Día de las Maestras y los Maestros
Media vida disfrutando “el contacto humano con los niños” en la ruralidad
Mariela Armano lleva 25 años de docencia en la Escuela Islas Malvinas, en cercanías a Las Mojarras. La villamariense narró cómo es el trabajo en esos contextos y cuánto ha cambiado la modalidad con el paso del tiempo“Tengo más de media vida de docencia, y siempre en la ruralidad. Orgullosa”. Mariela Armano es maestra rural y directora en la Escuela Islas Malvinas, en cercanías de Las Mojarras, y contó con mucho entusiasmo cómo son sus días en la institución donde se desempeña desde hace 25 años.
Siempre supo que quería ejercer en escuelas rurales. “Será por el hecho de que mis padres vivieron mucho tiempo en el campo o por escuchar sus experiencias, sobre todo a mi mamá cuando contaba de sus viajes en sulky a su querida escuela. Ella iba a La Herradura y contaba siempre su experiencia con su hermana, eso me quedó, seguramente influyeron en mí sus anécdotas”, expresó la villamariense de 49 años sobre qué factores marcaron su elección.
La escuela rural tiene hoy 17 alumnos en plurigrado, y ella está actualmente en el nivel inicial con los más pequeños. “Desde que me recibí mi experiencia es en escuela rural, mis prácticas, todo, siempre con muy lindas experiencias y con gratos recuerdos”, se emocionó al contar.
¿Qué le gusta de la ruralidad?: “El contacto humano con los niños. Ellos son el motorcito que te impulsa a seguir haciendo todo esto. Ahora es la pandemia, después son los sueldos, siempre hay algo, pero ellos traspasan todo eso y son los que te impulsan a seguir aprendiendo, a seguir realizando capacitaciones para que ellos tengan lo mejor, para que estén en igualdad de condiciones con los niños de las ciudades”, fue su respuesta, cargada de una notoria emoción, esa que destellan aquellos que hablan de las cosas que realmente los apasionan.
Mariela reconoce que en las escuelas rurales “hay siempre un abanico de diferentes historias” que, en realidad, quizás no son muy distintas a las que se dan en la ciudad. Pero la mayor disparidad radica en que “en la ruralidad todo es más personalizado, por eso las historias diversas de los niños y las familias se sienten mucho más cerca”.
En ese sentido, puntualizó que la verdadera desigualdad entre las escuelas rurales y las instituciones en las ciudades “está en la geografía, y se siente” y también hizo un profundo análisis sobre cómo los cambios en el contexto van influyendo en la matrícula escolar.
“La mayoría de los alumnos son hijos de trabajadores de campos. Hay pocos chicos actualmente porque casi no hay tambos en Las Mojarras, se han ido cerrando y prácticamente creo que queda uno o dos. Antes había más tambos y había más matrícula”, comenzó a graficar.
En concreto, planteó que en estos 25 años en la escuelita ha ido observando cómo el avance de la soja, por ejemplo, y de la agricultura en general ha hecho que la matrícula baje. “Eso se ha visto con el paso del tiempo. Tenía familias que tenían cinco hijos, por ejemplo, y cuando se cerraba el tambo se iba la familia completa”, ilustró y amplió: “Incluso, cuando la familia tenía varios hijos y ya uno o dos entraban en edad de secundario se terminaba moviendo la familia completa, más allá de que los más chiquitos podrían haber seguido en la escuela rural”.
De todas maneras, Mariela resaltó que en otros aspectos las disimilitudes ya no son tantas entre las escuelas de la ciudad con las rurales: “Nosotros en la escuela contamos con un aula digital móvil, con herramientas tecnológicas, tenemos Internet, hay conectividad, todo eso ha ido mejorando y cambiando con el paso de los años”, resaltó la docente, quien puntualizó que en muchos casos las escuelas rurales “no se han quedado atrás, a través de gestiones o programas de gobierno están bien equipadas”.
Más allá de esto, hay cosas que no van a cambiar porque las características propias de una escuela rural así lo determinan. “Hay diferencias que van a requerir dar un poco más como docente. El hecho de tener que viajar o, por ejemplo, en alguna oportunidad llevar algún material, todo eso es de nuestras casas porque allá no hay; como el simple hecho de pedirle un mapa a los chicos, eso se los tengo que llevar yo porque no pueden salir a comprarlo, no hay dónde hacerlo”, sentenció.
“Geográficamente la diferencia está. Se va a notar en algunos aspectos ese esfuerzo extra que hay que hacer, o esa actividad de más que uno tiene que hacer”, cerró quien en la Escuela Islas Malvinas está acompañada por personal de Paicor y profes de Educación Física, Música, Inglés y Arte.
En pandemia
“Las familias se han puesto la escuela al hombro”, destacó Mariela, quien repitió varias veces que “hay que agradecerles a las familias porque en este tiempo de pandemia son los pilares fundamentales de la educación”.
La docente expresó que todo lo generado en torno a las medidas sanitarias tomadas en relación al coronavirus ha planteado desafíos. En primer lugar, aclaró que trabajar con las herramientas virtuales en la institución donde se desempeña “por ahí se vuelve complicado” porque “en Las Mojarras el problema es la señal, no tenemos señal”, por lo que han implementado un sistema de cuadernillos que se acercan a un hogar cada 15 días y cada familia los retira.
“Si no, también a través de WhatsApp paso las actividades y ellos las responden de la misma forma, el contacto es permanente con las familias para no perder los alumnos y para que día a día realicen una actividad”, narró.
“Tenemos muy buenas respuestas por parte de las familias. Les agradecemos muchísimo”, reiteró.
