Entrevista - Desde Cabo Cañaveral, Lucas Gutiérrez, el ingeniero que participó de la construcción y del lanzamiento del Saocom 1B, contó su experiencia ante El Diario
“Nunca me imaginé estar en un logro tan importante para el país”
“Ver el lanzamiento y verlo volar fue hermoso, y en lo primero que pensé fue en mi familia” admitió Lucas, al contar sobre su participación en el proceso de poner en órbita el satéliteEn medio de tanto caos generalizado por la pandemia de COVID-19, del hastío por la interminable cuarentena, de la tristeza por las cifras escalofriantes cuya curva ascendente nos sigue alejando de los abrazos y de la vida cotidiana, este domingo los ojos de Argentina se distrajeron por un momento de la emergencia sanitaria para posarse a más de siete mil kilómetros de distancia. Esta vez, por una buena noticia que nos llenaba de orgullo: el lanzamiento del Saocom 1B, el satélite construido en Río Negro por un grupo de profesionales argentinos, entre los que se encontraba Lucas José Gutiérrez.
Recibido de ingeniero electrónico en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Villa María, Lucas fue el responsable de integración y ensayos del Saocom 1B. Luego de que el satélite fuera puesto en órbita desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos, dialogó con El Diario para contar esta experiencia única. Desde esa lejanía, además, su voz llegó emocionada a través del teléfono haciendo un constante hincapié en el gran sostén que significó su familia en todo este proceso, que demandó más tiempo del esperado por las sucesivas postergaciones que sufrió.
“Vengo trabajando en este proyecto desde 2014, que es cuando ingresé a trabajar al INVAP. Nosotros vivíamos en Villa María con mi señora, Mariana, y decidimos irnos a vivir a Bariloche. Ambos conseguimos trabajo en el INVAP, ella está en el área de Seguridad e Higiene y yo en el servicio de electrónica, donde arranqué con los proyectos del Saocom, inicialmente con el 1A, para el que tuve la suerte de trabajar en todas las etapas de fabricación y ensayos que se le hicieron a este satélite que fue lanzado en 2018. En ese momento también tuve la posibilidad de ir al lanzamiento, y al regreso continué trabajando y ensayando todo el sistema del Saocom 1B”, explicó Lucas.
“En febrero viajé a Estados Unidos, esa era la primera fecha prevista para el lanzamiento, pero a raíz de la pandemia se suspendió. Cuando se lanza el satélite hay personas desplegadas por varios sectores, en las estaciones terrenas, dando soporte a la CONAE, y nosotros desde el sitio de lanzamiento. En ese momento había mucha incertidumbre, no sabíamos si la gente que iba a estar trabajando en Córdoba, Bariloche y Buenos Aires iba a poder atender el lanzamiento, entonces se abortó y nos volvimos a la Argentina un poco tristes, porque no sabíamos cuándo íbamos a poder volver. El satélite quedó en Estados Unidos de modo seguro, a la espera de un nuevo lanzamiento”, señaló.
Un objetivo claro
“A pesar de la pandemia surgió una nueva posibilidad de venir y gracias al apoyo de mis hijos y de Mariana, decidí hacerlo. Lo mismo ocurrió con mis compañeros, que tuvieron el apoyo de sus familiares. Llegamos a Estados Unidos en julio con el plan para el lanzamiento, y surgieron nuevos inconvenientes que no dependían de nosotros, porque había que esperar que pusieran en órbita otro satélite, así que eso nos fue retrasando. Por suerte los problemas no eran técnicos”, afirmó.
“Fue un poco angustiante porque nos dieron fecha para lanzarlo recién en un mes, pero ya estábamos ahí, había que cerrar el ciclo y, con el acuerdo de nuestras familias, nos quedamos. El objetivo era claro y uno solo: lanzar el satélite”, remarcó Lucas, quien agregó que después de varias fechas probables que se fueron retrasando, finalmente les dijeron que el lanzamiento iba a ser el domingo 30 de agosto.
“Ese día hubo una tormenta eléctrica muy fuerte, lo que era muy peligroso para el satélite, que ya estaba instalado en el cohete. Unas horas antes el clima no lo permitía, pero llegados los últimos minutos nos autorizaron a lanzarlo. Los últimos momentos fueron de mucha tensión por el clima, pero cuando vimos que encendieron los motores del cohete y salió fue una emoción tremenda”, aseguró el ingeniero oriundo de La Carlota y radicado después en Villa María.
“Fue una emoción increíble, fue muy lindo terminar con eso después de muchos años y mucho trabajo que incluyeron sábados y domingos, y varias veces quedarse horas de más para poder terminar con ensayos. Fue un trabajo de muchas personas tanto de manera directa como indirecta, y en el medio recibimos el apoyo y la buena onda de la gente de Bariloche que sabía lo que estábamos haciendo, además de la familia, que es muy importante porque nos ha aguantado muchísimo, sin ellos esto no se hubiera dado. En plena pandemia, en mi caso, hace dos meses que estoy en Estados Unidos y Mariana sola con los chicos en Bariloche, donde no tenemos familiares”, sostuvo Lucas.
“Ver el Saocom en el aire fue hermoso, se cruzaron muchas cosas por la cabeza, la primera fue la familia, porque fue mucho esfuerzo”, remarcó.
Dos emociones distintas
“Empecé la carrera de Ingeniería Electrónica en la UTN de Villa María, terminé de cursarla en 2009. Cuando estudiaba nunca me imaginé estar trabajando en una empresa con este tipo de tecnología, sí me intrigaban lugares como la NASA y pensaba lo que debía ser trabajar allí, ver toda esa tecnología tan avanzada, muy específica, cosas que no son comunes en la vida cotidiana. Después nos fuimos a Bariloche y se me dio la posibilidad de trabajar en el INVAP, donde en ese momento estaban armando los satélites Arsat, y ya se veía la estructura del Saocom 1A, entonces a quien me hacía la entrevista laboral le dije: ‘Quiero estar acá, aunque sea pasando el trapo de piso’. Me preguntó qué sabía hacer, le respondí que era ingeniero electrónico y que podía hacer lo que me pidiera”, confiesa entre risas.
“Por suerte entré en el laboratorio donde se prueban las cajas electrónicas que llevan los satélites, una vez que se probaba su funcionalidad, se montaban en el satélite y se iban integrando hasta que se terminaba de armar. Así empecé, luego participé de los ensayos funcionales del Saocom 1A ya armado, mientras se fabricaba el Saocom 1B, del que pasé a hacerme cargo de la integración y ensayo. Eso lo hago en conjunto con otras dos o tres personas, tengo el orgullo de poder decir que somos tres o cuatro los que encendemos el satélite y lo manejamos”, afirmó.
Al referirse a la labor que llevó a cabo en uno y otro satélite, dijo que en el primero estaba encargado de operar el satélite, integrarlo, hacer la parte eléctrica para ponerlo en marcha, realizar todos los ensayos funcionales y programarlo.
“Para el segundo tuve el mismo rol, pero teniendo la experiencia del Saocom 1A. En el equipo no hay jefes, cada uno tiene un rol diferente y una tarea muy clara para ejecutar, aunque el objetivo era uno solo. Fue sencillo trabajar de esa manera. Fue un grupo muy reducido y nos ayudamos entre todos en lo que era necesario”, aseguró.
A la vez, Gutiérrez contó que participó de los lanzamientos del Saocom 1A y del Saocom 1B.
“Los dos lanzamientos fueron emocionantes, pero con emociones distintas. En el primero parecía increíble ver en el aire un satélite en el que hasta días antes había estado trabajando para que funcionara. En el segundo la emoción pasó por lo que se estaba viviendo, con las postergaciones, la pandemia, no saber si podíamos ir y venir de Argentina”, indicó.
“Cuando se lanza empezás a recordar ese gran trabajo que te permite estar acá (por Cabo Cañaveral), te acordás de los momentos en los que por trabajo tenés que dejar la familia y los amigos”, admitió.
“Ver el lanzamiento y verlo volar fue hermoso y en lo primero que pensé fue en mi familia”, confesó.
Nada que envidiarle a la NASA
“Nunca pensé en estar trabajando en un lugar muy parecido a la NASA, porque con las instalaciones y tecnología que tenemos en el INVAP no hay nada que envidiarle. Nunca me imaginé estar en un logro tan importante para el país, ni tomé noción de la trascendencia que tiene, tampoco me imaginé estar operando un satélite y participar de un lanzamiento, pero creo que lo que uno se propone y si trabaja para eso, termina dándose”, consideró el ingeniero.
“Nunca soñé que podía vivir esto, pero por suerte se dio esta hermosa experiencia”, añadió.
“Estudié Electrónica y puedo hacer un montón de cosas, dedicarme al área espacial o nuclear, pero en el INVAP hay un montón de profesionales de todo tipo. Si bien es una empresa que hace tecnología aplicada, algo no muy común, es muy grande y hay profesionales de todo tipo, contadores, abogados, técnicos en Alimentos, mecánicos, la especialidad que se busque”, precisó.
“Con el Saocom nuestra parte ya está cumplida, ahora estoy trabajando en dos nuevos proyectos satelitales, como el Saviamar, que está en proceso de fabricación”, subrayó.
Antes de finalizar, Lucas volvió a hacer hincapié en su familia, que acompañó todo ese esfuerzo, a la vez que habló de lo que significa la ciudad para él, a pesar de no haber nacido aquí.
“En Villa María conocí a mi señora, que me dio tres hijos, así que ese lugar es importante para mí. Además, Villa María me dio la posibilidad de estudiar lo que me gusta en una de sus universidades, lo que me posibilitó estar hoy donde estoy. Por eso también tengo un gran agradecimiento con la UTN”, concluyó.
El Saocom 1B presenta un completo repertorio de capacidades, entre las que se cuentan evaluar la humedad de los suelos y dar soporte a emergencias dentro de lotes de 150 metros cuadrados, brindar datos sobre el mejor momento para sembrar o fertilizar, generar información sobre crecidas de cursos de agua, desplazamientos de suelo, actividad de volcanes o el estado de bosques, glaciares y humedales.
“Quiero estar acá, aunque sea pasando el trapo de piso”.
“Ver el Saocom en el aire fue hermoso, se me cruzaron muchas cosas por la cabeza, la primera fue mi familia, porque fue mucho el esfuerzo”.
