Entrevista - César Mellano, flamante sacerdote trinitario

Un ingeniero que decidió ser cura

El 15 de agosto, César Mellano fue ordenado sacerdote trinitario. A una semana de ese momento histórico en su vida, dialogó con El Diario sobre su particular historia
domingo, 23 de agosto de 2020 · 08:00

Antes de la pandemia, César Mellano estaba en Bolivia, donde fue destinado por la Comunidad Trinitaria para iniciar su actividad pastoral primero como diácono y luego como sacerdote.

Decidió viajar a Villa María para que su ordenación fuera en la ciudad donde creció (es oriundo de La Laguna), con sus amigos y su familia; pero estando aquí, se dispuso la cuarentena y debió quedarse.

La ordenación iba a ser en marzo, pero la pospusieron porque en ese entonces no estaba permitido el ingreso a los templos. Cuando se abrieron las puertas de las iglesias para los fieles, siempre siguiendo estrictas normas de bioseguridad, dispusieron que ese momento esencial en la vida de Mellano y de la Comunidad Trinitaria se realizara el 15 de agosto.

“Fue con muy pocos invitados, para garantizar el distanciamiento social, pero pudimos trasmitirlo por las redes de los Jóvenes Trinitarios, lo que permitió que lo siguieran en más de 700 sitios”, dijo Mellano en diálogo con El Diario.

-¿Cómo fue el camino que lo llevó a tomar la decisión de ser sacerdote?

-Mi camino fue particular en el sentido de que mi vocación es la que denominan tardía. Entré con 35 años, ya con una profesión y un trabajo.

Recordó que vino a Villa María de muy chico, desde La Laguna y con su familia. Hizo el primario, secundario y terciario en los Trinitarios y su título de grado lo obtuvo articulando en la UNVM. Ya de adulto, como Ingeniero en Tecnología de Alimentos, el colegio trinitario fue también su espacio de trabajo, además de la labor en asesoramiento a empresas lácteas. “Hasta que un día colgué los guantes, entré a la orden y estudié en la Universidad Católica Argentina Teología y Filosofía. Hice mi profesión solemne en Buenos Aires y mi diaconado en Bolivia, donde estoy designado y hace una semana me ordené como sacerdote en Villa María”, repasó, haciendo una cronología de los hitos que marcaron su vida religiosa.

Ese cambio de rumbo, pasando de ingeniero a cura, fue madurado durante años. Pero si hay que marcar un inicio, puede ser aquel día en que al cruzarse con el padre José Miguel Marengo, se ofreció a colaborar en la Pastoral Penitenciaria. Con él y los otros curas, fue armando grupos de oración dentro de la penitenciaría del barrio Belgrano y en la parroquia.

“La verdad que me gustaba lo que hacía antes, tanto la docencia como el asesoramiento a las empresas. Hoy todavía, en reuniones con amigos, el tema de conversación gira en torno a los quesos, a las fábricas. Lo que pasa es que en un momento de mi vida tuve necesidad de otra cosa. No es que una parte es buena y la otra mala, sino que tuve otra necesidad. Porque al hablar de vocaciones se habla del llamado de Dios, y ese llamado no es que se materializa y viene Dios y te dice lo que tenés que hacer. Es una sensación, a la que uno le puede dar respuesta o no”, dijo.

“El trabajo en la cárcel me hacía mucho bien, lo mismo los grupos de oración. Ahí sentía una plenitud que iba más allá de la alegría o la felicidad tal como la conocemos.

Fueron casi cinco años de reflexión, oración y maduración de la idea. Hasta que tomé la decisión de dedicarme a la vida consagrada y particularmente al sacerdocio.

-¿Cómo tomaron la familia y los amigos la decisión?

-En principio, parte de la familia y especialmente los amigos, lo tomaron como algo raro. Me decían que cómo me iba a meter en eso y que me iba a arruinar la vida. Pero fueron cambiando con el correr de los años, porque me veían tan feliz y pleno, que me entendieron. Y bueno, esos que me decían que me iba a arruinar la vida no podían parar de llorar durante la ordenación.

-¿La elección de la orden Trinitaria fue natural o tenías otras opciones pensadas?

-En este proceso de maduración me acompañó un sacerdote diocesano, también fui a ver otras órdenes; pero terminé optando por los Trinitarios. No en vano antes de decidir por esto empecé con el tema de las cárceles, de la redención de cautivos, que es el carisma trinitario.

Elijo este lugar de acompañamiento a las personas que tienen distintas cautividades, no sólo los privados de libertad, porque también hay cautivos de las adicciones o distintos problemas que esclavizan al ser humano”, concluyó.

Cuando la pandemia pase y haya colectivos de larga distancia, este sacerdote, el primero en ordenarse en la Iglesia de General Paz y Vélez Sarsfield partirá rumbo a Sucre, en el vecino país de Bolivia.

Allí, lo espera una tarea en la que ya estuvo antes de venir a esta ciudad, con múltiples proyectos sociales en las cárceles, con los jóvenes y con la comunidad.

 

El día más esperado

“El momento de la ordenación fue de una alegría difícil de describir. Es algo muy emocionante”, dijo el sacerdote. “También fue particular por la pandemia: estaba la familia, los amigos más cercanos, algunos sacerdotes y el obispo Samuel Jofré”, agregó.

Más de
14%
Satisfacción
76%
Esperanza
0%
Bronca
5%
Tristeza
0%
Incertidumbre
2%
Indiferencia