Vocaciones religiosas
Los Trinitarios de fiesta: dos ordenaciones en 15 días
En momentos en que son pocas las vocaciones religiosas, la parroquia de los Trinitarios de Villa María tiene sobrados motivos para festejar, porque hoy tendrá la ceremonia de ordenación como diácono de Vidmar Mijail Maguiña Romero, hombre que se sumó a la orden en Perú, su país natal, y que fue destinado a esta ciudad. El encuentro se da 15 días después de otra ordenación, la de César Mellano, quien comenzó el 15 de agosto su camino como sacerdote.
Vidmar tiene un nombre poco usual y se lo debe a que en la época de su nacimiento la madre leía revistas donde destacaban la vida de Milán Vidmar, ajedrecista esloveno. “Era el apellido, pero a mi madre le gustó como nombre”, comienza diciendo el religioso en una entrevista concedida a El Diario.
La ordenación será particular porque a consecuencia de la pandemia, no podrá asistir su familia. Pero igual siente que está “alegre y emocionado” por este hito en el camino que eligió para su vida.
Relató que cuando tenía 20 años, tomó la decisión de cambiar de rumbo. “Era estudiante de Ingeniería en Minería, estaba en segundo año. Daba catequesis y tenía novia. En sí, llevaba la vida de cualquier joven”, señaló. Pero entendía que su camino no estaba allí.
Las preguntas que le llevaron a tomar la decisión surgieron cuando conoció a un sacerdote peruano, Gregorio Mesalina. “Me preguntaba por qué ese hombre trasmitía tanta alegría, era tan feliz. No tenía familia ni ganaba mucha plata”, dijo. Buscando respuestas a esa pregunta es que ingresó a la orden en el año 2008, después de unos meses de reflexión.
“Es un proceso que tarda unos años en lo que compete a la preparación. Empecé en Lima, donde están los Trinitarios, haciendo lo que se llama el postulantado. De ahí fui a Chile, a San Carlos, donde conocí a César (Mellano) y también seguimos juntos en Buenos Aires, estudiando en la Universidad Católica Teología y Filosofía”.
Tras su formación, llegó el momento de que lo destinaran a un lugar y los superiores decidieron que fuera Villa María.
“Llegué en junio de 2019 y me integré acá con los sacerdotes Horacio, Guillermo y Jorge, colaborando en lo que se pueda. Comencé a ayudar en los servicios de la Fundación, con los niños del barrio La Calera, acompañándolos en el proceso de enseñanza y este año, por la pandemia, armamos todo lo que es la transmisión de las misas por Internet. Fue un trabajo en equipo, pero es cierto, tengo algún dominio de computadoras, soy bueno para desarmar y armar cosas. Fui, como me decían en mi país, muy ‘manitas’ para eso. Cuando llegó el tiempo de la cuarentena tuvimos, como en la mayoría de las parroquias, que buscar la forma de seguir en contacto y gracias a Dios pudimos transmitir por Internet tratando de aminorar los gastos”, relató.
-¿Es difícil sostener el concepto de comunidad de manera virtual?
-Es un reto, porque para ser comunidad hace falta el contacto físico, el mirar a los ojos. Pero la tecnología es una ayuda, una forma de estar cerca de la gente. Lo bonito de esto es que algunas personas de la parroquia hemos podido compartir, de manera virtual, la situación, la desesperación y angustia que generó este encierro en la primera etapa. Gracias al Señor pudimos estar juntos de este modo.
-¿Cómo te trató Argentina en general y Villa María en particular?
-Desde afuera, tenemos una imagen de Argentina como un país diferente, por la gran cantidad de familias europeas que la habitaron. Pero en realidad, veo una riqueza, porque ese proceso que han tenido de recibir gente de varios lugares, hizo que también me recibieran bien. Me he sentido en casa. Y Villa María tiene un plus, es muy acogedora. Cuando te invitan y participas con grupos y familias, te hacen sentir parte de ellos, algo que en Buenos Aires no se percibe por el corre-corre de esa ciudad.
-¿Y ahora, a punto de recibir el sacramento del orden, encontraste la razón de la alegría de aquel sacerdote que te inspiró a ser cura?
-No sé, pero disfruto cada vez que la gente me dice ‘hermano, gracias por sus palabras’. Trato de disfrutar de lo cotidiano. Eso te llena la vida, el sentirte que tienes hermanos que te acompañan, con sus diferencias, porque juntos podemos hacer la comunidad. El encuentro con los jóvenes, cuando te confían sus cosas y tratas de acompañar el proceso del otro, o cuando compartes la eucaristía. No sé bien, pero sí que en esas cosas siento la raíz de esa alegría.
“Transitorio”
El sacramento del orden tiene tres niveles: el diaconado, el presbiterado o sacerdocio y el de obispo. “Con este sacramento que me van a hacer el domingo -por hoy- paso a ser parte del servicio de la Iglesia”, explicó Vidmar. “Hay dos tipos de diaconados, uno permanente, que es al que acceden hombres que han formado familia y si mal no tengo presente, en la Diócesis hay tres. En mi caso, como aspiro al sacerdocio, es transitorio”, indicó. En un plazo aproximado de un año y cuando lo dispongan los superiores, podrá ordenarse como sacerdote.
La celebración
La ordenación diaconal de Vidmar Maguiña se llevará a cabo hoy a las 12, en la Parroquia Santísima Trinidad. Conferirá la orden por la imposición de manos el obispo Samuel Jofré y la ceremonia será transmitida por las redes de Vocación roja y azul, los colores que identifican a los Trinitarios.
