperando. Ella dice que la atendieron casi al final: luego de que pasaran unas 38 personas. “Me hicieron el hisopado nasal, me dio positivo, así que hice el encierro que correspondía por tener COVID-19”, narró.
Ese primer día con diagnóstico positivo no pudo hacer nada. El dolor de cabeza persistía y el cansancio la venció: durmió todo el día. “Después, al día siguiente, no tuve síntomas, nunca tuve fiebre”, sostuvo.
Pero sí perdió el olfato y el gusto, que los recuperó recién hace unos 15 días, aunque no del todo.
El momento de saberse enferma
“Yo estaba muy tranquila porque nunca, jamás le tuve miedo al virus”, dijo. Además, destacó que en su familia comen “muy sano” y trata de preservar su sistema inmune. “Tomo mi jugo de limones”, describió.
Y agregó: “Tenía en mi interior la sensación de que si tenía que atravesar por el virus, no iba a tener ninguna complicación porque soy una persona sana: nunca he fumado, nunca tomé, no trasnocho, tengo una vida tranquila. Sentía que desde algún lugar tenía recursos si tenía que atravesar esa situación”.
El alta médica lo recibió cuando pasaron 10 días de haber sido diagnosticada como positiva para coronavirus. Luego no se hizo ningún chequeo más, aunque aclaró que en un momento tuvo una especie de “ronroneo en el centro del pecho” que persistió una semana, intermitentemente.
“Tenía como una sensación de un pequeño ronquido al respirar, pero no era todo el día. Era cada tanto, como cuando has tenido un resfrío que después te queda una especie de catarro, pero no te molesta todo el tiempo. No más que eso, no me hice ningún chequeo, y aparte me he sentido bien. Es más, he vuelto a hacer mis actividades en la casa, seguí haciendo plantaciones, tengo mi huerta”, relató.
Por otra parte, comentó que, más allá de sentirse bien, durante un mes o mes y medio sintió que su resistencia física no era la misma de antes, sobre todo cuando se sobreexigía.
El encierro
Respecto del encierro, Signorelli relató que al inicio estuvo “entretenida” porque retomó las tareas del hogar y pudo pasar tiempo con sus hijos. Sin embargo, a medida que transcurrieron los meses se sintió “privada” de su libertad y de la posibilidad de manejar sus tiempos para hacer lo que ella quisiera. “Me generaba una tristeza, una angustia, una limitación como una imposición, impotencia”, expresó.
Para terminar, acerca del encierro mencionó que la cuarentena la ayudó a valorar “el encuentro con la familia, el reencuentro personal, el trabajo interior que uno pudo hacer en este proceso”.
“En esto de vivir en la urgencia, con un montón de actividades, uno no tiene tiempo de detenerse”, concluyó.
